Estados Unidos, se ha señalado, es una anomalía entre las democracias occidentales, e incluso entre las naciones que se organizan de modo democrático y con un régimen de libertades en el mundo: la pena de muerte es legal y aplicada para ciertos crímenes mayores.
La Unión Europea, América Latina, Canadá, Australia e incluso naciones como Rusia la han abolido o han dejado de practicarla. Pero en Estados Unidos, y en específico en 32 estados, sigue vigente en términos jurídicos.
Pero eso no significa necesariamente que la mayoría de los estadounidenses la consideren la única forma de castigo apropiada para los crímenes más graves en la que es aplicable. Según una reciente encuesta realizada en conjunto por la televisora ABC y el periódico ‘The Washingon Post’, la mayoría de los estadounidenses prefieren otro tipo de castigo para los asesinos sentenciados: 52% prefiere la cadena perpetua sin libertad condicional y solo el 42% se inclina por la pena de muerte, la cifra más baja en 15 años. Con todo, cuando no se ofrece una pena alternativa el apoyo a la pena de muerte es del 61%.
La encuesta fue realizada telefónicamente a 1,002 personas seleccionadas de modo aleatorio a escala nacional, y se realizó tanto en inglés como en español. Su margen de error es de 3.5 puntos.
¿Esto significa que los estadounidenses han comenzado a rechazar la vigencia de la pena de muerte en el país? No necesariamente, pues el aval al castigo capital permanece en porcentajes muy elevados en el país: 61% a escala nacional. E incluso, como la misma encuesta señala, en casos como la escasez de venenos o una posible prohibición de sustancias para la aplicación de la inyección letal, el 80% de los encuestados indica que no por ello debe dejar de ejecutarse al reo y 8 de cada 10 se inclinan por otros métodos como la silla eléctrica o la cámara de gas. Sólo un 16% de los encuestados cree que la falta de disponibilidad de inyecciones letales es causa válida para conmutar la condena a muerte.
Muchos en Estados Unidos aprueban seguir matando a los asesinos sentenciados con la pena mayor.
Pero las opiniones no son homogéneas en todo el país, y hay áreas donde la pena de muerte tiene más o menos apoyos. Y desde luego, 18 estados y el Distrito Columbia han abolido ya el castigo capital. En los estados con pena de muerte el apoyo a esa sentencia, según el estudio de ABC/Washington Post, es mayoritario: 64%. Y la opción de cadena perpetua sin libertad condicional como alternativa tiene menos apoyo en esos estados que a escala nacional.
La preferencia también varía dependiendo el grupo al que pertenecen o con el que simpatizan los encuestados. Más hombres que mujeres apoyan la pena de muerte y más mujeres que hombres aceptan la alternativa de cadena perpetua sin libertad condicional. Los encuestados de raza blanca favorecen más la pena de muerte que los de otros grupos étnicos (circunstancia importante si se considera que en muchas ocasiones las minorías están más desamparadas jurídicamente y sufren con más rigor el peso de la ley) y si los blancos son de religión evangélica y de filiación política republicana el apoyo sube hasta el 80%, en comparación con el 47% entre los demócratas. Los blancos republicanos protestantes son también los que menos apoyan una sentencia alternativa a la pena capital (65% se oponen a una alternativa). Los afroamericanos son los que menos avalan la pena de muerte.
La encuesta además señala que muchas veces la opinión sobre ejecutar o conmutar la sentencia a un condenado a muerte tiene que ver con la naturaleza de su crimen y de sus víctimas, y presumiblemente, con el contexto del sentenciado.
Sea como sea, a juzgar por los datos de esa encuesta y más allá de las controversias, la pena de muerte, a fin de cuentas, tiene todavía mucha vida por delante en Estados Unidos.
