Hace un año que el Guardian empezó a publicar los documentos que Edward Snowden había sacado de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, en inglés). Desde entonces, el goteo ha sido constante. El presidente Obama ha insistido durante estos meses en disimular y devaluar el alcance de la filtración. Estas son diez cosas para entender algo mejor qué ha pasado.
1. No sabemos ni la mitad
No sabemos ni la mitad por dos motivos: uno, porque Snowden trabajaba para la NSA, pero no tenía acceso a todos los archivos clasificados. Dos, porque aún no ha salido todo lo que tiene. “El gobierno de Estados Unidos aún no tiene ni idea de qué documentos tengo”, dijo Edward Snowden hace unas semanas.
La información secreta de la NSA tiene escalones por encima del de Snowden. Es probable -pero no seguro- que no haya tenido acceso a esos documentos; habrá que esperar a ver.Pero es seguro que hay aún mucho por descubrir y, sobre todo, entender.
En esta entrevista un ex analista de la NSA, Russ Tice, dice que tuvo en 2003-4 archivos en sus manos con documentos con conversaciones del magistrado Samuel Alito del Tribunal Supremo, el entonces senador estatal Barack Obama o el general Petraeus. El único presidente de Estados Unidos que ha tenido que dimitir, Richard Nixon, lo hizo por espiar a sus compatriotas.
2. De lo que sabemos, qué es lo indispensable
La NSA tiene acceso a todo: llamadas, correos, búsquedas, tarjetas de crédito. Hace un año, en la primera comparecencia pública tras las revelaciones de Snowden, el presidente Obama dijo que no miraban ni guardaban el contenido de los emails o llamadas; solo los metadatos: el origen de la llamada, la duración, el destino. Es mentira.
Según Bill Benney, empleado en la NSA durante 30 años, “por eso tuvieron que construir [el centro de] Bluffdale, en Utah, con una cantidad enorme de almacenaje para poder conservar todos esos datos que pasan por las redes de fibra óptica del mundo. Allí se podrían guardar 100 años de las comunicaciones del mundo. Si solo quisieras metadatos, se podrían conservar en una sala de 6 por 4 metros”.
Este reportaje en Wired de James Bamford, el periodista que mejor conoce la NSA, es de un año antes de Snowden. Habló con Adrienne Kinne, encargada de escuchar conversaciones telefónicas:“Incluso los periodistas que llamaban a casa estaban incluidos. ‘Muchas veces llamaban solo a sus familias’, dice Kinne, ‘conversaciones increíblemente íntimas, personales’. Kinne cree que el acto de escuchar a compatriotas inocentes es angustioso”.
La novedad de Snowden son las pruebas. Sus documentos confirman nombres de programas, modos de intercepción y empresas implicadas.
Hay otros dos puntos que hay que tener en cuenta: primero, la polémica es por el espionaje del gobierno a ciudadanos norteamericanos; los extranjeros siguen siendo un objetivo aceptable. Segundo, el gobierno puede investigar a un americano si hay un permiso judicial. El problema de la actividad de la NSA es que era a granel.
Este tipo de vigilancia provoca que haya acciones inocuas que hagan saltar alarmas: la profesora Janet Vertesi quiso evitar que las grandes empresas de internet supieran que estaba embarazada. Usaba correo encriptado, pagaba en metálico. La compra de vales de Amazon con dinero en lugar de tarjeta hizo que las autoridades de repente se fijaran en ella.
Hay por tanto mapas de actividad que detectan comportamientos susceptibles de ser peligrosos: visitas a web yihadistas, llamadas s Somalia, compra de productos químicos. Pero ningún terrorista listo se comporta ya así.
3. Los terroristas no son tontos
La excusa siempre ha sido el terrorismo. No hay pruebas de que la vigilancia masiva haya impedido atentados. Madrid y Londres son dos ejemplos.
Cuando en 2005 el New York Times iba a publicar la primera noticia sobre el programa, sus directivos fueron a la Casa Blanca. Preguntaron si el programa había impedido algún atentado. El director entonces de la NSA, Michael Hayden, dijo que habían evitado que un camionero de Ohio hundiera el puente de Brooklyn con sopletes. “Creo que al presidente [Bush] se le escapó una sonrisa, pero igual solo es mi imaginación”, dice Bill Keller, entonces director del periódico.
En todos estos años la valentía de ciudadanos, los espías de la vieja escuela o la falta de capacidad de algunos terroristas sí han prevenido atentados: Umar Faruk Abdulmutalab en el vuelo Amsterdam-Detroit en la Navidad de 2009, la impresora bomba enviada desde Yemen en 2010 o el plan para atacar la base de Fort Dix, que descubrió el empleado de una tienda de fotos.
