Todo el mundo habla hasta el cansancio acerca de cómo cambia la vida después de tener hijos. “No dormirás más como se te dé la gana”, “Estarás preocupada cuando enfermen”, “Tendrás un pequeñito (o más) que te estará demandando constantemente (en especial los primeros años)”, etcétera, etcétera.
Lo que nadie cuenta demasiado es acerca de nuestros cambios internos, ¿nos convertimos en otras personas luego de tener chicos? Más de un lector estará pensando que este es un planteo absurdo, porque si tenemos una personalidad tímida no nos volveremos desvergonzados. En realidad, no es que nos convertimos en otros, porque uno es como es gracias a lo que la vida le da y a lo que hace con ella; pero sí es cierto que hacernos responsables de esos seres tan amados nos vuelve en un punto más fuertes y en otros, más vulnerables.
¿Crees que un hijo puede llegar a cambiarnos también el carácter…?
Trapitos al sol
Como madre experimentada puedo decir que si, muy a nuestro pesar, el carácter puede cambiar. A medida que los chicos crecen, son como nuestro propio reflejo en el que muchas veces nos hacen dar cuenta de qué es lo que estamos haciendo, siempre que uno se encuentre predispuesto a observar. Y paso a demostrarlo a través de una anécdota que me ocurrió el otro día.
Resulta que yo estaba muy ocupada, tratando de pensar ideas para escribir, pero mi hija menor se portaba un poco mal y no me dejaba concentrarme. Es evidente que habré lanzado algún que otro alarido desesperado, con el único objetivo de poder inspirarme y terminar mi tarea. Entonces, ella tiernamente me preguntó qué es lo que tenía que hacer. Cuando le comenté que estaba pensando temas para mis notas, me desafió muy oriunda: “Yo tengo uno mami: ¿les cambia el carácter a las personas después de tener hijos?”. No es porque sea mía, pero ¡qué inteligente! No sólo me obsequió una buena idea, sino que además me dejó en evidencia como gruñona y malhumorada.
Acto seguido me retrotraje a mi soltería y traté de recordar cómo era en esa época. Y llegué a la conclusión de que aún contaba con bastante paciencia y buen carácter. ¿Qué ocurrió en el medio?
En el medio ocurrieron responsabilidades, horarios contra reloj y muchas, pero muchas demandas. Me animaría a decir que el contraste no es tan grande con el primer niño, al que solemos darle toda la atención. El problema comienza cuando empiezan a llegar los ‘hermanitos’. Es que en un momento dado nos damos cuenta de que no nos alcanzan las manos (literalmente); nos sentimos sobrepasadas de tareas, exigencias y preocupaciones, especialmente las mujeres. A nosotras se nos deja a cargo la organización de la casa, del cuidado o la logística de los chicos, nos piden que seamos excelentes profesionales y mejores cocineras, y no contentos con eso tenemos que atender bien al esposo para que no se vaya atrás de otra que lo cuide mejor. ¿Por qué creen que hay tantas películas que muestran lo mismo? Mujeres rodeadas de niños pequeños, con cara de locas y gritándole al marido cuando llega de la oficina… Al final quedamos como brujas o histéricas; y con razón.
No, lejos de que el lector se arrepienta de llamar a la cigüeña, la intensión de esta redactora es despabilar a los futuros padres. Tener chicos es un sueño pero tenemos que estar preparados para lo que se viene. Por mi experiencia propia, puedo decirles que es muy importante pactar entre ambos la futura organización de la familia. Este es el momento en el que los dos tienen ganas de tomar la responsabilidad de traer un hijo al mundo. Que no recaiga en uno solo.
Un niño es lo más lindo que nos puede suceder, pero para disfrutarlo a pleno es necesario estar muy preparados y unidos. Hay que hablar mucho, porque las cosas no se pueden improvisar de la noche a la mañana. Así es como salen mal y traen frustraciones que no queremos trasmitirles a los pequeños.
Si las reglas se pactan desde el principio, lo más probable es que cuando comiencen a venir los niños el carácter cambie… pero para mejor.




