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La confusa vida en un país dentro de otro país

Un campesino bangladesí debe cruzar a la India para trabajar su tierra, en Dahlala Khagrabari. Pero si quiere viajar a Bangladesh, tiene que atravesar otro fragmento de tierra india.

Sus cultivos, en este trabalenguas geográfico, están localizados entonces en un país, dentro de otro país, dentro de otro país. A este enredo los expertos le llaman enclaves y no constituyen una rareza en el mapamundi.

Alrededor de 256 enclaves han sobrevivido a los continuos movimientos fronterizos que han agitado todos los continentes. Aunque sus orígenes difieren, la mayoría heredó caprichosas divisiones territoriales de la Edad Media, cuando las pugnas entre señores feudales y reyezuelos difuminaban los límites. Si bien los estados nacionales modernos corrigieron buena parte de estas irregularidades para fortalecer la seguridad en sus bordes, a veces los políticos tardan en comprender lo evidente.

Apipé, la isla olvidada

Los pobladores de la isla argentina de Apipé no pueden pescar. En 1981 el dictador Leopoldo Galtieri entregó a Paraguay el control sobre las aguas del río Paraná que rodean ese territorio con el fin de acelerar la construcción de la hidroeléctrica Yacyretá. Desde entonces viven en un raro enclave, a apenas 800 metros de la provincia de Corrientes, pero a 1.055 kilómetros de Buenos Aires. Demasiado lejos de la Casa Rosada.

Apipé Grande es un fragmento de tierra argentina de 20 kilómetros de ancho por 40 de largo. La población ronda los 2.000 habitantes, que antes solían subsistir gracias a la pesca. Tras el insólito traspaso, la Guardia Costera paraguaya patrulla la zona y les impide navegar, a la fuerza si es preciso. Solo están autorizados a lanzar una caña desde la orilla, donde el anzuelo agoniza, mientras sus vecinos se pasean a pocos metros de la costa.

Los apipeños no cuentan con servicio de gas, ni alcantarillado, ni quirófano… La conexión con Argentina es irregular y onerosa, el transporte dentro de la isla casi inexistente. A pesar de la cercanía de la hidroeléctrica, la electricidad no llega a todos los hogares. Una promesa de que el servicio sería gratis por 10 años quedó en palabras. Ningún político ha mostrado interés en resolver este absurdo, herencia de un régimen militar que traumatizó a la sociedad argentina.

Donde la India y Bangladesh se mezclan

Los enclaves de Cooch Behar incluyen 162 territorios aislados de sus países, que salpican la zona fronteriza entre el estado indio de Bengala Occidental y la provincia bangladesí de Rangpur. Los más extensos abarcan hasta 1.800 hectáreas (18 kilómetros cuadrados) y el más pequeño no alcanzaría para trazar un campo de fútbol. En este rompecabezas habitan alrededor de 51.000 personas, según un censo binacional de 2011.

El dolor de cabeza de los lugareños trasciende los tecnicismos geográficos. En la práctica viven en tierra de nadie, a la merced de los agentes fronterizos, bajo la eterna amenaza de ser encarcelados cuando atraviesan las imprecisas fronteras. Los burócratas locales convierten el sinsentido en crueldad. Sin un documento de identidad los residentes en un enclave no pueden trasladarse a su país, pero resulta imposible realizar esos trámites pues no existen oficinas administrativas en los aislados vecindarios.

A falta de un papel con el nombre, la fecha de nacimiento y unos pocos datos más, las víctimas de esta añeja aberración –consecuencia de un tratado de paz entre señores feudales firmado en 1713—carecen de acceso a servicios básicos de salud y educación. Y como no cuentan en la balanza de los votantes, los políticos se ahorran un discurso y dos promesas vanas.

Sin embargo, la situación podría cambiar en los próximos meses si el parlamento de la India acepta el Acuerdo sobre Fronteras Terrestres que sus vecinos bangladesíes ya han aprobado. De concretarse el convenio, ambos gobiernos ofrecerían la nacionalidad a los habitantes en los enclaves, lo cual borraría las fronteras dentro de un mismo país.

Baarle, las ventajas de un enclave

Aunque la Unión Europea (UE) abrió sus fronteras a la libre circulación con el Espacio Schengen, aún sobreviven algunos enclaves. El más conocido es Baarle, un asentamiento belga que comparte el nombre con sus vecinos de los Países Bajos. En conjunto Baarle-Hertog, la parte bajo autoridad de Bruselas, incluye 22 parcelas de tierra. Curiosamente, otros siete enclaves mantienen la soberanía holandesa dentro del territorio aislado del vecino país.

El desatino geográfico de Baarle data del siglo XV, cuando el Duque de Brabante y los condes de Breda se disputaban la propiedad de estos parajes. Los límites actuales fueron establecidos en el Tratado de Maastricht en 1843.

Al contrario de sus remotos vecinos indios y bangladesíes, los residentes en Baarle no tienen razones para la queja. Belgas y holandeses aprovechan las caprichosas fronteras para tomar ventajas de los sistemas impositivos. Cuando Ámsterdam sube los impuestos, las puertas principales de las casas se mueven al lado de Bruselas, y viceversa. Los turistas que fluyen a la región pueden cruzar de un país a otro con apenas cruzar una calle, almorzar un menú belga y tomar el postre al estilo holandés, por ejemplo.

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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