«Las Vegas es la capital de la resaca en el mundo», aseguraba hace unos pocos días el Doctor Jason Burke para el diario británico The Telegraph. Y el hombre sabe de lo que habla: desde hace dos años, este anestesiólogo formado en la Universidad Duke, en Carolina del Norte, recorre las calles de Las Vegas –la capital de tantas cosas—sacando a sus clientes de unas horribles resacas en apenas 45 minutos.
Sam Rowe, el periodista de The Telegraph, también lo sabe todo, o casi todo. Como buen profesional de la información, Rowe ha venido a la fuente y ha ofrecido su propia piel, su cuerpo, su estómago, su cerebro, a los efectos devastadores de lo que en términos médicos se conoce como veisalgia.
San Rowe, el periodista, se ha convertido en paciente urgido de sanación; transpira en exceso, sus sienes le laten, su rostro ha adquirido un color grisaceo, cree que va a morir. Pero el doctor Burke lo saca de su mal momento. Su diagnóstico es claro: veisalgia severa, deshidratación aguda, envenenamiento etílico, inflamación cerebrovascular…, nada que no tenga cura.
Para ello le recomienda una de sus fórmulas llamada “Extasis”, le hace ingerir algunas pastillas contra la náusea y la migraña, le practica una inyección de vitamina B para restaurar su nivel de sustancia nutritiva y calmar la fatiga; luego una máscara de oxígeno por varios minutos y finalmente una crema anestesiante sobre su rostro y le aplica dos litros de suero fisiológico directo a las venas.
Otros tratamientos, llamados “Redención” o “Salvación”, serían más severos, pero con este basta para el periodista ebrio. Los precios de sus tratamientos pueden ir de los 99 dólares a los 239, según el caso y la intensidad del mal.
Burke ha consagrado sus últimos años al estudio y tratamiento de la resaca, tras haber constatado que los pacientes en las salas de recuperación de los hospitales experimentan casi los mismos síntomas mientras van saliendo de la anestesia.
Para poder estar en todas partes de la ciudad –pues en Las Vegas no se duerme–, el doctor rueda su autobús personalizado, donde cuenta con camas, tranquilidad y buen ambiente, además de jeringuillas, sueros varios y botellas, no de alcohol, sino de oxígeno.
Por supuesto que también se le da el trabajo a domicilio, para las personas que ya ni pueden mover las piernas, para las «celebrities» que huyen de las cámaras o simplemente para quien quiera pagar un poco más caro su sanación: unos 200 dólares por encima de los precios anteriormente citados. «Hemos sido llamados por el padre de la novia para ir a una habitación de hotel pues la novia no puede contraer matrimonio en el estado en que se encuentra», confiesa el doctor.
La comunidad médica enarca sus cejas, duda, hace preguntas capciosas. Teme que pacientes con otras patologías empeoren con este tratamiento, o que simplemente esta salida express de la resaca incentive el consumo de alcohol.
Pero el Doctor Burke no mira al lado, mucho menos atrás. «Usted se sorprenderá de la gravedad de las resacas que hemos tratado. Algunos pacientes presentan temblores severos o han vomitado más de 60 veces. Sus vacaciones enteras se arruinarían si no fuera por este tratamiento», sentencia.
Mientras, el periodista resucitado Sam Rowe es más categórico: “Da igual si es magia o milagro médico, esto vale cada centavo”.
