La oposición frontal de muchos políticos del Partido Republicano a Obamacare es como la sangre que les corre por las venas, y muchos se sienten orgullosos de ello. Sea por razones meramente ideológicas, pragmáticas o factuales, el rechazo a la Ley de Cuidado de Salud impulsada por el presidente Barack Obama es una bandera que aglutina a muchos republicanos, sobre todo a los que tienen cercanía con el Tea Party.
Y aunque hay argumentos que claramente muestran que ofrecer cobertura médica a grupos que antes carecían a ella tiene beneficios económicos, sociales y humanos indudables, otros enarbolan banderas como el rechazo a la participación del gobierno en actividades que consideran deberían ser solo ámbito de las corporaciones privadas y la oposición al gasto gubernamental en programas sociales.
Así, en la batalla contra Obamacare, algunos republicanos quieren atribuir sus triunfos electorales a su oposición frontal a esa ley, o si se quiere ver desde otro ángulo, señalan a Obamacare como la causa de la derrota de sus rivales del Partido Demócrata.
Eso ha sucedido en la elección especial para cubrir un escaño en la Cámara de Representantes federal que estaba vacante en Florida. Según la agencia Reuters, el triunfo del republicano David Jolly sobre la demócrata Alex Sink en la elección del representante por el Distrito 13 de Florida fue por menos de 2 puntos de diferencia (48.4% para Jolly y 46,5% para Sink), lo que sí da idea de la existencia de un importante grupo conservador, que podría estar mayormente opuesto a Obamacare, pero también da idea que la influencia demócrata, y presumiblemente el apoyo popular a la ley de salud, también es sustancial. Menos de 2 puntos de diferencia permiten ganar una elección sin duda, pero no son signo de una posición abrumadora de uno sobre otra. Tampoco revelan en sí misma una superioridad intrínseca del que ganó sobre el que perdió.
Pero John Boehner, el líder republicano en la Cámara de Representantes, lo ve diferente: el triunfo de su partido en el Distrito 13 en Florida (que, vale señalar no se volvió ahora republicano sino que ya lo era) es una muestra clara del repudio hacia Obamacare, y eso tendrá repercusiones en la elección legislativa de noviembre.
Desde luego es posible que la oposición y el rechazo a Obamacare hayan motivado a muchos a votar republicano en Florida, y podrían hacerlo a escala general en noviembre, pero también es cierto que el resultado en el Distrito 13 tuvo también que ver con una demografía que ya se inclinaba republicana en cuanto a la cantidad de votantes registrados y a que, por el otro lado, la participación electoral fue baja y la candidato demócrata no era precisamente una figura que arrastrara a las masas. Aunque aún así concitó el 46.8% del apoyo.
Sea como sea, el salto de ver una elección específica en un estado republicano como una muestra del repudio general hacia Obamacare es un tanto osado y con altas probabilidades de error. Creerlo así, incluso, puede resultar en un exceso de confianza entre los republicanos que puede producirles un rudo despertar en noviembre. O al menos no uno tan dulce como esperaban.
Los demócratas, con todo, deben poner sus barbas a remojar, pues solo bastan unas pocas victorias para que el Senado pase a ser dominado por los republicanos, y el retomar el control de la Cámara de Representantes no resulta viable en 2014. La agitación del concepto de Obamacare para movilizar al electorado conservador podría dar cierto fruto si los demócratas no son capaces de llevar a las urnas a las masas de votantes que sí se han visto beneficiadas por Obamacare y que por ahora están silenciosas u opacadas por la estridencia de sus opositores.
Por otro lado, es de suponer que algunos importantes políticos demócratas están considerando ya distanciarse de la idea de Obamacare en próximas contiendas para cortar de tajo la potencial ‘contaminación’. A fin de cuentas, dirán algunos, Obama se va tras la elección de 2016, pero los congresistas se quedan, o desean quedarse.
Aún es pronto para saber el resultado de este fenómeno. Pero enarbolar la reforma de salud y su apoyo o repudio como un factor determinante en futuras elecciones podría no pagar los dividendos esperados a los jugadores de ambos lados del espectro político.
