Las protestas en Hong Kong estaban convocadas para el 1 de octubre, el 65 aniversario de la proclamación de la República Popular de China y la fiesta nacional china. Pero unos estudiantes se adelantaron. Llevaban una semana en una pequeña protesta pacífica en el parque Tamar, al lado de la sede del gobierno de Hong Kong.
El viernes la policía les prohibió seguir en el parque. Se colaron en la Civic Square, ya ante las oficinas del gobierno. La policía complicó el acceso al lugar para evitar que creciera. Pero la pequeña sentada empezó a ganar simpatías. Se les unió también el grupo que había convocado la manifestación del 1 de octubre: «Occupy Central with Peace and Love» [Central es uno de los principales barrios financieros de Hong Kong], cerca del gobierno.
El domingo la policía o el gobierno se asustaron y lanzaron gas pimienta y luego gas lacrimógeno. El nombre de “revolución de los paraguas” es por su uso para defenderse del gas pimienta. Aunque no siempre sirven:
1. Por qué ahora. Hasta 1997 Hong Kong fue una colonia británica. El gobierno de Londres nombraba al gobernador y los ciudadanos no tenían la última palabra, pero en algunos ámbitos tenían derechos desconocidos en la China continental.
China firmó y prometió a Hong Kong que bajo el lema “un país, dos sistemas” podría seguir desarrollando sus libertades. Una promesa china era la opción para Hong Kong de escoger libremente a su jefe ejecutivo (así llaman a su jefe de gobierno) en 2017. Este mes de agosto China definió cómo sería esa elección: sería libre, pero los candidatos serían filtrados por una asamblea a las órdenes de Beijing. O sea, no sería libre.
El ambiente se ha ido caldeando durante septiembre. He pedido a Emu, un humorista gráfico en un periódico local y amigo, si esperaba esta reacción. Me ha contestado por email:
Como hongkonés, sé que la mayoría de gente en Hong Kong vive sus vidas de manera práctica y conservadora. Su preocupación es más la estabilidad social que los cambios sociales. La razón por la que somos así es la larga tradición de dominio británico. ¿Qué más puedes hacer si eres ciudadano de una colonia? Nunca tenías derecho a opinar sobre aspectos políticos. Sea como sea, desde 1997, las cosas cambiaron gradualmente. Cuando Hong Kong fue devuelto a China nos prometieron “un país, dos sistemas” y una gran autonomía con autogobierno. Nuestra Ley Básica [una mini constitución] indicaba con claridad que un día podríamos escoger a nuestro jefe ejecutivo. Tras 17 años, paso a paso, la gente ha procurado con mucha esfuerzo que China mantuviera esa promesa. Teníamos una expectativa real, así que cuando no cumplieron, imagina la frustración. Tenemos que luchar. Pero la gente de Hong Kong no está acostumbrada a luchar por sus derechos. Así que la gran manifestación me ha sorprendido.
Quizá los más jóvenes en Hong Kong no siguen el mismo patrón que la generación anterior. El detalle de la promesa parece significativo:
2. Por qué la policía reaccionó así. En 2003 hubo una gran manifestación pacífica en Hong Kong en contra de una nueva ley de seguridad promulgada por China. La protesta triunfó y la medida se archivó y guardó en un cajón.
Esta vez la respuesta inicial de la policía no ha sido igual de relajada. La violencia ha sido la sorpresa que ha disparado las protestas y ha hecho que una mayoría vea con mejores ojos las peticiones ciudadanas. La reacción policial puede haber sido fruto de la tensión, la casualidad o un jefe atrevido. Pero es más probable que sea por la presión política. La presión política a ese nivel en Hong Kong llega desde Beijing.
3. Qué más quieren. Unas elecciones libres es la petición básica. Pero es solo la cúspide de otras quejas. Uno de los líderes estudiantiles, Joshua Wong, de 17 años, se hizo famoso con 15 al montar una campaña en contra de una asignatura escolar que Beijing quería imponer. Era sobre la formación del espíritu nacional, es decir, propaganda. Como en 2003, el gobierno se olvidó de la asignatura.
Hong Kong es tremendamente distinto de China. Desde el 2000, he viajado varias veces en tren desde Cantón a Hong Kong. La frontera que se cruza no parece separar dos ciudades del mismo país, sino una ciudad china de una ciudad occidental. Cantón -y China- es ruidoso, caótico, desbocado; Hong Kong es educado, tranquilo, limpio. En China hablan mandarín, en Hong Kong hablan cantonés.
La llegada creciente de ricos ciudadanos chinos crea conflictos en Hong Kong, que creen que los mejores contratos públicos se van fuera de la región o a amigos de los poderosos. También hay motivos culturales menores: “En las redes sociales de Hong Kong aparecen a menudo padres chinos que permiten a sus niños orinar o incluso defecar en público”. Las ganas de autodeterminación van más allá de un objetivo político.
4. Tiananmen, Tiananmen, Tiananmen. Siempre que en China hay una protesta pacífica juvenil el eco de Tiananmen es lógico. Sobre todo, por el temor a la represión y sus cientos, quizá miles, de muertos. El domingo ya corrió el rumor de que el Ejército Popular chino estaba camino de Hong Kong para sustituir a la policía y acabar con las marchas.
