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Las riesgosas travesías de los cubanos hasta EEUU

Las historias de la ingeniosidad de los cubanos ocupan siempre un capítulo en las guías turísticas de la isla. Europeos y norteamericanos contemplan con asombro los viejos automóviles y se maravillan ante los negocios que surgen en el país caribeño para sobrevivir a la eterna crisis. Esa inventiva también ha tejido dramas y finales felices en la emigración hacia Estados Unidos. 

Una caja humana

En 2004 Sandra de los Santos, una estudiante de la Universidad de La Habana, sorprendió a los empleados de la empresa de mensajería DHL, en el Aeropuerto Internacional de Miami. La joven apareció como por arte de magia en un área de carga donde se amontonaban paquetes provenientes de Bahamas.

La muchacha había viajado desde Nassau dentro de una caja de madera, originalmente diseñada para transportar motores de barcos. En esa última parte de su aventura tuvo que soportar las frías temperaturas durante el vuelo y hasta seis horas en tan incómoda postura, desde el momento en que un amigo la ayudó a despacharse rumbo a la Florida.

En 2005 las autoridades estadounidenses le concedieron el asilo político, por temor a las represalias que de los Santos sufriría a su regreso a la isla. Normalmente los polizones no pueden acogerse a los beneficios de la Ley de Ajuste Cubano. El sacrificio de cuatro años de ahorros en Cuba y la incertidumbre de tres meses en Bahamas valió finalmente la pena para esta cubana.

Vida y muerte en el tren de aterrizaje

No menos desconcierto experimentaron seguramente los empleados del aeropuerto internacional de Montreal, en Canadá, cuando encontraron a Víctor Álvarez, un trabajador de la terminal aérea de La Habana. Según las versiones iniciales, el hombre de 20 años había hecho la travesía en el tren de aterrizaje de un avión DC-10, de Cubana de Aviación.

Otro cubano con igual suerte fue Armando Socarrás, que en 1969 sobrevivió al vuelo La Habana-Madrid en una aeronave DC-8 de Iberia. En cambio su compañero, Jorge Pérez, de apenas 16 años, murió a causa de las gélidas temperaturas. El sobreviviente de aquel primer intento de surcar el Atlántico como polizón vive hoy en Estados Unidos, gracias a una operación de los servicios secretos españoles para evitar su repatriación.

La lista de muertos en episodios similares incluye a Alexis Hernández, José Manuel Acevedo, Félix Julián García, Roberto García, Alberto Esteban Vázquez, Maikel Fonseca, Wilfredo D. y Adonis Guerrero, todos fallecidos en aviones que conectaban a La Habana con destinos europeos. Más que ingenio, estos casos revelan el peor desenlace cuando se mezclan la desesperación y el desconocimiento.

Los “camionautas”

En el camino hacia Estados Unidos a través del Estrecho de la Florida, los cubanos han derrochado creatividad y persistencia. Ese brazo de mar que separa a la comunidad exiliada de sus familiares está tatuado también con la tragedia de quienes han sucumbido antes de pisar tierra firme.

Los “camionautas”, como conocen a Luis Grass y Marcial Basanta, ganaron fama mundial en 2003 cuando los guardacostas estadounidenses interceptaron su extravagante embarcación: un camión Chevrolet del año 1951, adaptado como una lancha. Según el testimonio de Grass a una televisora de Miami, el artefacto burló la vigilancia de las autoridades de la isla, que no creyeron en la posibilidad de transformar un vehículo en embarcación.

Grass y Basanta repitieron la travesía en 2004 a bordo de un automóvil marca Buick, de 1959. Aunque tampoco pudieron llegar a la costa estadounidense en esa ocasión, el empeño por escapar de Cuba dio frutos finalmente. Ambos construyeron después una réplica del Chevrolet, que ahora se exhibe en una agencia de autos de la ciudad de Miami.

En otra hazaña de la mecánica y la navegación, Rafael Díaz atravesó tres veces el mar hasta que Estados Unidos le concedió refugio en 2005. Díaz, mecánico de profesión, había transformado un Buick de 1947, un Buick de 1959 y finalmente un Mercury de 1948, pero en todos los intentos la guardia costera interceptó la improvisada embarcación antes de tocar la costa norteamericana y repatrió a los “balseros del taxi”.

Viento en popa, hacia la Florida

La proeza más reciente de los balseros cubanos ocurrió en febrero pasado. Tres jóvenes cruzaron el Estrecho de la Florida en tablas de vela. Dos de ellos, Henry Vergara y Jorge Martínez, llegaron a salvo a las costas de Estados Unidos, el primero tras un viaje de apenas nueve horas. Menos afortunado, el otro participante en la aventura fue rescatado por los guardacostas y devuelto a la isla.

Una historia semejante no se repetía desde 1994, cuando dos cubanos hicieron el viaje en tablas de windsurf, en medio del éxodo de los balseros que conmovió a la isla. Quizás otros también lo hayan intentado, pero sus nombres desaparecieron en el mar.

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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