Llegaron con la velocidad del viento, o del humo y el vapor, y se han convertido en una sensación para muchos consumidores. Son los llamados cigarrillos electrónicos, dispositivos cargados de nicotina pero no de tabaco, y con forma de cigarrillo tradicional, pero que al consumirse no generan humo y por tanto no provocan en el usuario la exposición a las perjudiciales sustancias químicas contenidas en éste.
Desde su introducción estos dispositivos han resultado controversiales. Algunos afirman que son una alternativa al cigarrillo de tabaco que permitirá a muchas personas dejar ese vicio, y los implícitos peligros a la salud, más fácilmente. Otros dicen que si bien esos cigarrillos electrónicos no producen humo sí tienen nicotina, y por ello pueden convertirse en una adicción en sí mismos. Las baterías de estos objetos permiten a su usuario inhalar vapores cargados con nicotina, pero sin el monóxido de carbono y otras sustancias tóxicas del humo de los cigarros de tabaco.
Sus características peculiares, su aura de gadget moderno y hasta sus sabores los hacen, además, atractivos para los jóvenes y muchos critican que son una riesgosa tentación para los menores de edad, que de ellos pueden luego saltar al uso del tabaco. Algunas ciudades del país han decidido tratarlos como a los cigarrillos convencionales y someterlos a las restricciones a la práctica de fumar vigentes –bastante severas por lo general- pero otros dicen que eso es injustificado pues los ‘e-cigars’ no son más que un dispositivo para ingestión de nicotina no muy diferentes a, por ejemplo, parches y gomas de mascar que se venden y se usan sin tantas trabas en Estados Unidos.
Sin embargo, los e-cigars llevan todavía poco tiempo en el mercado y no se cuenta con suficiente información y estudios a fondo para sacar conclusiones definitivas.
Con todo hay avances. De acuerdo a la agencia Reuters, un reciente estudio sobre el uso de cigarrillos electrónicos que siguió los hábitos de 88 fumadores indicó que, después de un año, no se encontró entre los participantes que el consumo de e-cigars los hiciera más susceptibles a dejar de fumar que los que no usaron esos cigarrillos. Tampoco se identificó que el uso de e-cigars haya modificado de modo diferente la cantidad de cigarrillos de tabaco consumidos por los participantes. El estudio fue realizado por el Centro de Control, Investigación y Educación del Tabaco de la Universidad de California en San Francisco y desmentiría a los que quieren asociar los cigarrillos electrónicos con las técnicas para dejar de fumar tabaco.
Críticos del estudio, indicó Reuters, señalan en cambio que es demasiado limitado en la cantidad de participantes y en su enfoque, por lo que de él no pueden sacarse conclusiones rigurosas que puedan ser generalizadas. Además, se ha afirmado que los que consumen los cigarrillos de tabaco y los que recurren a los cigarrillos electrónicos no son las mismas poblaciones, pues aunque hay cierta superposición entre ambos grupos también hay diferencias que no los hacen comparables directamente.
Sea como sea, detrás de estos nuevos dispositivos hay desde luego un intenso interés económico y muchos buscan maneras de legitimarlos o de separarlos del cigarrillo de tabaco, que ha sido desde hace años estigmatizado y aislado de modo considerable por sus vínculos indudables con graves enfermedades y trastornos. Y desde luego hay quien solamente desea degustar el vapor y pasarla agradablemente.
