Organizar una boda puede costar una fortuna, de eso no hay duda. Pero el coste de ser invitado tampoco es baladí. Tanto que el 43% de los estadounidenses se excusa de acudir a las bodas por razones financieras, según revela un reciente estudio elaborado por la asesoría financiera American Consumer Credit Counseling.
El coste medio de asistir a una boda, incluyendo la estancia en hotel, el regalo, la despedida de soltero, el cuidado de dejar a los niños en casa o el vestido alcanzó los 539 dólares (395 euros) en 2013, de acuerdo con las estimaciones de American Express. Un importe que en absoluto parece exagerado. En España el gasto puede ser incluso mayor (sobre todo si se suma la despedida). Ahora bien, estas cantidades quedan en nada frente a los 28.400 dólares (20.800 euros) que supone la factura de organizar la boda, según la web de bodas TheKnot.com.
En España, el coste medio de celebrar una boda asciende a 13.190 euros, según el último informe de la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI). Supone un 42% menos que antes de la crisis. El estudio tiene en cuenta una boda con 100 invitados de media. Es precisamente el número de comensales uno de los mayores quebraderos de cabeza para las parejas que quieren unirse para siempre. Así, ante las dificultades económicas, las listas de invitados son cada vez más cortas.
Ahora bien, cuando un familiar o amigo te invita a su boda resulta difícil decir que no, hasta el punto de que hay quien llega a endeudarse para poder asistir. Según el citado estudio de American Consumer Credit Counseling, el 36% de los encuestados asegura haber pedido prestado para ser testigo en la fecha señalada. Un porcentaje que a primera vista sorprende en España, donde aparentemente no existe la cultura de endeudarse para poder ir a las bodas. La mayoría de quienes se casan saben del esfuerzo que supone acudir a una boda. Pero siempre hay alguna excepción y algún invitado se ha llevado una sorpresa desagradable.
Es lo que le ocurrió el pasado verano a Tanya, una joven que asistió a la boda de una amiga, “no muy cercana”, y que varios días después de la celebración recibió un mensaje en Facebook de la recién casada en el que ésta le preguntaba si había algo que no le hubiese gustado de la bodapara hacer un regalo junto con Phil, su pareja, de sólo 100 dólares, según contaba el Huffington Post. En la misiva, la novia señalaba que sólo el cubierto ya costaba 200 dólares y no dudó en recordarle que ambos trabajaban, por lo que no entendía que no se hubieran estirado más.
Una situación sin duda incómoda que, todo hay que decirlo, no es nada habitual. En todo caso, para evitarlo, cuando la economía de uno no es boyante y la boda no es de las, por decirlo así, ineludibles,siempre se puede decir que no. Así lo hacen, como hemos dicho ya, el 43% de los estadounidenses. Se recomienda en estos casos dar la contestación lo antes posible, para la mejor organización de los novios e incluso, si así lo consideran, invitar a quienes se quedaron en la ‘nevera’.
Otra cosa es qué hacer cuando se rechaza una invitación: regalar o no regalar. No hay una regla de oro para esto. Para Patricia Napier-Fitzpatrick, fundadora y directora de la Escuela de Protocolo de Nueva York, “aunque solía ser obligatorio enviar un regalo de boda, hoy no es del todo necesario si no son buenos amigos o familiares cercanos”. Jacqueline Whitmore, de la Escuela de Protocolo de Palm Beach, aboga, sin embargo, por “dar siempre un regalo”.
