La crisis financiera y operativa de la estatal es profunda, pero no puede utilizarse para entregar funciones estratégicas, justificar aumentos indiscriminados o imponer decisiones sin debate. Honduras necesita rescatar la ENEE, no privatizar sus áreas rentables y dejarle al pueblo sus deudas.
Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) necesita reformas profundas, permanentes y verificables. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aprovecharla para convencer al pueblo hondureño de que la única salida consiste en privatizar, concesionar o tercerizar las operaciones más importantes del sistema eléctrico nacional.
El gerente de la ENEE, Guillermo Peña Panting, reconoció que la estatal enfrenta problemas financieros y operativos que no podrán resolverse mediante una sola acción. También señaló que el Congreso Nacional tendrá una participación esencial en las reformas.
“Vamos a tener que hacer múltiples reformas. El Congreso Nacional es una parte esencial de todo el mecanismo; no puede ser una sola vez, hay que seguir interactuando y entender que es un problema de país”, manifestó.
Peña Panting agregó que espera el avance de las reformas energéticas en el Poder Legislativo, cuya aprobación permitiría iniciar el reordenamiento de la empresa y desarrollar licitaciones de largo plazo.
El planteamiento contiene una verdad evidente: el rescate de la ENEE demanda continuidad, inversión, disciplina administrativa y respaldo legislativo. Sin embargo, todavía falta conocer el contenido de esas reformas, sus costos, los sectores afectados y los eventuales beneficiarios.
La sociedad debe preguntar desde ahora: ¿qué pretende reformarse?, ¿cuáles funciones permanecerán bajo control estatal?, ¿qué papel tendrán las empresas privadas?, ¿habrá nuevas concesiones?, ¿se tercerizarán la medición, la cobranza, la distribución o el mantenimiento?, ¿se trasladarán las pérdidas a la tarifa?, ¿qué garantías tendrán los consumidores y trabajadores?
Las declaraciones del gerente no prueban por sí mismas que exista un proyecto privatizador. Sería incorrecto presentarlo como un hecho consumado. Pero también sería ingenuo esperar hasta que los contratos estén firmados o las reformas aprobadas para comenzar a exigir explicaciones.
Honduras no debe aceptar una falsa elección
Al pueblo no se le puede colocar frente a una falsa elección entre aceptar una ENEE quebrada o entregar el sistema eléctrico a intereses privados.
Esa narrativa suele construirse en varias etapas: primero se presenta a la empresa pública como irrecuperable; después se insiste en que el Estado carece de capacidad; luego aparecen consultores, contratistas y operadores ofreciendo soluciones rápidas; finalmente, se privatizan los ingresos y se mantienen bajo responsabilidad pública las deudas, los subsidios y las inversiones más costosas.
Honduras no debe repetir ese camino.
El Estado puede contratar tecnología, comprar equipos o recibir asistencia especializada. Lo que no debe hacer es abandonar su responsabilidad constitucional y social sobre un servicio estratégico, ni entregar decisiones esenciales a compañías cuya obligación principal será generar rentabilidad.
La electricidad no es una mercancía cualquiera. Es indispensable para los hogares, hospitales, centros educativos, sistemas de agua, producción agrícola, industria, comercio, telecomunicaciones y seguridad nacional.
Por esa razón, la ENEE debe analizarse como una empresa pública de interés estratégico, no solamente como una hoja de pérdidas y ganancias.
El problema financiero tiene causas identificables
El informe del Fondo Monetario Internacional publicado en junio de 2026 señaló que las pérdidas eléctricas continúan siendo uno de los principales factores de las dificultades financieras de la ENEE.
El documento estableció una trayectoria que proyectaba pérdidas de 33.2 % para junio y de 32.7 % para septiembre de 2026. También contempló una reducción cercana a 11 puntos porcentuales durante cuatro años.
Esto significa que aproximadamente una tercera parte de la energía ingresada al sistema de distribución no estaba convirtiéndose adecuadamente en facturación e ingresos. El problema incluye pérdidas técnicas, conexiones irregulares, errores de medición, fallas de facturación, fraude, mora y deficiencias administrativas.
El mismo informe menciona medidas como la instalación de medidores inteligentes en zonas de alta pérdida, vigilancia sobre consumidores medianos y grandes, normalización de conexiones ilegales o irregulares, fortalecimiento de la facturación y ampliación de las operaciones de campo.
Estas acciones pueden ejecutarse desde una ENEE pública y profesional. No se necesita vender la empresa para instalar medidores, modernizar redes, combatir el fraude o cobrar correctamente.