La información que de hecho corre por nuestro email, Google o Skype es diminuta: Google solo indexa el 0,004 de lo que hay en internet. En esa web profunda y fuera del interés de las grandes empresas es donde pueden encontrarse indicios yihadistas. Pero requieren un tipo de espionaje más clásico, no masivo.
4. La vigilancia masiva puede despistar
Tantos medios y dinero puede hacer bajar la vigilancia y pensar que ya alguien -o un ordenador- detectará los primeros movimientos de un posible atentado. Pero nadie supo detectar que un psiquiatra del ejército americano, Nidal Malik Hassan, era un posible terrorista antes de la muerte de 13 personas en Fort Hood en 2009. Nadie supo atender las peticiones del embajador en Libia, Chris Stevens, sobre posibles ataques en Bengasi. Nadie intuyó que había dos hermanos de origen checheno en Boston que se habían radicalizado en 2013.
Gracias al caso de los hermanos Tsarnaev, hay una prueba de que Estados Unidos graba y guarda todo tipo de datos y conversaciones. En una entrevista en la CNN, el ex agente del FBI Tim Clemente dijo, también antes de Snowden: “Tenemos muchos métodos en la comunidad de inteligencia, no solo dentro del país también fuera. Tenemos maneras de mirar comunicaciones digitales en el pasado. No puedo entrar en detalles de qué se hace o cómo, pero sí que puedo decir que ninguna comunicación digital es segura”.
5. Lo que se hacía antes de Snowden, se sigue haciendo
Obama nombró una comisión justo después de las revelaciones de Snowden. Hicieron sus propuestas a fin de 2013. En enero de 2014, Obama dio un discurso para ordenar cambios. Eran escasos. Aquí están las notas que le pusieron en Gizmodo a esas propuestas.
Hace unos días se aprobó en el Congreso una ley que pusiera en práctica las recomendaciones del presidente. Era aún más descafeinada que las propuestas del presidente. La única esperanza de los defensores de la privacidad es que el senado endurezca el control sobre la NSA. Es improbable.
6. Lo que se hacía con Bush, se hace con Obama
La llegada de un presidente nuevo que prometía transparencia y derechos civiles no se hizo realidad. Será interesante ver qué cuenta Obama cuando deje de ser presidente. Pero ante la opción de prohibir ciertas prácticas de la NSA cuando llegó a la Casa Blanca, no se atrevió: si por ejemplo hubiera presuntamente limitado la capacidad de la NSA y Abdulmutalab hubiera logrado hacer estallar el avión antes del primer año de su presidencia, su reelección hubiera estado en peligro.
Es difícil ser presidente y abandonar todas las opciones que te ofrecen para proteger a tus ciudadanos. Al menos cuando empiezas. A ver qué aparato de seguridad deja cuando se vaya.
7. El 11-S cambió todo
Todos los implicados coinciden en que el 11 de septiembre fue la fecha clave de inicio de estos cambios. Antes de ese día, dicen en este magnífico documental, es probable que el presidente Bush no supiera ni siquiera quién era Hayden, el director de la NSA.
8. Google también nos espía y no pasa nada
Las grandes empresas telefónicas y de internet han colaborado con el gobierno. Al menos hasta Snowden. (Solo esta pequeña empresa de internet se rebeló en 2004 ante las exigencias del FBI.) Desde el año pasado las grandes compañías americanas han visto cómo su negocio en otros países se complica por sus lazos con el gobierno de Estados Unidos. Desde entonces trabajan para limitar y responder a esas críticas.
Pero hay algo más en este entramado. El gobierno de Estados Unidos quiere saber qué decimos y queremos por seguridad nacional. Pero Google y Facebook también quieren saberlo. En su caso es para poner anuncios. Su base de datos es básica para vender publicidad, que es el sustento principal de internet hoy. Google por ejemplo deja ver qué tipo de anuncios ponen a cada cual en Youtube, Chrome o Gmail según las búsquedas previas y las páginas web visitadas. Estos son mis gustos según mis búsquedas en inglés. Si alguien quiere ver los suyos, están aquí.
9. Si todo esto parece complicado, es porque lo es
Solo por curiosidad, este es el organigrama de la NSA según ha podido descifrar el periodista Marc Ambinder. No cabe una captura de pantalla, pero hay que verlo. Está claro que vemos solo piececitas del puzle.
10. Esto es solo el principio
Nadie va a renunciar a sus móviles ni a internet. Está bien que sea así; hay que aprovechar lo bueno que tienen. La mejor prueba es el mucho ruido y pocos cambios reales que ha tenido el caso Snowden en todo el mundo. Pero está bien que sepamos que si algún día cometemos un desliz, quizá nos estén vigilando.
