Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – La temperatura política volvió a subir en Honduras luego de que Roy Santos lanzara una fuerte acusación contra Libertad y Refundación, Libre, al asegurar que sectores vinculados a ese partido estarían impulsando un ambiente de tensión para elevar la violencia y golpear la estabilidad del gobierno del presidente Nasry Asfura.
La declaración coloca el debate nacional en un punto delicado: no solo habla de confrontación política, sino de una posible estrategia de presión contra el nuevo gobierno, en momentos en que el país exige seguridad, orden institucional, respuestas concretas y una conducción firme frente a los desafíos heredados.
Santos afirmó que Libre habría “soltado legiones de demonios” con el propósito de incrementar la conflictividad social y desestabilizar la administración de Asfura, una frase de alto impacto que rápidamente se convierte en combustible político dentro de una Honduras marcada por la polarización, la inseguridad y la desconfianza ciudadana.
El señalamiento abre una nueva batalla narrativa entre gobierno, oposición y sectores políticos que observan con atención cada movimiento del poder. En este escenario, la violencia deja de ser solo un problema de seguridad pública para convertirse también en un tema de lectura política, responsabilidad institucional y disputa por el control del relato nacional.
Para el oficialismo, cualquier intento de desestabilización puede interpretarse como una amenaza directa a la gobernabilidad. Para la oposición, el reto será responder sin alimentar más tensión en un país donde la ciudadanía ya está cansada de discursos encendidos, acusaciones cruzadas y promesas que muchas veces no llegan a la vida real.
El gobierno de Nasry Asfura enfrenta así una prueba mayor: demostrar que tiene capacidad para controlar la seguridad, sostener la institucionalidad y evitar que la confrontación partidaria termine contaminando la agenda nacional. Honduras no puede convertirse en un tablero donde la crisis sea usada como herramienta de presión política.
La acusación de Santos también pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién gana cuando el país se incendia en miedo, violencia y división? La respuesta no está solo en los partidos, sino en la capacidad del Estado para actuar con firmeza, transparencia y resultados.
En una nación donde cada crisis se convierte en conversación digital, cada frase pesa, cada señal política se interpreta y cada vacío de autoridad se paga caro. Honduras necesita menos ruido destructivo y más conducción responsable.
La estabilidad del país no puede depender de discursos incendiarios ni de cálculos partidarios; debe descansar en instituciones fuertes, seguridad efectiva y liderazgo con resultados visibles. —Redacción Bruce Villatoro CEO QuienOpina.Com






