Varias son las ocasiones en la que os he acercado al blog Cuaderno de Historias algunos relatos relacionados con curiosos personajes que habían logrado engañar, de manera magistral, a muchos otros al hacerse pasar por personas que no eran. Todas esas historias tenían en común que habían ocurrido hace muchísimo tiempo, algunas incluso hace varios siglos, pero en esta ocasión el protagonista es alguien que está mucho más cercano en el tiempo, tanto que incluso sigue vivo.
He elegido a este personaje, a pesar de su contemporaneidad, debido a que con muchas posibilidades será uno de los que se hagan un hueco en la galería que guarda la Historia para los grandes y famosos impostores. Su nombre Christian Karl Gerhartsreiter pero durante casi dos décadas fue conocido por el nombre de Clark Rockefeller, haciéndose pasar por descendiente de lamultimillonaria saga familiar de los Rockefeller sin que nadie se diera cuenta de su intrusismo.
Durante todos esos años se codeó con lo más florido y selecto de la alta sociedad neoyorquina, tuvo acceso a las más importantes y glamurosas fiestas e incluso una placa con su nombre fue colocada en uno de los clubes privados más exclusivos.
Y todo ello lo había conseguido gracias a sutalento innato para la retórica e improvisación. Era tan perfecto el personaje de Clark Rockefeller que creó que a nadie se le ocurrió en ni un solo instante el preguntarse si realmente pertenecía a esa prestigiosa familia o de dónde había surgido de la noche a la mañana.
Pero tras la creación de ese estudiado y perfecto personaje había otros muchos que interpretó desde que llegó a EEUU procedente de su Alemania natal. Tenía 17 años cuando Christian decidió abandonar la pequeña población deSiegsdorf (Baviera) en la que nació e ir en busca del ‘sueño americano’.
Gracias a sus buenas notas como estudiante había conseguido una beca para ir a estudiar a los Estados Unidos. Era el año 1978 y aunque al principio continuó manteniendo el contacto telefónicamente con sus padres a principios de la década de los 80 dejaron de recibir noticias de él, como si la tierra se lo hubiera tragado.
Fue en ese momento en el que el antiguo Christian Karl Gerhartsreiter desaparecería de cualquier registro y comenzaría a surgir diferentes personajes a los que fue encarnando, con la intención de ir consiguiendo objetivos y escalando posiciones en la sociedad norteamericana.
Probó suerte en el mundo del cine con el nombre de Christopher Chichster y aunque tenía un talento innato para la interpretación nunca consiguió destacar ni tener ningún papel relevante en Hollywood. Tras unos años en Los Ángeles decidió cruzar el país y trasladarse a la Costa Este donde probaría suerte en Wall Street bajo la identidad de Christopher Crowe.
El protagonista de esta historia parecía no tenerle miedo a nuevos retos y personalidades. Poco a poco iba depurando cada vez mejor sus interpretaciones y cada vez quedaba menos de aquel joven adolescente procedente de una pequeña población alemana. Sus personajes estaban mucho mejor definidos, pulidos y sin un solo detalle que pudiese hacer sospechar a nadie de cuál era su verdadera identidad y origen.
De la noche a la mañana, en 1993 aparece en la alta sociedad neoyorquina Clark Rockefeller, un refinado y extrovertido descendiente directo de John D. Rockefeller que comienza a ganarse la amistad y simpatías de cuantos lo conocen.
Aquellos que comienzan a tratarlo alaban la exquisita educación y el don que Clark Rockefeller posee para seducir a todo el mundo con su fina y cuidada personalidad. Todos querían ser amigos de este deslumbrante personaje.
En una de las más divertidas y selectas fiestas conoce a Sandra Boss, joven ejecutiva de McKinsey & Company, una de las más prestigiosas consultorías. Clark rápidamente se fijó en ella y la vio como una fácil presa para seducir, enamorar y sacar un gran beneficio económico. Y así fue. En 1995 contraían matrimonio y poco después tenían una hija.
Pero como es evidente, es casi imposible mantener un personaje inventado y fingir las 24 horas del día ser quien realmente no se es, algo que con los años hizo ir despertando sospechas en Sandra sobre la verdadera identidad de su marido.
Poco a poco la relación del matrimonio fue deteriorándose y aunque Clark vivía a cuerpo de rey su mujer no las tenía todas consigo, por lo que decidió contratar a un investigador privado que descubrió la verdadera identidad de su esposo.
En 2006 se divorciaron sacando el impostor una importante suma de dinero que le permitiría seguir explotando su personaje y moverse por los mismos círculos privilegiados como había hecho hasta entonces. Su exesposa se trasladó a vivir a Londres junto a su hija, llegando al acuerdo de que podría ver a la pequeña en los viajes que ella realizaría a los EEUU por cuestiones de trabajo.
Fue en una de estas visitas concertadas, el 27 de julio de 2007, cuando Clark cometió su gran error. Tuvo la nefasta idea de secuestrar a su pequeña hija e intentar desaparecer. Él sabía que podría conseguirlo y que apenas le costaría adoptar una nueva identidad, cambiar la de la niña y empezar juntos muy lejos de allí.
Un gran dispositivo policial logró averiguar dónde se escondía y pocos días después fue detenido.
Fue entonces cuando se puso al descubierto la verdadera identidad de Christian Karl Gerhartsreiter y los múltiples personajes que fue interpretando a lo largo de más tres décadas en las que se hizo pasar por otras personas.
Pero lo más llamativo del caso es que tras su detención comenzaron a salir a la luz numerosos detalles de las cosas que había estado realizando durante todo ese tiempo y cómo había dejado tras de si algunos asesinatos y desapariciones de personas que en un momento u otro se habían cruzado en sus diferentes vidas.
Christian Karl Gerhartsreiter está cumpliendo actualmente una condena en una prisión estadounidense que lo tendrá varias décadas encerrado y todavía siguen pendientes de celebrarse algunos de los juicios que lo incriminan en los asesinatos y desapariciones. Sobre su vida se ha escrito un libro y rodado la película «Who Is Clark Rockefeller?».




