Destapa tu nariz para oler leer esta noticia. El mal olor de tu aliento, de tu transpiración y de tus pies (¡ug!) podría tener un costado positivo.
Un estudio de un grupo de psicólogos belgas de la Universidad Católica de Lovaina, publicado en diciembre del año pasado en la revista científicaJournal of Applied Social Psychology, halló que las personas podrían sentirse inclinadas a cooperar y apoyar a alguien que huele mal. Antes de abandonar el cepillo de dientes y el desodorante, ¡sigue leyendo!
Huele a espíritu generoso
Lástima, eso es, según los investigadores, lo que experimentamos ante una persona que huele mal. Este sentimiento nos mueve a ayudarlo, o aliviarle la pena, de alguna forma. Los científicos hicieron tres experimentos para probar su teoría.
En el primero, 36 voluntarios fueron divididos en dos grupos: a los integrantes de uno se les repartían camisetas rociadas con transpiración humana, cerveza y otros olores desagradables. Al resto, prendas con un olor neutral. Los investigadores midieron cómo se sentían los voluntarios con respecto al “dueño” de esa prenda: debían asignarle un puntaje a distintas afirmaciones, como “siento pena por la otra persona” o “me parece que es patética”. En general, los participantes que olieron la camiseta maloliente experimentaron más lástima que el resto.
En el segundo experimento, 62 voluntarios debían completar un laberinto por su cuenta. Luego, se les pedía que se sentaran al lado de alguien que olía mal o de una persona “neutral”, y que completaran otro laberinto. Después, todos se trasladaban a otra habitación, donde se les solicitaba que dividieran con sus colegas de equipo 11 créditos para ganarse entradas al cine. Quienes se habían sentado junto a una persona con mal olor les donaban más créditos.
En el experimento final participaron 42 voluntarios. Apenas llegaban al lugar, se les decía que tenían que esperar a que llegara una segunda persona para comenzar. Al cabo de 10 minutos, aparecía el compañero con una camiseta empapada en una solución de alcohol y cerveza o con una camiseta normal. Daba dos excusas de por qué había llegado tarde: porque había pasado por el bar para beber algo, o porque lo habían invitado a un festejo. Luego, el experimento repetía la dinámica del segundo: ambos colegas se sentaban a completar un laberinto y luego se les pedía que se repartieran los créditos. Notablemente, la generosidad aumentaba hacia los malolientes que no tenían la culpa de su olor, porque habían sido invitados al bar. La pregunta es: ¿por qué?
Una de las teorías de los autores de la investigación, según el sitio de noticias Medical Daily , es que el mal olor corporal se asocia a mayor vulnerabilidad, lo cual despierta nuestro sentido más caritativo. “A pesar de que se cree que los olores desagradables evocan juicios negativos, argumentamos y demostramos que estimulan sentimientos de lástima y aumentan las conductas prosociales”, escribieron los científicos belgas.
Otro estudio publicado en 2012 en la revista científica The Journal of Sexual Medicine podría ofrecer una opinión alternativa. Los autores, del Instituto de Citología y Genética de Novosibirsk, Rusia, sugieren que somos capaces de discernir cómo huele un individuo sano y uno enfermo, y que preferimos los olores “saludables”. Les pidieron a un grupo de mujeres que compararan el olor a transpiración de hombres sanos y de hombres infectados con gonorrea. Consistentemente, las mujeres calificaban el olor de estos últimos como “el peor”, aun cuando desconocían que estaban enfermos. ¿Será que asociamos el mal olor con un problema de salud y por eso sentimos lástima? ¡Habrá que seguir investigando!
Mujeres estresadas, ¡cuidado!
Si eres mujer, no botes tu desodorante aún… el olor que emana de tu transpiración cuando estás estresada podría jugarte MUY en contra. De acuerdo con un estudio publicado en 2013 en la revista científica PLOS One, este aroma resulta desagradable tanto para varones como para mujeres que, en una conferencia, por ejemplo, podrían juzgarte como menos confiada en ti misma, menos competente y también menos confiable.
El trabajo, impulsado por Procter & Gamble y liderado por la investigadora Pamela Dalton, miembro del Centro de Sentidos Químicos Monell, confirmó por primera vez cómo este olor altera la percepción que pueden tener de ti otras personas. ¡A la ducha!
