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Una inofensiva vacuna mata a 34 niños en Siria

La lucha por el control de Siria escribe un nuevo capítulo. En la batalla sin cuartel entre el gobierno de Al Assad, los rebeldes moderados y los extremistas del Estado Islámico siempre sale perdiendo la población más vulnerable en esta partida de ajedrez a tres bandas que no parece que vaya a acabar pronto. Así ha sido una vez más. 

34 niños han muerto tras inyectarles unas simples vacunas contra el sarampión. Unos dicen que habían sido saboteados, otros que no se habían guardado adecuadamente. ¿La verdad?, algo que probablemente nunca sepamos.

Y es que desgraciadamente la feroz lucha que desde hace más de tres años se libra en el país, que ya ha dejado miles de muertos y otros tantos refugiados, ha provocado una crisis humanitaria de proporciones incalculables. No hay comida ni viviendas y además las condiciones sanitarias son bastante precarias.

Por si esto no fuera suficiente, la volatilidad de los enfrentamientos hace que tu pueblo un día esté controlado por un bando y al día siguiente por cualquiera de los otros dos. Este clima de inestabilidad hace que una simple campaña de vacunación contra el sarampión se pueda convertir en una lucha encarnizada por sobrevivir.

Bien lo saben los rebeldes moderados tras inyectar a cientos de niños una vacuna que parece estar contaminada. De momento son 34 las víctimas, pero se espera que sean muchas más, ya que hay varios pequeños ingresados en cuidados intensivos.

Los padres acusaron directamente a las autoridades sanitarias rebeldes de no almacenar correctamente las vacunas y de que los medicamentos estaban caducados.

Pero los funcionarios negaron este extremo, explicando que estas vacunas vienen directamente de UNICEF y la OMS y se entregan a través de Turquía, acusando directamente a gente cercana al presidente Al Assad de adulterarlas, resultando mortales para los pequeños. De hecho, ese mismo día se había vacunado con éxito a 60.000 escolares con vacunas del mismo lote, descartando así un posible fallo en el almacenamiento de las mismas.

“Los síntomas no solo indican que las vacunas se han estropeado, sino que además sugieren que han sido contaminadas”, comentó un oficial de la salud a una emisora de radio.

Por el momento lo principal es encontrar una explicación y por eso se han enviado muestras de sangre a Turquía para que sean analizadas y se han suspendido las vacunaciones. Mientras tanto, el conflicto sigue, los niños mueren y la situación continúa complicándose sin remedio, sin ningún tipo de esperanza en que los pequeños puedan conocer la paz.

 

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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