Cargando fecha y hora...

¿Qué hacer si tu hijo exige demasiado de si mismo?

“¡Mi hijo tiene aptitudes y por eso lo estimulo para que haga aquello que le gusta!”. A simple vista este comentario parece positivo, porque cualquiera de nosotros desea que su hijo crezca y pueda encontrar en la vida aquella carrera que lo vuelva exitoso. Jugar al tenis, bailar, actuar o escribir, ¿a quién no le atrae la idea de que sea el mejor?

Sin embargo, un niño puede tomarlo como una actividad de disfrute y entretenimiento o realmente comenzar una carrera que cada vez implicará más exigencias para seguir escalando posiciones. El problema es cuando comienza a pasarla mal.

¿Qué posición debemos tomar como padres? ¿Puede ser que se nos vayan de las manos estos hijos talentosos? “¡Claro que si!”, explica la Licenciada Rosina A. Duarte, Psicóloga Especialista en Crianza, que trabaja en el Centro Pediátrico Urquiza y la Asociación Civil Argentina de Puericultura. “Porque la familia entra en algo que no imaginó al principio. Cada vez lo va envolviendo una demanda mayor y quieren que el niño cumpla con todo; entonces, terminan por marearse”.

¿Pero qué sucede si al chico le gusta y a la vez vemos que sufre?

“Un nene no puede tener la responsabilidad, ni la capacidad de elegir nada. En general, cuando hay una situación de este tipo es porque los padres en el fondo sienten que brillan a través de su hijo. Por eso no hay que perder el eje y pensar que sigue siendo un niño, aunque a veces se desenvuelva como alguien mayor o sea muy talentoso. De lo contrario, lo estamos empujando hacia el camino de la autoexigencia”.

¿No puede ser feliz un chico que hace una actividad exigente que él mismo elige?

“No, no puede ser feliz cuando no hay una armonía o un equilibrio entre lo que elige y con los otros aspectos de su vida. Si su humor se trastoca o se pone mal, el niño no es feliz porque hay una contradicción. Por otra parte, la exigencia en edades tempranas sale de algún lado. Puede tener un gusto, un hobby o un interés, pero para que se transforme en una obsesión o exigencia es porque hay una proyección de los padres. El chico quizá lo hace para satisfacer la mirada del otro. ¿Hasta qué punto es para él mismo lo que está haciendo?”

Entonces, ¿cómo debemos actuar si no queremos censurar esa pasión?

“Hay que poner un límite. Los niños dan señales. Si realmente es su pasión los papás lo verán feliz, disfrutando de lo que hace. Uno cuando está conectado con su hijo se da cuenta de la vibra que irradia. Un adulto sabe qué cantidad de horas debe dormir un chico, cuándo debe jugar o cuándo, estudiar. Entonces es donde hay que elegir. Porque cuando el pequeño termina cansado y fastidioso es porque no puede solo. Está quemando etapas. Los padres son los encargados de cubrir sus necesidades básicas”.

¿No está bien alentarlo cuando vemos que está exhausto o se deprime?

“No creo que llegue a deprimirse si nos ocupamos a tiempo; más bien pasa por una situación estresante. Lo que necesita es fomentar otro espacio en el que pueda disfrutar sin exigencias. Por ejemplo, un curso de dibujo o alguna otra actividad que no tenga que ver con lo que hace habitualmente. A veces, también un tratamiento terapéutico es bueno, pero más que nada con los padres, para que funcione como una orientación”.

¿Qué consecuencias puede sufrir un chico autoexigente si no le prestamos atención?

“Frustración, sensación de infelicidad. ¿Qué pasa con las otras áreas de su vida? ¿Y los vínculos? ¿Y la parte emocional? La autoexigencia es sinónimo de nada de tolerancia a la frustración y eso lo hace sufrir”.

¿Qué sucede si el chico realmente se destaca pero no es el mejor y eso lo pone mal? “ En realidad tiene que haber un trabajo previo, de toda la vida, por parte de los padres, alentando y fortaleciendo su autoestima. Hay que estimular su actitud por animarse a participar de este tipo de pasión, pero no para que sea el mejor o para que gane.

Si el trabajo no se realiza poco a poco, desde que es pequeño, esto puede surgir en algún momento y traer frustración, enojo, angustia y bronca. De todas maneras, aunque le va a llevar más tiempo, puede aprenderlo en cualquier momento de su vida. Claro que si se comienza de chico es más sencillo. Hay que trasmitirle que con esfuerzo todo es posible”.

¿Y qué pasa si no alcanza el nivel en lo que hace? ¿Debemos estimularlo a que cambie de actividad?

“No, debemos insistir desde el lugar de que es bueno seguir aprendiendo. Hasta podemos ponernos de ejemplo, compartiendo experiencias propias. Es fundamental trasmitir los valores del esfuerzo del trabajo. Valorar la actitud ante todo. La vida es ensayo y error, y el error es humano. Pero si nos cuesta comprenderlo a los adultos, más aún a un niño. No hay que pretender que lo aprenda de la noche a la mañana. Si el malestar perdura, lo mejor es que los padres hagan una consulta profesional”.

 

Etiquetas de la Noticia :

Bruce Villatoro Prensa QuienOpina.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Recientes:

Scroll al inicio