La marca “Hugo Boss” ha sido durante décadas sinónimo de calidad, elegancia y alta costura. Sin embargo, el éxito del costurero alemán Hugo Ferdinand Boss, está ligado a Hitler; durante la Segunda Guerra Mundial diseñó y fabricó los trajes para las tropas nazis durante el Tercer Reich.
El historiador y periodista Jesús Hernández, afirma en el libro “100 Historias secretas de la Segunda Guerra Mundial” que en 1923 el modista fundó un pequeño taller de sastrería en Metzingen, un pueblo al sur de Stuttgart. La depresión y la recesión que absorbían al país en 1929 causaron que Boss entrara rápidamente en quiebra.
En 1931, Alemania vivía asolada por las duras condiciones que le habían impuesto los aliados: al ser la nación que de forma oficial había iniciado la Primera Guerra Mundial, estaba obligada a pagar grandes impuestos al bando vencedor llamados “reparaciones de guerra”.
Fue en esa época cuando Adolf Hitler tomó las riendas del Partido Nacional Socialista y por medio de sus discursos comenzó a conseguir adeptos, entre ellos el costurero, quien de inmediato decidió alistarse al partido encabezado por Hitler. De hecho su número de afiliado era el 508889, según menciona Jesús Hernández.
La admiración por el Führer y la desesperación por salir de la quiebra hicieron que Hugo colocara un anuncio en el periódico, declarando que él podía diseñar el uniforme para la SS, que era la guardia personal del líder nazi.
A partir de ese momento, los pedidos del pequeño taller se multiplicaron de tal manera que en 1935, Boss decidió abandonar la fabricación de ropa civil para dedicarse de forma exclusiva a la confección de uniformes porque entre los miebros de la SS, la SA y las Juventudes Hitlerianas sumaban un total de tres millones y medio de uniformes.
Ademá, la diversidad del vestuario del Tercer Reich constaba en ocho uniformes distintos: el de campaña; el de servicio; el de trabajo; el deportivo; el de sociedad; el de guardia; el de parada y el de presentación. Trabajo y dinero suficiente para que el sastre hiciera a un lado sus otros pedidos de acuerdo a lo que afirma Roman Koester, profesor de historia militar de la Universidad de Mónaco.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el dinero ya no era un problema para el diseñador, pero pronto la mano de obra comenzó a retrasarse ante la demanda excesiva de trajes militares. Ante esta dificultad, las tropas de Hitler acudieron a su ayuda otorgándole trabajadores esclavos procedentes de los países ocupados, sobre todo mujeres polacas.
Entre 1940 y 1941, la SS facilitó incorporación de trabajadores polacos procedentes de campos de concentración. La fábrica contó con 180 prisioneros de guerra (140 polacos y 40 franceses) para sostener la demanda de uniformes durante el Tercer Reich.
Al finalizar la guerra, las cosas cambiaron para el modista alemán, pues el nuevo gobierno lo acusó por contribuir al nazismo. También fue declarado por las autoridades aliadas “beneficiario” del régimen de Adolf Hitler y su empresa fue calificada de importante en el entramado económico del Partido Nacional Socialista; por las acusaciones tuvo que pagar una multa de 80.000 marcos y perdió su derecho a votar.
A pesar de esto, Boss con el tiempo saltó a la fama; la empresa logró mantener su pasado al margen e incluso cuando en 1997 la prensa encontró una cuenta en Suiza ligada al éxito de su pasado y al trabajo esclavo, la compañía sólo pidió perdón y continuó disfrutando el triunfo de su trabajo porque, a pesar de su pasado, Hugo Boss es y será sinónimo de calidad, elegancia y alta costura.
