Hace muchos años que no he vuelto a Las Vegas. Lo siento. Me acuerdo haber ido a varios espectáculos muy hermosos. Pero de las apuestas, cero. No me interesan. Probé con cuatro quartersen una máquina tragamonedas y las perdí. Por lo menos puedo decir que jugué en la ciudad del desierto de Nevada y perdí, sin que esto afectara mi presupuesto de periodista. Todo un logro.
Aunque lo que sí me llamó la atención fue ver a la gente que jugaba en los casinos. Personas que pasaban largas horas en la ruleta, jugando al blackjack o sentadas frente a un slot, con los pies descalzos y elevados. No sé por qué, pero lo que más me impresionó fue ver a las mujeres de edad, con sus vasos gigantes que algunas vez estuvieron llenos de monedas y ya no.
Con la llegada del juego online por dinero de todo tipo, desde ruletas, quinielas, cartas, o apuestas deportivas, se abrió la facilidad que desde cualquier lugar, desde la casa, del trabajo, o viajando en un tren, podemos efectuar nuestros juegos sin tener que cambiar de trayecto. Solo hace falta el número de una tarjeta de crédito. ¿Solo el número que abre las puertas de la economía familiar?
Ya ha habido innumerables pronunciamientos en todo el mundo, incluido los de líderes religiosos, en el sentido que los problemas de adicciones ludopáticas se agravan por las propias características de las apuestas online. Lo curioso es que, si bien existe la prohibición de propagandas de bebidas alcohólicas o cigarrillos en algunas naciones, no haya limitaciones a los banners de apuestas online que aparecen en páginas web y en apps que se pueden bajar para lossmartphones y tablets.
Sin hablar sobre los peligros de las adicciones al juego –no es este el lugar– podemos explicar algunos riesgos que se corren al realizar transacciones de dinero por la red. Para empezar, nunca utilicemos una conexión Wi-Fi abierta para acceder al sitio de apuestas. Es una invitación a que nos timen al enviar datos sensibles mediante un enlace que no ofrece garantías de seguridad a prueba de fisgones. Si vamos a apostar, la conexión debe tener algún tipo de encriptación.
Otro dato para considerar es que el sitio al que accedemos debe ofrecer indicios de no ser tan fácil de hackear (nada es infalible, a decir verdad). Veamos que la dirección a la que llegamos empiece conhttps://… y no http://…
También, cuidado con el sitio de apuestas en sí. Antes de hacer cualquier apuesta busquemos en foros de usuarios en la web el grado de seriedad de esa casa que recibirá nuestro dinero.
Otras formas de pago de apuestas online son por medio de tarjetas especiales que se pueden comprar en los comercios de algunos países, crear cuentas en bancos virtuales u otros tipos de transferencias. O hasta el pago por medio de la cuenta del celular.
Seguramente se encontrarán limitaciones para el juego de chicos también en las páginas de apuestasonline. Pero esto no impedirá que los menores encuentren la manera de hacerlo. Por esto, hablemos de estos peligros que se corren con nuestros hijos. Aunque nos pongan cara larga. Los disgustos pueden ser mayores.




