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La vasectomía reversible, casi una realidad

Reversible, no hormonal y sin efectos secundarios es la descripción que se ha dado de Vasalgel, un método anticonceptivo para hombres que podría traer una nueva revolución sexual y ética. Vasalgel es procedimiento que consiste en inyectar un polímero en los canales seminales para bloquear el paso del semen e impedir que éste fertilice el óvulo de una mujer durante el coito. El tratamiento ha sido desarrollado por la Fundación Parsemus, una organización enfocada en dar soluciones médicas de bajo costo.

Según el sitio web de la fundación, el anticonceptivo ya fue probado con éxito durante doce meses en un grupo de conejos, y ahora está siendo probado en un grupo de mandriles: después de que tres machos recibieran el tratamiento y copularan con más de diez hembras, ninguna de ellas ha quedado preñada. Con ese anuncio, Parsemus arranca la segunda fase de pruebas, que ahora se realizarán con hombres y mujeres voluntarios. De acuerdo con lo expresado en la página de Parsemus, si todo sale como se espera, el tratamiento estaría disponible en el mercado en 2017 a un costo “menor al de una pantalla plana”.

El Vasalgel usa una tecnología médica conocida como RISUG, (reversible inhibition of sperm under guidance), que inhibe la salida del esperma y la redirecciona. Fue desarrollada en la India hace más de quince años por el doctor Sujoy Guha y ha sido utilizado en ese país desde entonces. Las ventajas que representa son numerosas: al no ser hormonal, no tiene efectos secundarios en la salud del individuo (como sí ocurre en el caso de la píldora anticonceptiva para mujeres), además, el procedimiento se realiza una sola vez y su efecto es prolongado. A diferencia de la vasectomía, Vasalgel no corta los canales, sólo los bloquea; y para retirar el polímero sólo hay que poner una segunda inyección que diluye el gel.

La fundación Parsemus considera que los principales interesados en el tratamiento son los hombres entre 20 y 30 años que aún no quieren tener hijos, por parejas que quieren ganar tiempo para concluir sus estudios u otros proyectos, o quienes están preocupados por la efectividad de la píldora anticonceptiva y sus efectos secundarios.

Para no perder el objetivo de desarrollar soluciones a bajo costo, la fundación ha hecho un llamado para que la gente contribuya a través de un fondeo masivo. Su solución dista mucho de la que ofrecen las farmacéuticas, que no miran con buenos ojos la iniciativa de Parsemus. Y las razones son obvias: para una pareja sexualmente activa, resulta más atractivo hacer un procedimiento reversible y efectivo que estar pagando, mes con mes, unas píldoras que pueden tener efectos secundarios a largo plazo. De acuerdo con el sitio WomensHealth.Gov, la píldora anticonceptiva aumenta considerablemente los riesgos de sufrir enfermedades cardiacas y metabólicas. Mientras que las inyecciones desgastan los huesos y los dispositivos pueden producir daños en el tejido del útero. Así, por más extraño que parezca, un anticonceptivo como Vasalgel brinda ventajas secundarias a la mujer. Además de cuidar la salud reproductiva de la mujer, se evitarían embarazos no deseados (el 90% en chicas menores de 19 años en EEUU) así como las implicaciones emocionales, sociales y financieras que conllevan.

A diferencia de los anticonceptivos hormonales, Vasalgel no tendría variaciones en los niveles de testosterona ni en la producción de esperma. Y aunque esta tecnología es un sencillo procedimiento mecánico, sus implicaciones culturales son complejas. Durante siglos, la ideología occidental se ha enfocado en controlar la natalidad ejerciendo el poder sobre los cuerpos de las mujeres y no de los hombres. Lejos de ser una decisión verdaderamente individual, el control de la natalidad es todo un sistema que opera desde los fundamentos políticos de cada país, los cuales están atravesados (aún en pleno siglo XXI) por atavismos religiosos de corte misógino.

¿Qué ocurriría si algún gobierno de América Latina adoptara el proyecto de Vasalgel para financiarlo y hacerlo parte de sus programas de salud pública, no como una imposición sino como una opción que incluyera información sin moralinas, educación para la vida y no como una inversión para ganar votos en las urnas?

¿ Qué pasaría si los hombres tuvieran a su alcance un método anticonceptivo económico, ligeramente invasivo e indoloro, reversible, efectivo y tan accesible como los preservativos y las píldoras pero mucho más efectivo?

Seguramente las farmacéuticas y sus aliados en el Congreso no estarían nada contentos. Y las facciones fundamentalistas no tardarían en encontrar un “argumento” para decir que el bloqueo del paso del semen es un crimen porque implica el asesinato de un bebé hipotético, o algo así de absurdo. Independientemente de lo que se haya dicho antes, sería muy sano que por justicia histórica los hombres tomaran el lugar que les corresponde en el control de la fertilidad. Eso, probablemente, ayudaría a repartir los dilemas éticos equitativamente y ayudaría a comprender por qué los argumentos de los congresistas más conservadores son insostenibles cuando se habla desde la igualdad.

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