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Por qué la guerra en Gaza no beneficia a ningún bando

La guerra entre Israel y Hamás está en un alto al fuego humanitario de 72 horas. Si se prolonga, las negociaciones deberían empezar en El Cairo. Se alargue o no la tregua, los objetivos respectivos de Israel y Hamás son irrealizables. Ninguno de los dos bandos tiene al alcance una victoria estratégica. Desde hace dos semanas, doy vueltas en este blog a lo mismo: Israel no puede ganar y Hamás no puede perder. Cada vez está más claro.

Israel ha conseguido dos logros militares: reducir el arsenal de cohetes de Hamás y destruir los 32 túneles que sabía que existían.

Hamás también ha obtenido dos victorias: ha demostrado una capacidad militar mayor que en 2008 y 2012 -ha logrado matar a más de 60 soldados israelíes con tácticas distintas y ha lanzado más cohetes- y ha sobrevivido. En una guerra asimétrica, si el débil resiste, ya es una victoria.

Pero ninguno de los dos bandos saca nada firme y definitivo: el gobierno de Israel aspiraba con este operación a devolver la calma al sur de Israel. Pero Hamás puede mañana si quiere romper esa calma. Sería vuelta a empezar.

Los dos grandes objetivos de cada cual son imposibles sin un acuerdo mayor: Israel pide la desmilitarización de Gaza y Hamás pretende aligerar el bloqueo israelí y egipcio de sus fronteras. En una guerra normal, la diplomacia debería servir para que ambos cedieran algo y se pudiera llegar a un acuerdo más o menos definitivo. Pero este conflicto entre israelíes y palestinos no es uno cualquiera, donde cada población puede volver a sus vidas una vez alcanzada la paz.

Las vidas de todos seguirán relacionadas hasta que se llegue a un acuerdo global más definitivo sobre la ocupación. Pero eso no pasará esta vez. Ni pronto. Esta guerra de Gaza podría convertirse en un ejemplo de la gestión de los problemas entre israelíes y palestinos siempre que salgan de la calma reciente.

Los palestinos no tienen ninguna opción militar de victoria. Usan por tanto tácticas de guerrilla. Al menos tres periodistas captaron con sus cámaras cómo Hamás lanza sus cohetes desde zonas pobladas. El canal indio NDTV tiene el reportaje más evidente; se ve una tienda azul donde se esconde la preparación de un lanzamiento:

También France24 logró comprobarlo. Aquí se ve el lugar del lanzamiento con la bandera azul de Naciones Unidas al fondo:

Esta reportera también de France24 vivió también de cerca el lanzamiento de un cohete (en el minuto 2:22). La muerte de periodistas hubiera sido un escándalo mayor.

Hamás disimula además a sus militantes entre los civiles. Los más de 1.800 muertos palestinos son difíciles de distinguir porque los miembros de Hamás parecen “civiles”. Ante las críticas de por qué en Gaza solo salen imágenes de víctimas aparentemente inocentes, el fotógrafo del New York TimesTyler Hicks se defiende así: 

No puedes distinguir a los combatientes de los civiles. No llevan uniformes. Si alguien llega herido al hospital, no puedes decir si es un tendero o si es alguien que acaba de lanzar un cohete a Israel.

El debate sobre las víctimas totales y el porcentaje de civiles es por tanto importante, pero irresoluble.

Hamás usa todas estas tácticas para provocar que Israel mate a civiles y niños y el mundo lamente el horror. Pero a estas alturas Israel debería haber mejorado. Los militares se defienden y dicen que en la guerra es difícil pensar cuando te caen proyectiles. Pero no es la primera ni segunda vez que Israel se ve acusado de crímenes de este tipo. Debería aprender -si quieren- de una estrategia equivocada, como dice aquí Andrew Exum, ex militar norteamericano y hoy investigador.