Cuidado con una doctrina del shock contra la ENEE
La llamada doctrina del shock consiste en aprovechar una crisis real o inducida para presentar decisiones extraordinarias como inevitables. El miedo al colapso reduce el debate, debilita la resistencia ciudadana y facilita la aprobación acelerada de medidas que, en condiciones normales, serían examinadas con mayor rigor.
Aplicada a la ENEE, esa lógica podría manifestarse mediante aumentos abruptos, eliminación desordenada de subsidios, despidos masivos, tercerización acelerada, concesiones prolongadas o entrega de activos sin una valoración independiente.
También podría utilizarse la urgencia financiera para firmar contratos de largo plazo sin competencia suficiente, comprometer ingresos futuros o trasladar al Estado las obligaciones más costosas mientras operadores privados reciben las actividades rentables.
Ese riesgo debe neutralizarse con transparencia anticipada.
Antes de enviar reformas al Congreso, el Gobierno debe publicar el diagnóstico financiero, los proyectos de decreto, los estudios tarifarios, las proyecciones de demanda, los compromisos contractuales y los efectos laborales y sociales.
Una reforma discutida públicamente puede corregirse. Una reforma aprobada en secreto puede convertirse en una carga para varias generaciones.
Las tarifas no pueden ser la única medicina
El informe del FMI registró un ajuste tarifario de 10.49 % para el segundo trimestre de 2026, la expiración de un subsidio general de 4.11 % y una focalización mayor del beneficio de energía gratuita.
Las tarifas deben basarse en costos reales y criterios técnicos, pero no pueden convertirse en el mecanismo automático para cubrir pérdidas, ineficiencia, contratos desfavorables o falta de cobranza.
Antes de exigir nuevos sacrificios a la población, la ENEE debe informar:
- Cuánta energía compra y cuánta logra facturar.
- Cuánto pierde por fallas técnicas.
- Cuánto pierde por conexiones ilegales.
- Cuánto factura y no consigue cobrar.
- Cuánto deben los grandes consumidores.
- Cuál es la mora de instituciones públicas y municipales.
- Cuánto paga por cada contrato de generación.
- Cuánto destina al servicio de la deuda.
- Cuánto cuestan las contrataciones externas.
- Cuánto recupera cada programa de reducción de pérdidas.
Sin esta información, un aumento tarifario corre el riesgo de convertirse en un impuesto encubierto sobre los usuarios que sí pagan.
Soluciones para rescatar la ENEE sin privatizarla
Honduras tiene alternativas. La reforma integral debería incluir, como mínimo, las siguientes medidas:
1. Reducción territorial de pérdidas
No basta con anunciar una meta nacional. La ENEE debe identificar las pérdidas por circuito, municipio, departamento y categoría de consumidor. Cada oficina regional tendría que responder por objetivos trimestrales verificables.
2. Modernización de las redes
Las pérdidas técnicas no se combaten con discursos ni operativos policiales. Se necesita renovar transformadores, conductores, subestaciones, líneas sobrecargadas y equipos deteriorados.
La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica incluye entre sus ejes la reducción de pérdidas, la ampliación de las redes y el abastecimiento seguro, diversificado y sostenible.
3. Medición confiable y transparente
Los medidores inteligentes pueden ayudar, pero deben instalarse bajo normas técnicas, protección de datos y mecanismos de reclamación. El usuario tiene derecho a conocer cómo se calcula su consumo y a impugnar cobros incorrectos.
4. Control de grandes consumidores
El combate al hurto no debe concentrarse únicamente en barrios pobres. La vigilancia debe abarcar industrias, comercios, urbanizaciones, instituciones y usuarios con consumos elevados.
Cada caso debe sustentarse técnicamente y respetar el debido proceso.
5. Normalización de conexiones
Muchas familias viven en comunidades donde el servicio creció de manera desordenada. El Estado debe ofrecer programas de regularización, medidores accesibles y facilidades de pago antes de recurrir exclusivamente a desconexiones.
6. Cobranza efectiva y socialmente responsable
La empresa necesita recuperar la mora, pero debe diferenciar entre quienes no pueden pagar y quienes deliberadamente evaden sus obligaciones. Las familias vulnerables requieren acuerdos y protección; los grandes morosos deben enfrentar medidas eficaces.
7. Auditoría de contratos energéticos
Cada contrato de generación y suministro debe ser sometido a revisión técnica, financiera y legal. Cuando existan condiciones perjudiciales, deben buscarse renegociaciones dentro del marco jurídico para no exponer al Estado a litigios innecesarios.
8. Licitaciones abiertas y competitivas
Las compras de energía y las inversiones de largo plazo deben responder a una planificación aprobada. Las bases, ofertas, precios, evaluaciones y contratos tienen que ser públicos.
También debe conocerse a los beneficiarios finales de cada sociedad participante.
