Jerad y Amanda Miller imaginaron muchas veces ir fuertemente armados y disparando a diestra y siniestra para erradicar el orden establecido e iniciar una “revolución” como ellos mismos la denominaron. Pero no se trató de un alzamiento en contra de una fuerza invasora o contra un sistema dictatorial.
Lo que los Miller hicieron fue emboscar y matar a dos oficiales de policía en Las Vegas el domingo pasado y luego entraron a un Walmart, donde mataron a un cliente y, al parecer, se suicidaron. No desataron ninguna revolución y sus acciones quedaron en el ámbito de lo criminal y la tragedia y no, como quizá ellos imaginaron, en el de lo heroico y libertario.
Pero el drama del domingo pasado en Las Vegas, según medios como ‘Las Vegas Review-Journal’ y ‘Lafayette Journal & Courier{, tuvo una larga gestación que puede constatarse en las páginas de redes sociales del matrimonio Miller. Allí expresaron no solo sus teorías conspiratorias sobre la ´tiranía’ del gobierno federal y su fervor por las armas de fuego, propias de ciertos grupos de extrema derecha, sino que hicieron saber muy claramente su disposición a, en un momento dado, entrar en acción de manera violenta.
Así, por ejemplo, el último mensaje que Jerad Miller, de 31 años, escribió en su página de Facebook, un día antes de desatar el tiroteo y los asesinatos, reza: “El amanecer de un nuevo día. Ojalá todos nuestros sacrificios valgan la pena”. A juzgar por mensajes como ese y otros en sus cuentas de redes sociales, los Miller realmente se creían luchadores en justa rebeldía contra un sistema opresivo, aunque tal percepción distorsionada estuviera más bien fundada en una ideología tóxica.
Unos días antes, el 2 de junio, Jerad Miller colocó en su página de Facebook una suerte de manifiesto o testamento, en el que indica que a sus destinatarios, reales o ficticios, que deben prepararse para la guerra, que la opresión que según él pesa sobre la sociedad solo puede detenerse con un baño de sangre y que los mejores hombres de la nación deben alzarse contra esa tiranía sin miedo ni remordimiento. Señala también que con su sangre ofrecerá a los niños un mejor futuro de libertad, verdad y felicidad. Un discurso que se hace eco de hazañas y movimientos libertarios del pasado pero que, en su condición actual, resultó un espejismo, un delirio criminal.
Meses atrás, Amanda Miller, de 22 años, quien al parecer compartía plenamente las ideas de su marido y murió con él perpetrando su ataque, escribió en Facebook una amenaza que hoy se percibe con todo su rigor: “A la gente del mundo… tienen suerte de que no puedo matarlos ahora, pero recuerden que un día… el infierno se desatará y estaré en medio de él con una escopeta en una mano y una pistola en la otra”. En dibujos colocados en las redes sociales se pintaban como soldados avanzando en un frente de batalla, pero –curiosamente- como se ve en uno de los dibujos colocados por Amanda Miller en su página web, a su ‘guerra’ portan cascos tipo militar pero solo una pistola cada uno, una mezcla de fragilidad y determinación. Ante esas imágenes es difícil suponer que, en su lógica de que enfrentan a un enemigo poderoso y temible, pudieran estar participando en algo distinto a una misión desesperanzada y suicida. Pero aunque las redes sociales dan esbozos de su psicología, no hay ya manera de conocer a fondo lo que pasaba por su mente.
La información disponible parece coincidir con estas amenazas en el sentido de que los Miller planearon largamente su ataque y que incluso lo habían ya asumido como una suerte de martirio. Según el periódico ‘Las Vegas Review-Journal’, oficiales de policía cercanos a la investigación han dicho que los Miller dijeron a vecinos que iban a matar policías y que el matrimonio sabía que era una acción suicida.
Con todo, junto a las amenazas y las imágenes histéricas que abundan en los post de los Miller en Facebook también hay fotos de las fiestas de Navidad con su familia, de su mudanza de Indiana a Las Vegas y otros momentos que los hacen ver como una pareja común. Ni siquiera era miembros de grupos u organizaciones consideradas peligrosas, como las que monitorea el grupo Southern Poverty Law Center, que estudia a los movimientos extremistas en Estados Unidos.
Así, la gran pregunta que deja la lectura de las páginas de Facebook de los Miller es cómo valorar a tiempo, y quién puede hacerlo, si las personas que evidencian actitudes y mensajes de ideologías ásperas o amenazantes han cruzado la frontera y entran en la tierra del crimen.
