Hace unas semanas lanzamos una convocatoria para celebrar el segundo aniversario de las Crónicas del Mejor Amigo, en la cual los invitamos a ustedes, nuestros usuarios, a compartir sus casos y así, entre todos, poder dar respuesta a todas las incertidumbres que rodean al amor.
Ese mismo día llegaron los primeros correos electrónicos por lo que, antes que cualquier cosa, quiero darles las gracias.
El primero fue de Jaquii, quien no dio mayores detalles del lugar de donde escribía ni tampoco sobre su edad u ocupación. No obstante, fue muy contundente y en el asunto de su correo preguntó sin chistar: “¿Se puede hacer que alguien vuelva después de dos rupturas y poder cambiarlo para bien?”. En el cuerpo del mensaje ella relató de una forma muy abierta su historia.
En síntesis, Jaquii tuvo un novio quien durante el tiempo de la relación nunca le dio su lugar a la misma. Él —no nos dio su nombre y la verdad no lo necesitamos— vivía lejos y argumentaba que le era difícil visitarla; en cambio, prefería salir con sus amigos. El problema es que tampoco la llamaba ni le daba mayores señales de cariño. Cortaron y volvieron a los nueve meses.
Jaquii relata que sucedió lo mismo, al principio él se portaba de maravilla y al pasar de algunos días la ignoraba por completo. Cortaron una vez más. Él intentó establecer contacto con ella pero Jaquii, en un esfuerzo por hacer lo que era mejor para ella, decidió evadirlo, situación que, desde luego, la lastimó.
Finalmente cedió y tras otros siete meses se volvieron a encontrar. Él se comprometió a hacer cosas que, por supuesto, no cumplió y ella se pregunta: “Ha pasado un mes y no lo ha hecho. Me duele mucho porque lo quiero bien, a la buena. Quiero cambiarlo, porque a él lo único que le importan son sus amigos y sus asuntos, todo menos lo de nosotros. Lo quiero. ¿Qué hago?”.
Lo más preocupante que puedo leer en las líneas que envió Jaquii es la desesperación con la que fueron escritas. Desesperación que por lo general se confunde con amor. Respondiendo a su pregunta no, no se puede cambiar a las personas, y por lo que queda manifiesto de las acciones de su pareja, él no tienen ni la menor intención de cambiar.
Quien debe de cambiar es Jaquii. Tiene que darse cuenta de quien no está dispuesto a verla, a cruzar la ciudad en donde vive, a hacer varias llamadas para saber que está bien y demás gestos normales y típicos en una relación no es alguien digno de sus intereses, por más guapo, simpático o popular que resulte. Identificar que lo que está sintiendo, el miedo a perderlo, a estar sola, no es tan fuerte como el daño que sufrirá si sigue intentándolo.
De alguna forma, el amor es como la jardinería: Si la tierra en donde se planea sembrar no es fértil ni reúne las condiciones elementales para albergar una semilla, ésta jamás se dará.
