El Departamento de Estado ha obtenido 27.000 fotografías que muestran los cuerpos esqueléticos, golpeados y quemados de víctimas de tortura sirias –imágenes terribles que un funcionario de alto nivel le dijo a Yahoo News constituyen evidencia contundente que puede ser usada para presentar cargos por crímenes de guerra contra el régimen del presidente Bashar Assad de Siria.
Las fotos son «espantosas –algunas de ellas te causan un dolor visceral», dijo Stephen J. Rapp, embajador plenipotenciario estadounidense para crímenes de guerra, en una entrevista. «Esto es parte de la evidencia más sólida que hemos visto de atrocidades en masa en el área de pruebas de la comisión».
Las imágenes –de las cuales un pequeño número será exhibido por primera vez en público este miércoles, en el Museo del Holocausto de EEUU– fueron sacadas de Siria como contrabando por un fotógrafo oficial del régimen que, desde entonces, ha desertado y es conocido solamente por su pseudónimo, Caesar.
Las fotos fueron mostradas en una sesión a puerta cerrada del Comité de Asuntos Externos de la Cámara de Representantes en julio, donde Caesar, usando una capucha, dio su testimonio. Ahora, a petición de Rapp, están siendo analizadas por el FBI en parte como un esfuerzo para determinar si podría haber algún ciudadano estadounidense entre las víctimas –un hallazgo que podría ser la base para presentar cargos criminales contra funcionarios del régimen de Assad en EEUU.
El Gobierno sirio ha denunciado oficialmente las fotografías como falsas y sugerido que muchos de los cadáveres mostrados son en realidad milicianos que murieron en batalla.
Aunque los agentes del FBI aún están analizando las fotos, Rapp dijo que funcionarios de la agencia ya le han dicho “informalmente” que, “piensan que es imposible que sean falsas. No hay evidencia de manipulación”.
(Un vocero del FBI únicamente confirmó que las fotografías están siendo analizadas y añadió: “Tomará algo de tiempo completar el proceso de autenticación”).
La historia detrás de las fotos comienza en marzo del 2011, cuando las protestas de la Primavera Árabe en contra del gobierno de Assad se extendieron por todo Siria. Al tiempo que el Ejército comenzó a arrestar a posibles disidentes, Caesar –un oficial de la policía militar– fue asignado para encabezar un equipo de 11 fotógrafos cuyo trabajo era documentar las muertes de los detenidos llevados a un hospital militar desde tres centros de detenciones de Damasco.
Para el verano del 2013, le dijo Caesar a los investigadores, se sentía tan asqueado por lo que veía que se puso en contacto con rebeldes sirios. «No puedo seguir haciendo esto», les dijo, de acuerdo con David Crane, un ex fiscal de crímenes de guerra para Sierra Leona que pasó horas entrevistando a Caesar como parte de un análisis separado de las fotografías, comisionado por el gobierno de Qatar.
Caesar comenzó a entregarle las fotografías de contrabando a los rebeldes, al proporcionarles memorias USB que guardaba en sus zapatos, contó Crane. Para proteger a su familia, Caesar fingió su muerte, al escenificar un complejo funeral, y escapó de Siria en agosto del 2013. Actualmente está oculto en Europa.
Las fotos, de acuerdo con Crane, documentan una “máquina industrial de asesinatos que no se ve desde el Holocausto”. Muestran cadáveres, algunos de ellos ordenados en filas en una bodega, y muchos parecen ser víctimas de inanición, con costillas protuberantes en cuerpos esqueléticos.
Algunas muestran hombres a los que les sacaron los ojos; otros tenían moretones y heridas consistentes con golpizas y en algunos casos estrangulamiento, de acuerdo con un reporte sobre las fotos coescrito por Crane y dado a conocer en enero.
El Representante Ed Royce, republicano por California, presidente del Comité de Asuntos Externos de la Cámara de Representantes y quien llamó a Caesar como testigo en la audiencia a puerta cerrada en julio, dijo que la primera vez que vio las fotografías pensó en su padre. Como miembro del Tercer Ejército del General George Patton, “mi padre había tomado fotografías en Dachau cuando fue liberado, de los cuerpos apilados en los hornos. Esto es siniestramente parecido. Es absolutamente atroz”.
Algo que también es digno de atención en las fotografías, de acuerdo con Crane, fue la naturaleza metódica del esfuerzo: cada foto incluye etiquetas con números y letras que identifican a cada una de las víctimas así como al centro de detenciones en el que se encontraban. Uno de los propósitos: que las autoridades militares que ordenaron sus muertes pudieran tener pruebas de que “sus órdenes fueron cumplidas”, indicó Crane.
Crane –quien como fiscal de crímenes de guerra para un tribunal internacional presentó la formulación de cargos contra el ex presidente Charles Taylor de Liberia– examinó originalmente las fotografías junto con otros dos fiscales de crímenes de guerra internacionales a nombre de un bufete legal de Londres contratado por el gobierno de Qatar.
Luego, presentó las fotografías en una sesión de dos horas en el Consejo de Seguridad de la ONU en abril, para respaldar una resolución presentada por los franceses para autorizar un tribunal internacional de crímenes de guerra para Siria.
Al término de su presentación, dijo Crane, el Consejo de Seguridad quedó en silencio. Samantha Power, la embajadora de Estados Unidos, “trataba de controlar las lágrimas”, dijo Crane.
(Un portavoz de Power no respondió a las peticiones para comentar al respecto. Pero en un comunicado emitido en aquel momento, Power dijo, “nadie que vea estas imágenes volverá a ser el mismo”).
Sin embargo, la resolución francesa fue vetada por los representantes de Rusia y China. Eso ha dejado a Rapp con lo que él reconoce que son “desafíos jurisdiccionales” para presentar cargos por crímenes de guerra contra los funcionarios responsables de las muertes.
(El hallazgo de que un ciudadano estadounidense se encuentre entre las víctimas podría ayudar a superar algunos de esos desafíos, al permitir que el Departamento de Justicia inicie un proceso en tribunales estadounidenses).
Pero Rapp dijo que no se siente desalentado. Su oficina trabaja con un equipo internacional de investigadores –bajo la dirección de un grupo privado llamado el Proyecto Siria de Justicia y Responsabilidad– para reunir documentos y testimonios de otros testigos que puedan ser usados para corroborar las fotografías.
(EEUU también apoya a otro equipo de investigadores que reúne evidencia de crímenes de guerra cometidos por el grupo miliciano Estado Islámico).
El gobierno de EEUU ha contribuido con un millón de dólares al esfuerzo para investigar los abusos del régimen Assad. Y Rapp dijo que ya se han descubierto algunos documentos que muestran órdenes para arrestar a detenidos específicos. Los investigadores buscan determinar si dichas órdenes coinciden con los cuerpos de los detenidos vistos en las fotografías.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Debido a que muchas de las fotos tuvieron que ser comprimidas por Caesar para poder grabarlas en unidades de memoria USB, se perdieron metadatos cruciales –que podrían arrojar la fecha y momento preciso en que se grabó cada imagen. Confirmar las muertes de los detenidos mostrados en las fotografías con familiares que aún están en Siria es otro problema.
Aún así, dijo Rapp, “estamos sentando las bases para el día en que haya responsabilidad. Este es el tipo de evidencia que puede respaldar que se enjuicie a la gente en los niveles más altos”.
