Una de las tantas consecuencias que suceden tras un fracaso amoroso es el estado de vulnerabilidad en el que deja a quienes lo sufren.
Es como si, de repente, sus víctimas se convirtieran en una camada de gatitos bebés que quedara huérfana y desamparada en medio de un callejón oscuro. ¿Quién les enseñará a alimentarse por sí mismos, a defenderse o huir de los peligros que los acechan? Lo mismo sucede con quienes quieren superar al desamor y volver a salir con otros individuos.
Regresar al mundo de las citas es una decisión difícil y arriesgada, sobre todo porque no necesariamente se está listo para ello. De hecho, el principal peligro que enfrentan aquellas personas que acaban de salir de un noviazgo o relación es que son blancos fáciles para el abuso y a la mala voluntad de otros.
Por ello se debe tener mucho cuidado al momento de seleccionar candidato, sobre todo porque hay que recordar que, después de la ruptura, la autoestima se encuentra particularmente hambrienta de aceptación y puede favorecer a que se confundan tanto las señales como las verdaderas intenciones del otro.
El filtro con el que juzgamos a las personas se vuelve laxo y no podemos confiar mucho en él; sin embargo, sí podemos encomendarnos a la realidad y a las acciones que se despliegan frente a nosotros.
Ante esta situación lo mejor es practicar la tolerancia cero, es decir, no permitir ni la menor ofensa hacia nuestras personas respecto a un nuevo prospecto.
Al ser consciente de que uno no se encuentra con la misma fuerza anímica y tomando en cuenta que la desesperación sentimental lo pudo haber orillado a salir con alguien con el que nunca se imaginó, los comportamientos negativos a los que podamos estar expuestos son sencillos de identificar. Desde la forma en la que se dirigen a uno hasta los detalles y las muestras de interés que puedan —o no— existir, el secreto está en que ante la primera señal de alarma, el primer error, la primera situación con la que no se está cómodo es suficiente para mandar a volar a esa persona.
Sin remordimientos ni tapujos, sin excepciones ni explicaciones, no hay que volver a tomarle una llamada ni contestar un mensaje de texto. De preferencia, es mejor remover a la persona de toda red social y no tener contacto con ella en absoluto.
Quizá suene drástico, pero es indispensable pensar, antes que cualquier otra cosa, en nuestra salud emocional. Las lesiones que dejó la relación pasada no cicatrizarán mientras se siga jugando con ellas, en especial frente a un nuevo desamor. Las equivocaciones son normales en toda relación, pero ante la falta de criterio para diferenciar las reales de las triviales, lo ideal es no exponerse.
El camino al fortalecimiento de la autoestima es el de no dejarse manipular o amedrentar, más allá de recibir una invitación o un halago por parte de un nuevo pretendiente. Ya en un futuro, cuando los círculos se hayan cerrado, el pasado se olvide y los rencores cesen, podremos experimentar una vez más.
Mientras tanto, la guardia siempre arriba y lista para esquivar cualquier intento de ataque romántico. Debo anticipar que no será fácil, pero con un poco de fuerza de voluntad y los pantalones bien puestos, la política de tolerancia cero es una gran herramienta para poder volver a amar… sí, aunque suena contradictorio.
¿Qué te parece? ¿Qué has hecho para superar un fracaso amoroso? Cuéntanos tu historia.
