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Congreso crea crisis al congelar reformas electorales

Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – El Congreso Nacional vuelve a encender las alarmas al mantener congeladas las reformas electorales, mientras las principales fuerzas políticas se refugian en el argumento de que no existen los votos necesarios para cambiar un sistema que durante años ha provocado desconfianza, confrontación y profundas crisis nacionales.

El problema ya no es solamente jurídico ni técnico. Es político. Los diputados que prometieron transformar las reglas electorales ahora guardan silencio, aplazan el debate o esconden su falta de voluntad detrás de una aritmética legislativa que únicamente parece funcionar cuando están en juego sus propios intereses.

Una promesa que comienza a oler a engaño

Durante las campañas electorales, numerosos candidatos hablaron de transparencia, democracia, modernización institucional y respeto a la voluntad popular.

Una vez instalados en el poder, esas promesas comenzaron a perder urgencia.

Las reformas electorales dejaron de ocupar los primeros lugares de la agenda, pese a que Honduras sigue arrastrando problemas que han alimentado sospechas, denuncias, disputas políticas y cuestionamientos sobre la credibilidad de los procesos electorales.

El Congreso parece cómodo administrando un sistema débil mientras las consecuencias las paga la ciudadanía.

La ausencia de reformas beneficia a quienes ya conocen las grietas del modelo, controlan estructuras partidarias y saben cómo moverse dentro de reglas diseñadas por la propia clase política.

Los votos aparecen cuando el poder los necesita

La excusa de que no existen los votos necesarios resulta cada vez más difícil de sostener.

En el Congreso Nacional, los acuerdos aparecen cuando una iniciativa favorece a las cúpulas partidarias, protege cuotas de poder, distribuye espacios institucionales o responde a intereses políticos inmediatos.

Cuando se trata de fortalecer la democracia, garantizar elecciones confiables o reducir la incertidumbre ciudadana, los consensos desaparecen misteriosamente.

No faltan votos. Falta voluntad política.

El Congreso ha demostrado que puede negociar, pactar y construir mayorías cuando el tema despierta el interés de las principales bancadas. Por eso, responsabilizar únicamente a la falta de números es una manera de evadir el fondo del problema.

La pregunta que incomoda es directa: ¿quién gana manteniendo intacto el actual sistema electoral?

El calendario corre mientras los diputados calculan

Las reformas de mayor profundidad necesitan ser aprobadas en una legislatura y ratificadas en la siguiente.

Eso obliga a iniciar el debate con anticipación.

Cada día de retraso reduce el margen para introducir cambios antes de un nuevo proceso electoral. Sin embargo, el Legislativo continúa actuando como si el país tuviera tiempo infinito y como si las crisis políticas anteriores no hubieran dejado suficientes advertencias.

Honduras no puede esperar a que estalle otro conflicto para comenzar a discutir soluciones.

Pero esa parece ser la costumbre institucional: ignorar el problema mientras no amenace directamente la estabilidad de quienes ocupan el poder.

Un Congreso que legisla de espaldas al riesgo nacional

La paralización de las reformas deja al descubierto una peligrosa falta de responsabilidad.

Los diputados no pueden presentarse como defensores de la democracia mientras se niegan a revisar las reglas que sostienen el sistema electoral.

Tampoco pueden exigir confianza ciudadana si mantienen sin respuesta una de las demandas más importantes para garantizar estabilidad política.

La credibilidad no se construye con discursos dentro del hemiciclo. Se construye aprobando cambios capaces de impedir que Honduras vuelva a ser arrastrada por denuncias, sospechas y confrontaciones postelectorales.

Mantener las reformas engavetadas también es una decisión política.

Y esa decisión tiene responsables, nombres, partidos y bancadas que tarde o temprano deberán rendir cuentas ante una ciudadanía cansada de promesas recicladas.

La factura llegará en las urnas

El Congreso todavía puede corregir el rumbo, abrir el diálogo y demostrar que existe un compromiso real con el fortalecimiento electoral.

Pero mientras continúe utilizando la falta de votos como escudo, aumentará la percepción de que las élites políticas prefieren conservar reglas cuestionadas antes que arriesgar sus privilegios.

La ciudadanía observa.

Recuerda quién prometió reformas, quién bloqueó el debate, quién guardó silencio y quién decidió proteger el sistema actual.

Los diputados pueden congelar una reforma, pero no podrán congelar indefinidamente el malestar ciudadano.

Cuando la clase política cierra las puertas al cambio, las urnas terminan convirtiéndose en el lugar donde el pueblo pasa la factura. —Redacción Bruce Villatoro CEO QuienOpina.Com

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