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Mujeres contra mujeres

La mayoría de nosotras seguramente haya sobrevivido al menos a una mujer malvada en su vida. En el colegio, en la universidad o en el trabajo, experimentamos el acoso social o psicológico de una “Maléfica”.

La creencia de que somos más crueles entre nosotras que los varones entre ellos, es absolutamente cierta, de acuerdo con los especialistas. En 15 años de terapia psicológica, Seth Meyers afirma convencido en la revista Psychology Today que las mujeres son más críticas unas de otras, que los hombres entre sí.

Las “chicas malas” tienen fama. Por algo debe de ser que hay tantas películas que reflejan la maldad entre las colegialas.

Lejos de la ficción, un estudio de la Universidad Cornell, publicado en 2013 en la revista científicaJournal of Social and Personal Relationships, reveló que en la escuela somos menos propensas a ser amigas de las chicas sexualmente activas. Está claro, según los autores, que imponemos un duro juicio sobre estas personas. Pamela Madsen, educadora sexual y fundadora de la Asociación Americana de Fertilidad, se pregunta en Psychology Today: “Cuando juzgamos a otra mujer basándonos en su expresión sexual, ¿es esta una señal de que estamos viviendo en el miedo y la crítica de nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad?”.

Cuando crecemos, parecería que no maduráramos en este sentido, sino que nos volvemos peores. Susan Tardanico, CEO de Authentic Leadership Alliance, una consultora sobre liderazgo y comunicación, señala en la revista Forbes que un amplio abanico de estudios revela que las mujeres tratan a sus pares líderes con menos respeto que a los varones, y que son dos veces más propensas a rechazar el trabajo que proviene de una mujer que de un hombre.

En 2009, un relevamiento de Development Dimensions International indagó en los motivos por los cuales las mujeres no alcanzan los puestos ejecutivos de las organizaciones, y encontró que, entre otras cosas, se debe a la competencia entre ellas. Por ejemplo, no comparten la información sobre oportunidades de crecimiento y tampoco se apoyan cuando una de ellas consigue un ascenso. En pocas palabras, somos nuestro peor enemigo.

Motivos de fondo

Existen varias teorías que intentan explicar esta agresividad entre las mujeres. La Lic. Mariela Govea, psicoanalista, sexóloga y presidenta del Círculo Latinoamericano de Sexualidad Femenina, destaca aYahoo Mujer que, en su opinión, “el motivo oculto detrás de la hostilidad es la competencia”.

Esta se remonta incluso a la época de las cavernas, cuando las mujeres defendían a sus crías y “luchaban” entre ellas para conseguir al mejor macho de la especie, atraerlo y conquistarlo. “Por otra parte, la sociedad promueve la imagen de la mujer exitosa, que no está mal. Lo que creo es que hay que cambiar la hostilidad por firmeza, y mensajes claros y directos”, añade Govea.

Cuenta que, con bastante frecuencia, escucha en su consultorio los relatos de mujeres exitosas que confiesan que son agresivas con las chicas que tienen a su cargo y que no saben cómo manejarlo. “Lo que ellas quieren es subrayar quién tiene el poder. En realidad, esta conducta demuestra una inseguridad pronunciada y suele aparecer con frecuencia en organizaciones de tipo vertical en las cuales, muchas veces, las mujeres se identifican con los hombres y creen que van a obtener mejores resultados a través de la hostilidad, cuando es todo lo contrario”, advierte la experta.

Govea amplía que varones y mujeres tenemos estilos distintos de hostilidad: ellos son más confrontativos, mientras que nosotras recurrimos a la poderosa arma de la “agresividad relacional”. Esta es una agresión encubierta, tan sigilosa y venenosa como una serpiente, que puede adoptar distintas formas: desde bullying, hasta exclusión y abuso psicológico.

¿Cómo salir de esta feroz competencia entre nosotras?

El primer paso, según la especialista entrevistada, es tomar conciencia de la situación y de nuestras inseguridades. Segundo, entender una regla muy sencilla: “Todos formamos parte de una red invisible, una comunidad en expansión, y como seres sociales necesitamos la colaboración y el apoyo de las personas que nos rodean, sin discriminar”.

“Las mujeres cooperamos con otras desde épocas inmemoriales. Esto se ve claramente en las organizaciones horizontales. El mundo necesita de este tipo de energía femenina, una energía de mujeres solidarias, que apuestan al cambio y que son agentes de transformación de la sociedad”, concluye Govea.

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Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

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