No importa que ya estemos en el siglo de las nuevas tecnologías y que las tabletas y otros artefactos hayan tomado el mundo.
Una curiosa tradición que al parecer solo se practica en Corea del Norte persiste en la élite del país asiático.
Desde hace medio siglo un grupo de hombres se dedica a anotar cada una de las palabras del líder en el poder: primero el fundador del país Kim Il-sung, y tras su muerte, sus sucesores, su hijo Kim Jong-il, y nieto, Kim Jong-un.
La costumbre ha tomado más fuerza con la llegada el poder de Jong-un, o al menos parece tener mayor difusión.
Según un artículo de la BBC, «se quiere dar una muestra del supuesto poder del gobernante, de su conocimiento, sabiduría y preocupación» y la tarea de los anotadores, usualmente militares o miembros del partido comunista, es consignar las ideas, órdenes y enseñanzas que el lìder supremo pueda dar.
Lo que se escribe y lo que se habla muchas veces no es de conocimiento público, pero se proyecta la imagen al pueblo que están en manos de un hombre sabio. Ante la ferocidad del régimen, ¿quién osará abrir su boca para decir lo indebido?
