Hay una etapa en la vida en la que uno finalmente se entrega de lleno a su papel de madre. No es resignación, sino más bien, adaptación natural. Estoy justo en esa instancia. En la que siento fehacientemente que el turno es de ellos.
Ahora soy la que se ubica en primera fila para sacar fotos de sus partidos, la que lleva cosas ricas cuando llenan la casa de amigos, la que cuando sale a comprarse ropa termina, sin querer, comprándole cosas a los chicos.
Personalmente fue recién en esta etapa que comencé a disfrutar mi abdicación. Al cederle mi lugar a ellos empecé a vivir a través de ellos. Y hete aquí el meollo de la cuestión. Vivir a través de ellos es un arma de doble filo.
La relación con mi hija pone en evidencia esta realidad en un millón de ejemplos. Su vida es una montaña rusa de personajes y anécdotas, entonces nadie mejor que ella para colorear mi existencia.Quiero saberlo todo. Y quiero los detalles. Y quiero saber qué le dijo y cómo se lo dijo.
Ella me comparte algo de información, pero cuando ve que me entusiasmo demasiado me corta el chorro abruptamente. Me deja con el esqueleto del cuento, y con un apetito voraz por completar los baches como sea.
Les conté en el último post que comenzamos a percibir los primeros síntomas de un enamoramiento en puerta. Creo que la stalker que hay en mí en potencia se terminó de definir en esa instancia.
Tengo un genuino interés por saber las andanzas de mi hija, y un interés patológico por saber quién es, cómo es, qué hace, cómo son sus padres, etc etc. Pero no puedo andar con el cuestionario a cuestas.
Mis intentos por socavar datos son torpes. A falta de momentos oportunos, aprovecho los inoportunos. De ahí que no logre un identikit preciso y certero. La encaro semidormida en el auto a las siete de la mañana, o mientras esperamos el turno con el dentista, o bien mientras cuento los billetes que me pide para pagar tal o cual cosa. O sea, pésimas ocasiones. Inmediatamente que animo una pregunta, su mirada desaprobatoria me ubica en tiempo y espacio.
Ella: Mamá, ¿realmente te parece ahora? Por Dios, estás como loca. Después te cuento.
Pero el después nunca llega. Y yo la persigo mendigándole su promesa.
Un día me canso. Prendo la computadora y me lanzó en el operativo de investigación virtual más potente que haya existido. Navego a través de todas sus redes, por sus fotos, comentarios y personajes. De pronto se hace la luz… Aquí estás pequeño fantasma. En apenas unos instantes relleno todas mis lagunas, y más, relleno océanos completos.
Cuando por fin ella decide revelarme la cuestión, yo ya sé todo.




