Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – La ENEE vuelve a quedar en el centro de una tormenta nacional: una mora superior a 20,160 millones de lempiras desnuda el tamaño de una crisis eléctrica que ya no puede maquillarse con discursos, parches administrativos ni medidas de presión contra una ciudadanía golpeada por el costo de vida.
El dato golpea con fuerza porque llega justo cuando se reactiva el plazo de 15 días para pagar la factura eléctrica, una decisión que puede encender más inconformidad social, ampliar la morosidad y profundizar la sensación de que el sistema busca oxígeno financiero apretando al usuario común, mientras grandes deudas siguen pesando sobre la estatal.
La realidad es dura: la ENEE está atrapada entre una deuda casi irrecuperable, hurto de energía, falta de control, mora residencial, atrasos del Estado y presión ciudadana. El problema ya no es solo técnico ni contable. Es una crisis de país.
En febrero, la mora había bajado a 18,306 millones de lempiras, pero en marzo volvió a dispararse, dejando claro que la estatal no enfrenta un simple retraso de pagos, sino un deterioro profundo en su capacidad de recuperar dinero.
El dato más explosivo está en la antigüedad de la deuda: el 88.67% de la mora, equivalente a 17,876 millones de lempiras, corresponde a saldos de cuatro meses o más. En palabras simples: dinero que la ENEE difícilmente podrá recuperar completo.
Esa cifra no solo revela una debilidad financiera. Revela una derrota administrativa, una falla de control y una peligrosa acumulación de impagos que amenaza la sostenibilidad del sistema eléctrico hondureño.
La zona residencial concentra más de 10,428 millones de lempiras en mora. Allí está el rostro más sensible de la crisis: hogares que reciben facturas cada vez más difíciles de pagar, familias que priorizan comida, transporte, salud o educación, y ciudadanos que sienten que la electricidad se convierte cada mes en una carga más pesada.
Pero el golpe político es mayor cuando aparece el propio Estado. El Gobierno y entes autónomos adeudan aproximadamente 4,235 millones de lempiras, una cifra que abre una contradicción incómoda: el aparato público exige disciplina de pago, pero también arrastra una deuda millonaria dentro del mismo sistema que dice querer rescatar.
El sector comercial acumula alrededor de 3,926 millones de lempiras, mientras la industria suma unos 751 millones. La mora atraviesa hogares, instituciones, negocios e industria. Es una cadena completa de incumplimiento que presiona a una empresa pública ya debilitada.
La ENEE señala el hurto de energía como una de las principales causas del desastre. Y el señalamiento es grave: cada conexión ilegal golpea las finanzas, deteriora el servicio y castiga indirectamente a quienes sí pagan. Pero culpar al hurto no basta si no hay control efectivo, persecución real y decisiones técnicas sostenidas.
El nuevo plazo de 15 días puede convertirse en gasolina sobre el fuego. En un país donde miles de personas cobran quincenal o mensualmente, reducir el margen de pago puede empujar a más abonados hacia la mora, aumentar la tensión social y provocar más rechazo ciudadano.
El peligro es evidente: si la ENEE intenta resolver una crisis estructural con presión de calendario, puede terminar multiplicando el problema. Cobrar más rápido no significa cobrar mejor cuando el usuario no tiene capacidad real de pago.
La estatal necesita dinero, pero también necesita credibilidad. Necesita disciplina, pero también justicia. Necesita combatir el robo de energía, pero sin convertir al abonado cumplido en el blanco más fácil de una crisis construida durante años.
Honduras está frente a una bomba eléctrica, financiera y social. Si la mora sigue creciendo, si el hurto continúa, si el Estado no paga y si los usuarios pierden confianza, la ENEE no solo enfrentará números rojos: enfrentará una ruptura más profunda con la ciudadanía.
La factura eléctrica dejó de ser un recibo doméstico. Hoy es un símbolo de enojo, desorden, deuda, presión económica y cansancio nacional.
Cierre: La crisis de la ENEE exige decisiones firmes, pero también responsables. Apretar al pueblo sin ordenar la estatal puede convertir una mora millonaria en una crisis social de mayor escala. —Redacción Bruce Villatoro CEO QuienOpina.Com


