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Él es de los que hace sufrir a las mujeres

Cuánto más fácil era encontrar un amor en los tiempos de mi abuela. En esa época, el hombre era el que cortejaba a la mujer y le insistía hasta conseguir la primera cita, y así el primer beso, para luego proponerle matrimonio… 

Pero me tocó una era más complicada, en la que ellos se dieron cuenta de que abundan las princesas solitarias que están en busca del príncipe azul (o verde y hasta rojo). Ya ni siquiera es necesario cortejarnos porque muchas los encaran sin vacilar y sin vergüenza. Hasta me animo a afirmar que ahora la embestida es más femenina que masculina.

A ellos les llueven las propuestas, entonces, son los que deciden si subirle o bajarle el dedo a la próxima cita. Mal que les pese, hoy el mote de histérico le cabe al varón, porque es el que duda, el que no sabe lo que quiere, el que aparece y desparece, el que no se hace cargo.

Es la época del hombre inalcanzable, con su mayor exponente Mr. Big (personaje interpretado por el actor Chris Noth), el inestable amante que hace sufrir a Carrie (Sarah Jessica Parker), la protagonista de Sex and the City. Y si lo pusieron ahí es porque algo de realidad hay…

¿Quién nació primero? ¿La gallina o el huevo?

El hombre histérico está a la orden del día. No llama, se maneja con mensajes de texto, no quiere planes a corto (aún menos a largo) plazo y ciertos ejemplares hasta permiten que paguemos la cuenta del café.

Aunque pensándolo bien, no sé si son exactamente histéricos, porque muchos concretan la relación, al menos hasta la instancia de la cama. Pero luego, en el momento en que las cosas podrían avanzar un poco más es cuando comienzan a esfumarse. Y si por fin nos decidimos a soltarlos, reaparecen con su mejor cara de: ‘Acá no ha pasado nada’.

Nos ponemos tan felices que, incluso, preferimos atragantarnos con nuestras propias angustias e inseguridades, porque no es la ocasión para sacar el tema. ¿Para qué perder el tiempo con peleas ridículas? O peor aún, no somos nadie para hacerles algún planteo. Tengo una amiga que dice que antes le preocupaba que un hombre sólo quisiera acostarse con ella. Pero ahora le preocupa por qué sólo quiere acostarse con ella una vez. A la segunda, desaparece.

El otro día, leí un artículo de Cosmopolitan que hablaba justamente del síndrome Mr. Big, a quien ponían como el prototipo de hombre inalcanzable. Pero en la nota recalcaban que quienes padecen ese síndrome no son justamente ellos, sino las mujeres que les dan cabida, ya sean a uno en especial o a diferentes en los que se repite un mismo patrón.

Somos nosotras las que perdonamos una y otra vez, esperando que por alguna circunstancia el tipo en cuestión termine por darse cuenta de que somos su verdadero amor y caiga rendido a nuestros pies. Lo peor es que eso sólo sucede en las películas, incluso en Sex and the City.

Me gustaría saber por qué dejamos todo con tal de conseguir su atención cuando la relación no es recíproca. Es más, lo hacemos hasta si el candidato no nos convence demasiado. Pero basta que él dude para que nos desesperemos por su llamado…

Una de las respuestas posibles es que nos dicen que el género femenino abunda y el masculino escasea. ‘Son 7 mujeres para cada hombre’. ¿Será cierto o es un argumento que utilizan para que nos desesperemos? Debo reconocer que funciona muy bien, porque la frase típica de cualquier mujer, acá y en la China, es: ‘No hay hombres’.

Pero la pregunta fundamental es: ¿ellos son así y nosotras se los permitimos o ellos son así porque nosotras lo permitimos? La diferencia es muy sutil pero puede ser fundamental. Y si pusiéramos otro tipo de límites… ¿las cosas serían diferentes?

Me encantaría saber la fórmula para que otra vez los hombres tengan que volver a la carga y seducirnos hasta que les digamos: ‘Sí quiero’. Que ellos sean los que tengan que competir por nuestro amor, como en la época de las abuelas. Seguramente tendrá que ver con nuestro comportamiento.

Somos las primeras que debemos respetarnos y fortalecer la autoestima para no permitir que nadie nos obnubile con la corona de la elegida. Porque esa luz se apaga enseguida y luego tenemos que ver la realidad, una realidad en la que la soledad es más amable que esta sensación de ‘hoy estoy contigo, mañana quién sabe’.

Pero hasta que no aprendamos a elegirnos y respetarnos a nosotras mismas y nos enteremos de cuánto valemos nunca lograremos que ellos nos valoren.

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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