9. Fortalecimiento de la generación pública
La ENEE debe recuperar capacidad para desarrollar y administrar proyectos públicos cuando resulten técnica y económicamente convenientes. No puede limitarse permanentemente a comprar energía mientras otros controlan la generación rentable.
10. Diversificación energética
Honduras debe reducir su exposición a los combustibles importados mediante una combinación responsable de generación hidroeléctrica, solar, eólica, geotérmica, biomasa, almacenamiento y otras tecnologías.
La diversificación debe considerar el costo, la potencia firme, el impacto ambiental y la seguridad del sistema.
11. Planificación de transmisión
No sirve contratar nueva generación si las redes no pueden transportar la energía. Las líneas y subestaciones deben construirse conforme a los planes de expansión y bajo fiscalización de la CREE y del Operador del Sistema.
12. Reestructuración de la deuda
La ENEE necesita un calendario público para pagar atrasos, refinanciar obligaciones caras y evitar que la deuda continúe creciendo. Endeudarse para cubrir ineficiencias sin corregirlas solamente trasladaría la crisis al futuro.
13. Auditorías financieras y operativas
Los estados financieros deben publicarse puntualmente y bajo normas reconocidas. También se necesitan auditorías sobre compras, inventarios, pérdidas, recursos humanos y ejecución de proyectos.
14. Profesionalización de la administración
La estatal no puede seguir sometida al reparto político. Los puestos técnicos deben asignarse por capacidad, experiencia y resultados, con concursos y evaluaciones periódicas.
15. Fortalecimiento del talento interno
Antes de tercerizar una función, la ENEE debe determinar si puede ejecutarla mediante capacitación, tecnología y reorganización de su personal. La contratación externa solo debería autorizarse cuando demuestre ventajas reales y medibles.
16. Protección tarifaria focalizada
Los subsidios deben llegar a quienes verdaderamente los necesitan. Su focalización debe realizarse gradualmente, con datos confiables y sin castigar a familias que, por tamaño o condiciones climáticas, consumen más energía sin tener mayores ingresos.
17. Eficiencia energética
El Estado debe desarrollar programas de iluminación eficiente, refrigeración de bajo consumo, techos solares y ahorro energético en edificios públicos, escuelas, hospitales, comercios y hogares.
Cada megavatio ahorrado reduce presión sobre la generación y las redes.
18. Participación ciudadana
Los trabajadores, consumidores, colegios profesionales, universidades, empresarios, comunidades y organizaciones sociales deben participar en las discusiones. La ENEE pertenece al Estado hondureño y sus decisiones no pueden quedar encerradas entre funcionarios y contratistas.
El Congreso debe controlar, no obedecer
Si el Congreso Nacional será una pieza esencial, como sostiene Peña Panting, entonces deberá ejercer fiscalización y no limitarse a levantar la mano.
Cada reforma debería contar con:
- Dictámenes técnicos y financieros independientes.
- Estudios de impacto tarifario y laboral.
- Audiencias públicas transmitidas en directo.
- Publicación de contratos y anexos.
- Identificación de beneficiarios privados.
- Prohibición de cláusulas confidenciales injustificadas.
- Metas de desempeño y sanciones.
- Revisión periódica de las decisiones adoptadas.
- Protección del patrimonio público.
- Mecanismos para revertir contratos incumplidos.
Ningún decreto debería conceder autorizaciones generales para entregar activos o funciones estratégicas sin identificar claramente su alcance.
Reformar la empresa para conservarla
El rescate de la ENEE no debe convertirse en un negocio construido sobre el deterioro institucional.
Honduras necesita una empresa pública eficiente, financieramente sostenible y sometida al escrutinio ciudadano. Necesita reducir pérdidas, invertir, cobrar correctamente, mejorar el servicio y garantizar electricidad a las comunidades que todavía carecen de ella.
Un documento del Banco Mundial divulgado en 2025 calculó que alrededor de 1.4 millones de personas aún no tenían acceso a electricidad en Honduras, principalmente en zonas rurales y remotas. Esta deuda social demuestra que el éxito de la ENEE no puede evaluarse únicamente mediante rentabilidad financiera.
La empresa también debe garantizar cobertura, desarrollo territorial y soberanía energética.
Las reformas son necesarias. Lo que no es aceptable es utilizar esa necesidad para privatizar ganancias, socializar pérdidas o imponer una terapia de shock contra los consumidores y trabajadores.
Rescatar la ENEE significa fortalecerla, transparentarla y devolverle capacidad operativa. Honduras debe reformarla para conservarla, no despedazarla para vender sus partes. —Redacción Bruce Villatoro CEO QuienOpina.Com





