Un torrente radioactivo fluye en Estados Unidos de modo creciente, y continuará por los próximos años. Se trata del combustible de uranio gastado que los reactores de las plantas nucleares de electricidad del país deberán retirar de sus instalaciones y que, al continuar siendo radioactivo y potencialmente peligroso, es imperativo almacenar de modo seguro por, literalmente, miles y miles de años.
El problema es que actualmente la infraestructura sería insuficiente para almacenar la acumulación de 2,200 toneladas de combustible nuclear gastado que, según datos de la Oficina de Fiscalización Gubernamental (OFG), se producen al año, en promedio, en Estados Unidos.
Por añadidura, como sugiere un estudio realizado por la mencionada oficina, tampoco existe una actitud favorable en la opinión pública y en la sociedad estadounidense, ni tampoco lineamientos suficientes avalados por el Congreso que permitan avanzar en el establecimiento de la infraestructura necesaria para asegurar y almacenar las ingentes cantidades de residuos nucleares comerciales del país. Se estima que en los próximos 50 años se generarán 139,000 toneladas de combustibles nucleares de desecho que requerirán un lugar donde yacer por muchos, muchos años.
Pero, ¿a qué comunidad le agrada la idea de que en sus cercanías se construya un ‘cementerio nuclear’? ¿Qué político estará dispuesto a aprobar normas para ello a sabiendas que podría costarle el voto de sus electores? ¿Cómo saber si una infraestructura, dedicada a operar durante milenios, será realmente segura y no causará trastornos en el futuro en caso de eventualidades? Esas son interrogantes que surgen del análisis del tema y que no resultan menores.
De acuerdo a la OFC, el gobierno federal tiene obligaciones contractuales con los propietarios y operadores de plantas eléctricas nucleares para disponer de esos desechos, pero muchas veces no lo hace y por ello debe pagar los costos que esas entidades han incurrido en el manejo de sus residuos. Y, al parecer, esa responsabilidad federal continuará por muchos años, potencialmente hasta el año 2071 con costos de $21,400 millones. Tan solo al final de 2013 el gobierno reembolsó $3,700 millones en relación a esos gastos luego de que las compañías demandaron legalmente una compensación económica.
Actualmente, el combustible nuclear de desecho, indica la OFC, es almacenado dentro de grandes depósitos de agua, pero una vez que estas piscinas de contención llegan al tope de su capacidad, el material radioactivo es almacenado en seco, en recipientes de acero revestidos de concreto. A la fecha hay 75 sitios en 33 estados donde se almacena este combustible nuclear de desecho, que suma unas 72,000 toneladas. Pero no existe un gran cementerio nuclear final para esos residuos comerciales en el país.
Sin embargo, de acuerdo a la OFC sería conveniente establecer normas y políticas específicas para atender este asunto, y para ello será necesario que el Congreso actúe en la materia. Pero no está claro si actualmente existe la disposición para ello y cuáles serían los tiempos de esas decisiones y la reacción pública ante ellas. Para dar un contexto, el proyecto de gran cementerio nuclear subterráneo de Yucca Mountain, Nevada (a unas 100 millas de Las Vegas), que se ha analizado y discutido por décadas, incluso vía legislación, no acaba de definirse y está paralizado.
Así, el estudio de la OFC indica que será necesario realizar esfuerzos importantes de información y concientización para que la sociedad y los gobiernos comprendan las realidades, detalles, beneficios y riesgos del manejo de combustibles nucleares de desecho en el país de modo que la población pueda aceptar y apoyar las políticas que se definan al respecto.
Esto no es poca cosa si se consideran, por ejemplo, las fuertes polémicas y tensiones políticas causadas por el proyecto de oleoducto Keystone XL, que ciertamente tiene un nivel de posibles impactos nocivos al medioambiente, pero que es de una escala diferente al asunto de la radioactividad. Si ese proyecto ha suscitado tal crispación, ¿qué clase de controversias y atorones podría suscitar un nuevo plan a gran escala para crear fosas para residuos nucleares en el país, considerando que el proyecto de Yucca Mountain se encuentra paralizado?
Lo cierto es que, es de suponer, nadie quiere tener de vecino un montón de material radioactivo, así esté bien sepultado en concreto y nominalmente aislado. Pero algo habrá que hacer para disponer de las montañas de combustible nuclear desechado que fluirán sin tregua en los próximos años.
