Que un político estadounidense se califique públicamente así mismo de «socialista», así lo matice con «demócrata socialista», y con ello logre importantes triunfos electorales a una escala mayor es notable. Que esa circunstancia le dé el ímpetu para buscar amplificar aún más su carrera y aspirar, por qué no, a la presidencia de Estados Unidos, ha atraído los reflectores de algunos grandes medios nacionales, como Yahoo, la televisora ABC, el periódico The Washington Post y la revista The Nation.
Se trata de Bernie Sanders, el atípico senador federal por Vermont. En 2005 ganó ese escaño con facilidad y, aunque se ha presentado como independiente y mantenido una posición política progresista de izquierdas, fue apoyado por pesos pesados del Partido Demócrata como Harry Reed, Howard Dean e incluso el entonces senador Barack Obama. En 2012 se reeligió con el 71% de los votos. Antes, se convirtió alcalde de la ciudad de Burlington en 1981 y en 1990 fue electo a la Cámara de Representantes por Vermont, donde permaneció por 16 años.
Ciertamente Vermont no puede considerarse un universo representativo de todo el país, pero la trayectoria de Sanders ha comenzado a tener cierta repercusión a escala general. Su visión está más a la izquierda que el común de los demócratas y quizá más en sintonía con la socialdemocracia europea. Así, según dijo en una entrevista con The Nation en marzo pasado, se considera preparado para buscar la candidatura demócrata a la presidencia. No importa que los signos se inclinen abrumadoramente hacia Hillary Clinton, quien a pesar de todo no ha reconocido su aspiración presidencial abiertamente, Sanders rechaza la idea de que ella tiene la candidatura ganada y, aunque reconoce los logros de la es secretaria de Estado, no por ello cree que el Partido Demócrata deba ungirla a priori para 2016.
Él se siente confiado en que su calificación de socialista es una plataforma adecuada para buscar la presidencia estadounidense, como lo dijo a Yahoo y ABC, y que si el pueblo americano conociera lo que pasa en países como Dinamarca, Suecia o Noruega se convencería de que una plataforma de tipo socialdemócrata sería buena para Estados Unidos.
Aunque aún es pronto para saber cuáles serían los temas claves en torno a los que Sanders haría campaña en caso de buscar la nominación presidencial, a lo largo de sus muchos años en el Congreso ha mantenido una plataforma de tipo social, criticando al gran capital y su voracidad financiera (un reciente mensaje en Twitter de Sanders clamaba «No more ‘to big to fail'» en relación al rescate gubernamental de los bancos en la reciente crisis).
También ha señalando la pérdida de ingreso de la clase media y la creciente desigualdad económica en Estados Unidos y apoya la expansión del Seguro Social. En el Senado, su trabajo al frente del Comité de Asuntos de Veteranos ha trabajado en la mejora de la atención y los beneficios de los excombatientes. Además, apoya una lucha firme contra el cambio climático, pidiendo fuertes reducciones en las emisiones contaminantes y una estrategia de reducción de consumo de energía.
En el ámbito de la salud, Sanders apoya el acceso universal a estos servicios. En otro aspecto, se ha opuesto a la restricción de los derechos civiles y criticó la Patriot Act y las actividades de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional.
Sanders ha dicho con claridad que le interesa buscar la candidatura presidencial, pero aún no ha comenzado formalmente una campaña pues está analizando si podrá movilizar los apoyos masivos para lanzarse con cierta probabilidad de éxito.
Aunque es independiente y de posiciones más a la izquierda que lo usual en el Partido Demócrata, ha contendido electoralmente en sincronía con ese partido desde, al menos, 1990 cuando llegó a la Cámara Baja. En cambio, los candidatos postulados por el Partido Socialista de Estados Unidos han recibido cantidades marginales de votos en las últimas décadas y muchas veces no han competido en suficientes estados como para tener la posibilidad teórica de ganar. Así, su votación ha oscilado entre los muy modestos 72,181 en la elección presidencial de 1984 hasta los ínfimos 4,430 en la de 2012.
Sanders, con todo, está en otras canchas, pues es a fin de cuentas senador federal por Vermont. Pero su trayectoria de criticar al gran capital y de rechazar dinero de grupos de presión electoral (los llamados PAC) hace difícil que pueda organizar una campaña capaz de llegar lejos en cuestión de recaudación de fondos en las próximas primarias demócratas, según comenta The Washington Post.
Pero él confía en que tiene una oportunidad y cree que su plataforma es justamente el aire fresco que la nación necesita. Todo es cuestión de ir concitando más atención y creando interés por su posible aportación a un proceso que, del lado demócrata, sigue congelado en torno a la eventual decisión de Hillary Clinton.
