Después del fenómeno Obama, que se alió con las redes sociales para impulsar su campaña electoral, el Papa Francisco ha sido la mayor revelación mundial de la comunicación en favor de la construcción de su liderazgo.
El mundo ya se había sorprendido años atrás con la llegada de Juan Pablo II, el Papa polaco, por sus frecuentes viajes y sus misas multitudinarias en estadios cuando antes los Papas apenas salían del Vaticano y de las basílicas. Pero el Papa Francisco ha superado cualquier antecedente de cercanía mostrando unas sorprendentes capacidades comunicativas.
Primer mensaje: humildad. Tras su elección en el Cónclave rechazó los zapatos rojos de diseño exclusivo para los papas, la cruz con diamantes de los Pontífices y el automóvil blindado. Volvió a su residencia en el autobús de los cardenales y viaja por el interior del Vaticano conduciendo un viejo Renault 4L, regalo de un sacerdote de la región italiana del Veneto.
Segunda decisión: hablar a los fieles de la Iglesia sobre todo a través de los medios de comunicación y no exclusivamente por los canales internos.
Tercera decisión: crear titulares impactantes con frecuencia, al menos semanalmente. Cuando el Papa dice, «el pastor tiene que oler a oveja», los príncipes de la Iglesia -cardenales y obispos- se estremecen porque ahí va en siete palabras una crítica a lo que sucede habitualmente y una consigna de cómo quiere que se actúe.
Cuarta decisión: intervenir en las situaciones más difíciles apareciendo como un mediador eficaz, con el riesgo de que no sea un éxito. Véase el viaje a Tierra Santa -Israel y Palestina- con invitación a los presidentes de los dos estados a dialogar sobre la paz en el terreno neutral del Vaticano. La foto de los dos presidentes y del Papa en Roma es la renovación de aquel histórico encuentro en Camp Davis con el presidente Jimmy Carter como anfitrión.
Resultados de este primer año del nuevo Papado: grandes expectativas de recuperar para la Iglesia Católica, con audacia, a una opinión pública cada vez más distanciada. Críticas internas, anónimas pero aún así identificadas en los sectores eclesiales más conservadores, de su forma de actuar: «A ver cuando deja de hacer de párroco y empieza a actuar como un Papa», deslizan.
Pero el balance es muy positivo. El Papa es ya un fenómeno comunicativo que da una imagen nueva a la Iglesia, aunque los sectores más progresistas, cuestionan que solo es imagen mientras que el fondo del mensaje, el dogma, permanece invariable. Puede ser, y se verá con el tiempo. Pero esa es ya otra conversación.
