Años y años temiendo por su vida, sabiendo que cualquier palabra equivocada, cualquier mínimo detalle podía conducirle directamente a la muerte. Una década trabajando como agente doble; yihadista por un lado, espía para la CIA por el otro. Un periodo que parece que el agente Storm ya ha dejado atrás y por eso ahora cuenta su experiencia en un libro que seguro que no ha gustado a ninguno de sus antiguos camaradas.
En él, este danés cuenta cómo un chico normal de un pueblo pequeño terminó siendo una persona muy cercana de líderes de Al Qaeda, hasta la traición final y su colaboración con las agencias de inteligencia occidentales.
«Tuve que usar diferentes nombres, diferentes personalidades. Era Morten Storm, Murad Storm, Abu Osama y Abu Mujahid. Durante una década estuve de ida y vuelta entre dos mundos y dos identidades. Viajé entre el ateísmo y la línea dura del Islam, entre el inglés y el árabe”, cuenta tanto en el libro como en una charla con el periodista Nic Robertson de la CNN.
El cómo llegó a esta situación no es difícil de explicar. Tras una infancia complicada, con la ausencia de su padre como telón de fondo, pronto vinieron los problemas. En la adolescencia cometió delitos de robo a mano armada que le llevaron directamente a la cárcel cuando tenía 18 años. Cuando salió, se interesó por un libro sobre Mahoma que vio en la biblioteca.
Decidió viajar a Yemen, aprendió árabe y una estricta interpretación del Islam. Allí conoció al clérigo Anwar al-Awlaki, objetivo estadounidense y miembro clave de Al Qaeda, con el que desde el principio hubo muy buena relación. La vuelta atrás en este momento parecía imposible…
Pero ocurrió. Storm estaba preparado para viajar a Somalia para unirse a los yihadistas cuando una llamada de última hora iba a cambiar todo. Le dijeron que no fuese, que la situación en el terreno se había vuelto peligrosa. Y comenzaron las dudas en la mente del danés, que empezó a buscar y ver las contradicciones del Islam.
«Me llevó un tiempo investigar, pero una vez que llegué a la conclusión de que eran contradicciones, se limpió totalmente mi fe. Ahí fue cuando dejé de ser un musulmán de corazón”, revela.
También fue el momento en el que decidió unirse al otro bando, determinado a combatir el extremismo. Primero ayudando a los servicios de inteligencia daneses, más tarde a la CIA. Acababa de empezar su doble vida.
Una doble vida que tuvo momentos de extrema dificultad, como por ejemplo cuando Anwar al-Awlaki le pidió que le encontrase una esposa europea. El objetivo era usar a esta mujer para localizar y matar al líder de Al Qaeda, pero las cosas no salieron bien. Ella llevaba un dispositivo de localización en la maleta, pero el extremista la obligó a deshacerse del equipaje antes de estar con él. La furia de la CIA fue tremenda contra Storm.
«Los estadounidenses se negaron a hablar conmigo durante 6 meses», desvela.
Tras varias operaciones con ellos, finalmente las relaciones con las dos agencias de inteligencia –la danesa y la estadounidense- se empezaron a deteriorar rápidamente y el doble agente dejó de colaborar con ambas y decidió contar en un libro su historia.
Pero ahora le queda la parte más difícil: seguir con vida. Los islamistas quieren acabar con él e incluso en un video del ISIS del año pasado se ve cómo le disparaban a una foto en la pared con su cara. Una vida de incógnito es lo que le espera al agente Storm.
