El final de la historia era conocido por todos y una vez Keylor Navas fichó por el Real Madrid era obvio que el futuro de Diego López estaba lejos del club merengue.
Por muchas razones: económicas, políticas, anímicas, pero sobre todo, porque Florentino Pérez carga ya con el «pecado» de haber echado del club blanco a Hierro y abierto la puerta de salida a Raúl. Matar a otro mito del madridismo sería imperdonable para el presidente.
Por eso Diego, un hombre de bien y de la cantera, que se fue a Villarreal para triunfar y luego volvió –hecho un hombre– para ayudar en un momento delicado, era mejor opción como lastre que soltar, aunque por méritos deportivos quizás debería haber seguido en la entidad.
Cada uno tendrá un criterio diferente, y cada uno podrá elegir su favorito entre Casillas y López, pero de lo que no hay duda es que el portero de Lugo jamás ha desentonado como portero del primer equipo, por lo que su continuidad –teniendo en cuenta su trabajo en el terreno– nunca podría estar en duda.
Diego ha firmado un contrato de cuatro años con el AC Milan, pero antes, ha dejado una muestra más de su carácter humano y caballerosidad con la siguiente carta de despedida:
«Hace 32 años nací en un pequeño pueblo de la provincia de Lugo, Paradela. Soñaba con ser futbolista, pero lo que nunca llegué a imaginar fue que llegaría a jugar en el club de mi corazón, el Real Madrid. Es algo de lo que me sentiré eternamente orgulloso. Por eso tengo que dar las gracias al club y a su presidente, Florentino Pérez, por haberme dado otra oportunidad de defender este escudo.
Para un canterano volver al club de su vida es lo más grande.
Gracias a dos geniales entrenadores (José Mourinho y Carlo Ancelotti) y a sus respectivos cuerpos técnicos por su confianza, por todo lo que he aprendido de ellos; por darme la opción de competir, que es la esencia del deporte.
Gracias a todos mis compañeros, fisioterapeutas, doctores, utileros y empleados del club. Ha sido un privilegio poder compartir con todos vosotros momentos de gran felicidad; gracias por haberme tratado con tanto cariño. A todos os deseo lo mejor.
Y por supuesto, todo mi agradecimiento al madridismo, esa gran familia repartida por todo el mundo. Gracias por vuestra acogida y por toda vuestra fuerza durante este tiempo: os llevaré en el corazón para siempre.
Me voy feliz por haber dado todo de mí. Mi único objetivo fue trabajar día a día con respeto y dedicación y defender con pasión los valores del mejor club del mundo.
Por todo esto puedo decir orgulloso que cada minuto en el Real Madrid fue un regalo del cielo.
¡Hasta el final, vamos Real!
De un madridista.
Diego López»




