Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – Honduras podría entrar en una de las etapas climáticas más delicadas de los últimos años. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño amenaza con profundizar la sequía, golpear la producción agrícola y reducir drásticamente las lluvias en regiones donde miles de familias dependen directamente del agua para sembrar, producir alimentos y sostener sus hogares.
El experto en Hidrología y Cambio Climático, Wilmer Reyes, advirtió que el fenómeno continuará intensificándose y podría alcanzar sus mayores niveles entre noviembre y diciembre. Según explicó, existe una probabilidad superior al 60% de que evolucione hacia uno de los episodios de mayor intensidad, mientras las condiciones actuales apuntan a una elevada posibilidad de que continúe fortaleciéndose.
El escenario abre una señal de alerta para Honduras porque El Niño altera la circulación atmosférica como consecuencia del calentamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial. Sus efectos pueden mantenerse durante varios meses, prolongando períodos secos y alterando de manera significativa los patrones normales de precipitación.
Honduras enfrenta un fuerte déficit hídrico
Las proyecciones expuestas por Reyes indican que el país podría cerrar su ciclo hídrico con una reducción de entre 35% y 69% en las precipitaciones, una caída capaz de transformar rápidamente un problema meteorológico en una emergencia agrícola, económica y social.
El impacto podría sentirse con especial dureza en el Corredor Seco de Honduras, donde algunas zonas podrían registrar déficits cercanos al 70% de las lluvias esperadas. Territorios acostumbrados a recibir alrededor de 700 milímetros de precipitación podrían terminar acumulando solamente entre 200 y 300 milímetros.
Una disminución de esa magnitud significa mucho más que campos secos. Representa menos agua para cultivos, menor disponibilidad para consumo humano, presión sobre las fuentes comunitarias y mayores riesgos para la seguridad alimentaria, especialmente en municipios donde la agricultura de subsistencia continúa siendo el principal sustento familiar.
Reyes considera que el desafío nacional no debe limitarse a responder cuando la sequía ya provocó pérdidas. La prioridad, sostuvo, debe ser anticiparse mediante planificación climática, utilizando pronósticos científicos para activar estrategias de prevención antes de que el deterioro llegue a las parcelas y hogares.
“Hay que llegar antes que el hambre a la parcela, al hogar y a la familia”, expresó el especialista al advertir sobre la necesidad de preparar con anticipación mecanismos de seguridad alimentaria y protección para las comunidades más vulnerables.
La lluvia no siempre significa que terminó la sequía
Otro punto clave es que una lluvia ocasional no necesariamente representa recuperación. Una comunidad puede recibir precipitaciones después de varias semanas secas y continuar enfrentando una crisis porque los agricultores perdieron previamente la oportunidad de sembrar o porque los cultivos ya sufrieron daños irreversibles.
Por esa razón, Reyes cuestionó que las alertas se construyan únicamente utilizando parámetros meteorológicos. Considera indispensable incorporar las condiciones sociales, agrícolas y económicas de cada territorio, porque la vulnerabilidad no desaparece automáticamente cuando vuelven las lluvias.
Hasta 80% del territorio podría volverse más árido
La advertencia va todavía más lejos. Sin políticas estructurales de adaptación, protección de fuentes de agua, manejo de cuencas y transformación de los sistemas productivos, el especialista estima que en menos de 15 años cerca del 80% del territorio hondureño podría experimentar condiciones considerablemente más áridas.
Eso significaría una expansión progresiva de características similares a las que actualmente enfrenta el Corredor Seco, colocando bajo presión regiones que históricamente han contado con mayores niveles de humedad.
El fenómeno de El Niño vuelve así a colocar sobre la mesa una discusión que Honduras ya no puede postergar: el cambio climático exige prevención, inversión y decisiones basadas en información científica, no únicamente respuestas cuando las pérdidas ya son visibles.
El reto será llegar antes de que falte el agua, antes de que se pierdan las cosechas y, sobre todo, antes de que la sequía llegue convertida en hambre a miles de hogares hondureños. —Redacción Omar Z.


