Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – El Partido Liberal encendió una bomba política al marcar distancia directa de Salvador Nasralla en medio de la investigación del Ministerio Público por presuntas irregularidades en el manejo de fondos electorales, cuentas en el exterior y recursos que habrían sido administrados fuera de la estructura partidaria.
Roberto Contreras, presidente del Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal, dejó una frase que golpea el corazón del caso: el CCEPL “nunca autorizó” la apertura de cuentas en Estados Unidos, en el exterior o en posibles paraísos fiscales para recibir dinero de campaña. Con esa declaración, el liberalismo no solo se desmarca; también deja a Nasralla políticamente expuesto ante una investigación que amenaza con convertirse en terremoto electoral.
El mensaje de Contreras fue más que una aclaración. Fue una ruptura institucional.
Según el dirigente liberal, si Salvador Nasralla movió fondos por fuera de los canales oficiales del partido, lo hizo al margen del CCEPL. Esa afirmación abre una grieta profunda en la narrativa del excandidato, porque coloca bajo la lupa quién autorizó, quién recibió, quién administró y quién debe responder por el dinero usado en la campaña.
La crisis escala porque el Partido Liberal asegura que sí liquidó sus recursos ante la Unidad de Política Limpia, respaldando el manejo de 42 millones de lempiras con cientos de documentos. En contraste, Contreras señaló que Nasralla habría decidido manejar fondos de forma independiente, sin pasar por las cuentas del partido.
Ese punto es explosivo.
Contreras advirtió que una institución política tiene un marco distinto para recibir aportaciones, mientras una persona natural enfrenta límites legales. Bajo esa lectura, el problema no sería solo administrativo, sino político, financiero y electoral: Nasralla habría quedado atrapado en una zona donde las cuentas deben explicar más que los discursos.
El liberalismo, que ya venía cargando tensiones internas, ahora enfrenta un episodio que puede reventar la campaña desde adentro. La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿quién permitió que los fondos caminaran fuera del partido si el CCEPL no los autorizó?
El Ministerio Público tiene ahora una investigación con alto voltaje político. Si las cuentas cuadran, Nasralla podrá defenderse con documentos. Pero si los movimientos no coinciden, el caso puede transformarse en una crisis de credibilidad capaz de sacudir al liberalismo, tensar el tablero electoral y golpear la confianza ciudadana.
La política hondureña vuelve a quedar frente al espejo más duro: el dinero de campaña. Y cuando el dinero no se explica con claridad, la sospecha se convierte en incendio público.
Honduras no necesita campañas con sombras financieras; necesita partidos capaces de responder con documentos, transparencia y responsabilidad ante un pueblo cansado de versiones cruzadas. —Redacción Hansell O.






