La gran actuación de Juan Francisco ‘Gallito’ Estrada, campeón de peso Mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y Organización Mundial de Boxeo (OMB), ante Giovani Segura, a quien no solamente le propinó un nocaut técnico en el round 11, sino que le dio una auténtica paliza, lo coloca como el mejor boxeador mexicano de la actualidad, por encima de nombres que ‘venden’ cómo Juan Manuel Márquez, ‘Travieso’ Arce, Saúl Álvarez o Julio César Chávez Jr..
Estrada volvió a demostrar que es un boxeador muy completo; desde el inicio del pleito fue muy superior e hizo trizas a su oponente quien simplemente se limitó a tratar de terminar de pie, esto debido a su gran resistencia, pero jamás representó ningún peligro para el nacido en Puerto Peñasco, Sonora.
El titular de la OMB y AMB tiene un futuro maravilloso con grandes peleas para el 2015. La primera será enfrentar al tres veces campeón del mundo Román ‘Chocolatito’ González, quien es titular en la misma categoría, pero en el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), en un pleito unificatorio donde podría salir casi un monarca único, pues tendría tres de los cuatro cinturones más importantes de la actualidad.
Es un hecho que el pleito difícilmente tendrá tantos reflectores, el motivo es que no se trata de boxeadores carismáticos, aunque su calidad está fuera de toda duda. Además, entre ellos hay una historia que los antecede, pues ya combatieron una vez y aunque González se alzó con el triunfo, quedaron muchas dudas porque ese no debió ser el resultado.
Al término del combate, el promotor Fernando Beltrán se comprometió a que esta pelea se realizará en el 2015 y aunque no dio fecha exacta, lo más probable es que se efectúe en el primer semestre. En cuanto a la sede, la Arena Ciudad de México parece ser el lugar idóneo para realizarse, por ser un escenario maravilloso para ver pugilismo.
Tristemente, ambos púgiles no perciben las grandes cantidades de dinero que se merecerían de acuerdo con su calidad, pues son de divisiones pequeñas, que, de acuerdo al pensamiento generalizado, a un gran sector de la afición no le interesa. Esto lleva a que los promotores no les pongan atención, con la absurda excusa de que «no venden», cayendo así en un círculo vicioso, difícil de romper.




