¿Recuerda los muñecos armables, esos que pueden intercambiarse brazos y piernas, ya sea para crear un nuevo carácter o, a veces, para producir inquietantes seres con piernas embonadas a los hombros y manos saliendo de las rodillas? La historia de Corey Taylor no llega a tales extremos, pero es fascinante y en muchos sentidos una maravilla de la medicina.
Taylor vive en Baltimore, Maryland, y sufrió un grave accidente en 2011: se cercenó con una sierra el pulgar de la mano izquierda, que quedó con solo cuatro dedos, de acuerdo al relato de la televisora local WBAL. Durante seis meses, tiempo en que le llevó a la herida en sanar, Taylor no pudo realizar muchas labores comunes, pues la falta del pulgar izquierdo limitó sus capacidades. Y también, presumiblemente, habría tenido ciertos problemas de índole emocional por esa causa.
Pero un médico tuvo una solución para Taylor, que aunque sorprendente no es del todo inusual. El doctor Ryan Katz, del Hospital Union Memorial de Baltimore y especializado en problemas de las manos, le propuso a Taylor tomar el dedo gordo de su pie y reimplantárselo en el lugar del pulgar perdido de su mano izquierda, relata la WBAL.
Taylor aceptó y se sometió a las cirugías. Primero se le amputó el dedo gordo del pie, lo que se hizo cuidadosamente para mantener intactas partes clase como los tendones, nervios, piel y otros tejidos cuya integridad sería necesaria para realizar un reimplante exitoso. Según Katz, la pérdida del dedo gordo de un pie es una falta que los pacientes generalmente superan con facilidad. En cambio, la pérdida del pulgar es más complicada y su recuperación provee importantes beneficios.
Luego se le reimplantó a Taylor el dedo gordo en la posición del pulgar perdido gracias a que, según indicó Katz a la WBAL, ese dedo del pie ofrece facultades clave como sensibilidad y movimiento a la mano. Y además estéticamente reconstruye en buen grado la apariencia natural de la mano.
Ahora, Taylor puede realizar con la mano izquierda provista de su nuevo pulgar todas las funciones que podía hacer antes de su accidente. Tuvo que dedicar muchos meses a rehabilitación, sobre todo para recuperar y controlar el movimiento del nuevo pulgar. Pero lo logró y ahora se siente plenamente normal y activo.
Retomando la frase popular en inglés, Taylor ahora ya puede hacer la señal de ‘Thumbs up’ en reconocimiento a Katz y el resto de su equipo.