Los gobernantes prochinos de la región usan el fantasma. Aquí la diputada hongkonesa Regina Ip:
Los manifestantes que piden diálogo con el jefe ejecutivo y que rodean su sede recuerdan a Tiananmen. Si la policía se ve obligada a dispersarlos por la fuerza, puede volverse duro y siniestro.
Ip es un recurso fácil. Una vez dijo que Hitler había sido escogido democráticamente, con lo que las elecciones no siempre eran buenas. Pero sirve para valorar qué pueden pensar en Beijing. La segunda teoría de Ip es la eterna “mano negra” detrás de las manifestaciones: “Los organizadores probablemente saben que es difícil movilizar a 10 mil personas para ocupar Chater Road. Por eso el gobierno sospecha que movilizan a estudiantes jóvenes e inocentes”.
Como en Tiananmen, la insistencia es que hay alguien detrás de todo este intento de desestabilizacióny es probable que sea extranjero. Los medios chinos van llenos de acusaciones. En otros casos es propaganda, como en estos dos: los manifestantes apoyan el día nacional chino.
Pero en el fondo la pregunta está clara: ¿se atreverán a entrar con tanques en uno de los principales centros financieros del mundo? Nadie lo sabe. ¿Es posible? Claro que sí.
Hay un proyecto llamado Early Warning que se dedica a adivinar dónde habrá represiones masivas en el mundo. Uno de sus expertos ha valorado Hong Kong: cree que habrá muchos muertos, pero serán menos de mil (lo que no la hace masiva). Sería una locura, pero es una opción real.
5. En el fondo, todo esto es sobre China. El problema real de las protestas de Hong Kong es que podrían ser un prólogo de peticiones parecidas en ciudades chinas. Una vez las clases medias tienen todos los beneficios económicos que una autocracia puede ofrecerles, pasan a otro tipo de necesidades. Hay bastantes lugares en China que pronto pueden cumplir esa condición.
Los jóvenes ya no recuerdan la dureza de la vida de sus abuelos. Como en Hong Kong, están a otras cosas. En la cerrada internet china, la información de Hong Kong está censurada. Tras el veto hace años de Facebook y Twitter en China, Hong Kong se ha llevado por delante Instagram. Es inimaginable que un país cierre porque sí un servicio así. Pero en China ocurre. En Weibo -el Twitter nacional chino- están censuradas todas las palabras relacionadas con las protestas de Hong Kong.
Beijing lidia con los tibetanos en Tíbet y los musulmanes en Xinjiang. El desafío de Hong Kong es de otro nivel. Es un mal ejemplo para una hipotética futura reunificación con Taiwan, que ha vivido un lento proceso de democratización en las últimas décadas.
6. ¿Y ahora qué? El miércoles 1 de octubre es la fiesta nacional china. En China hay una semana de vacaciones. Miles de turistas chinos viajan a Hong Kong para relajarse. Pueden encontrarse por sorpresa con las calles tomadas. Sería un mal ejemplo.
Si el gobierno no hace nada, puede esperar a ver si las manifestaciones se disipan, lo que parece hoy irreal. Una dificultad para la policía es que el fenómeno “occupy” hace que las manifestaciones surjan esporádicamente en distintos lugares de la ciudad, tanto en Kowloon como en la isla de Hong Kong.Aquí hay un mapa interactivo de toda la ciudad con los focos a través de Instagram.
Más allá, nadie puede adivinar el futuro. Los ciudadanos quieren elecciones libres y más autodeterminación. China no quiere elecciones libres. Quizá habría una tercera vía que alguien en Beijing debe imaginar y ofrecer. Si China escoge solo entre protestas o represión demostrará al mundo que es menos de fiar de lo que parece. Así ve este callejón Emu desde Hong Kong:
Uno puede imaginar el riesgo que toma la gente de Hong Kong si no aceptan un compromiso. El gobierno central está a menos de 20 kilómetros, en el otro lado de la frontera [Hong Kong es muy pequeño]. De hecho hay algo del Ejército Popular de Liberación ya estacionado dentro de Hong Kong. Hay una teoría de la conspiración que circula que dice que China está conscientemente dejando que Hong Kong sea un caos. Sería una trampa preparada por los comunistas para directamente gobernar Hong Kong y someterlo para siempre a su control, para que las demandas democráticas nunca puedan diseminarse hacia otras ciudades en China. Probablemente por ese motivo la protesta más pacífica del mundo esté en Hong Kong. Aunque tememos la conspiración, creemos de verdad que nuestras acciones deben ser pacíficas. Unas protestas así quizá no hagan que el gobierno central cambie de opinión. Las protestas son en el fondo como una reacción filosófica a una pelea inútil. Pero no nos importa. Solo lo hacemos.
Es probable que la filosofía sea el único modo de explicar algo con una salida tan difícil y peligrosa. Pero así también se han logrado algunos desafíos imposibles. La transformación política de China -o su parálisis- puede ser una de las historias del siglo XXI. El pueblo de Hong Kong mira a Beijing y espera una respuesta. Nadie sabe el precio de esa respuesta. Quizá en Beijing tampoco.