El mundo recordará sobre todo que murieron cientos de niños cobijados en lugares aparentemente seguros, como escuelas de Naciones Unidas, por mucho que Israel diga que los cohetes se lanzan desde los alrededores:

En este buen artículo de 2009 cuentan cómo el uso americano de drones en Pakistán -que es preciso pero a veces indiscriminado y mata a civiles- no puede ser una estrategia a largo plazo para el gobierno norteamericano. Las operaciones que impliquen la muerte de cientos de civiles tiene un límite.

Así Hamás intenta que Israel sufra. Ahora que Israel tiene el sistema Cúpula de Hierro, los cohetes solo logran victorias económicas: cierran el aeropuerto internacional Ben Gurion y perjudican el turismo y la sensación de calma para inversores internacionales.

Pero las muertes de civiles y la desproporción es una rara victoria moral. Es otro modo de luchar. La presión internacional es un recurso. Si la guerra termina, empezará el debate sobre los crímenes de guerra. De ahí se pasará en seguida a boicots y otros castigos. Es un peligro real para un país que vive de su relación con el exterior como Israel. El viceprimer ministro británico cree, por ejemplo, que deberían suspender las exportaciones de armas:

En Israel el panorama se ve muy distinto. Nadie que no lo viva sabe qué es un día tras otro tener que bajar al sótano de casa a horas intempestivas por las sirenas. O esto otro, en palabras del periodista Jeffrey Goldberg: “Hamás es una organización dedicada a acabar con la historia judía. Esto es algo que tantos judíos entienden y tantos no judíos no”. O también:

Israel es un país pequeño, y la mayoría de sus ciudadanos conocen a alguien asesinado por Hamás en sus extensas campañas de atentados suicidas; y la mayoría de la población sabe que si Hamás pudiera, también los mataría.

Estas frases sirven para entender mejor cómo se vive la guerra de Gaza desde Israel. (También, claro, permiten imaginar qué creen y cómo deben sentirse los palestinos tras décadas de ocupación.) La tensión y la rabia en Israel han hecho que la calidad de la democracia israelí se vea perjudicada y por tanto debilitada. La disensión es hoy más difícil. En este otro link, hay más ejemplos. 

Israel sabe que la opción militar es necesaria, pero sirve solo a corto plazo. El gobierno no parece tener ninguna estrategia de largo plazo más allá de alargar el statu quo. En El Cairo solo pueden negociar para que pase el tiempo. Pero Hamás puede decidir pronto que no le merece la pena Y más cohetes.

RELACIONADO: Por qué parece que hay cada vez más conflictos

El gobierno de Netanyahu cree que ha asustado suficiente a Hamás como para que no lo vuelva a intentar. Tiene a su favor que 2013 -después de la operación Pilar de Defensa de 2012- fue el año con menos cohetes desde 2003. Pero en el acuerdo de 2012, Israel ofreció ventajas a Hamás que luego no acabó de cumplir. Hamás no ha olvidado.

La disuasión sí funcionó en Líbano en 2006. Desde aquella guerra, Hezbolá no ha atacado en serio a Israel. Pero Hezbolá ya tiene problemas y recursos propios en Líbano y ahora en Siria. Para Hamás todo depende de Israel.

El futuro no tiene tampoco un aspecto de esperanza. La resistencia de Hamás no va a abandonar. Un portavoz de la organización dice desde El Cairo que la rama política podría llegar a acuerdos con la Autoridad Palestina, pero la rama militar -las brigadas Al Qassam- tiene vida propia.

En Israel, un sondeo de estos días da a los partidos de derechas 56 escaños -ahora tienen 43- y a los de izquierdas, 48 -ahora tienen 59. Esta hipotética victoria de la derecha aumentaría si Hamás lanzara cohetes tras un presunto acuero de alto al fuego más definitivo. La presión para “acabar con ellos” sería mayor. La periodista Sheera Frenkel dice que la mayoría de soldados que salían de Gaza esta semana pensaban que el trabajo no estaba terminado:

Estas son las minivictorias que ha dado -de momento- esta guerra. Es evidente que nadie gana y que solo pierde, de nuevo, la convivencia. Ni siquiera se puede decir que pierda “la paz”, que queda tan lejos.

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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