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El negocio de las bebidas falsificadas

Los médicos nos han repetido durante años que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas perjudica la salud. Pero a veces una sola copa basta para dañar nuestro organismo o causarnos la muerte. Y no se trata de reacciones alérgicas o cócteles súper potentes. Detrás de una inocente screwdriver puede ocultarse un ingrediente fatal.

El mercado de los alcoholes apócrifos no ha dado muestras de abatimiento en los últimos años, a pesar del esfuerzo de las autoridades y los fabricantes. El negocio de la falsificación de vinos y espirituosos abarca la venta en clubes nocturnos o en las calles de grandes capitales como Londres y Moscú, y también la subasta de antiguos burdeos, tan auténticos como un tinto hecho de patatas.

Alcoholes baratos

Los decomisos de bebidas adulteradas se cuadruplicaron este año en Irlanda, de acuerdo con un reporte del periódico Irish Times. No obstante, las capturas ejecutadas por las autoridades –929 litros hasta el mes de octubre—representan una pequeña fracción del contrabando de bebidas fraudulentas, que se ha extendido por las Islas Británicas.

En diciembre la Autoridad sobre Seguridad de los Alimentos de Irlanda emitió una alerta sobre la venta de pequeñas cantidades de vodka Smirnoff Etiqueta Roja. El vodka se ha convertido en la víctima predilecta de los falsificadores, que utilizan agua u otras sustancias menos inocuas para rellenar las botellas. En la vecina Gran Bretaña las incautaciones de vodka adulterada se duplicaron el año pasado.

Una encuesta realizada en octubre reveló que alrededor del 20 por ciento de los británicos ha comprado bebidas falsas. El Instituto de Asuntos Económicos del Reino Unido sugirió, en un reporte de 2012, que el alza de los impuestos sobre el alcohol empujaba a los consumidores al mercado negro, cuyas operaciones causaban pérdidas anuales al Estado en torno a 1.200 millones de libras esterlinas (más de 1900 millones de dólares).

El problema trasciende las fronteras británicas. La policía rusa efectuó una vasta operación en la región de Moscú en noviembre, que permitió la captura de más de 350.000 botellas, imitaciones de famosas marcas internacionales y de ese país euroasiático. Además, las autoridades confiscaron 200.000 sellos fiscales falsos, barriles y químicos utilizados en la adulteración. Ese mismo mes el gobierno de la vecina Kazajstán anunció la incautación a lo largo de los últimos dos años de ocho millones de litros de alcohol y una cantidad similar de etiquetas falsas, destinados al contrabando.

Mientras, en China la policía de la ciudad de Nanjing detuvo la semana pasada una banda de traficantes de licores y vinos adulterados, que almacenaban 250.000 botellas. El valor de la mercancía, que se distribuiría en siete provincias de la nación asiática, rondaba los dos millones de dólares, reportó China Daily.

El caso Kurniawan

La fiebre de las bebidas apócrifas ha contagiado también al glamoroso mundo de los vinos. El 18 de diciembre pasado un tribunal de Estados Unidos declaró culpable al coleccionista Rudy Kurniawan por falsificar vinos y defraudar a una compañía financiera. El joven indonesio habría protagonizado una fulgurante carrera, que alcanzó su cénit en 2006, cuando consiguió el récord de 24,7 millones de dólares en una subasta de la casa Ancker, Merrall & Condit, recuerda la revista Wine Spectator.

Sin embargo, la suerte le dio la espalda en febrero de 2012, cuando un lote de vinos que serían subastados por la casa Spectrum, en Londres, fue retirado por dudas sobre su autenticidad. Un mes después el FBI detuvo a Kurniawan y descubrió en su casa abundante material para sus operaciones: centenares de botellas, sellos y corchos.

El encarcelamiento de Kurniawan ha conmocionado al mundo de los sumilleres (expertos en vinos y licores). El éxito de las dudosas antigüedades vendidas por el indonesio durante años ha salpicado de dudas el conocimiento de muchos catadores, que se precian por su capacidad para determinar la calidad de cada cosecha.

Maureen Downey, una ex sumiller estadounidense que colaboró con las pesquisas del FBI, considera el caso Kurniawan como una razón adicional para desconfiar de los catadores profesionales. Ella prefiere creer en los productores con varias generaciones de experiencia. “Las catas para demostrar la autenticidad (del vino) son una broma”, sentenció.

Pero difícilmente los falsificadores se retiren por temor a la justicia. La industria de los vinos genera 217.000 millones de dólares al año, un botín demasiado tentador. Además, nuevas tecnologías han permitido refinar los procedimientos de falsificación, al punto de confundir el gusto de lo más reputados sumilleres. Y el premio por una sola botella justifica el esfuerzo: una caja de Romanée-Conti de 1978 fue vendida en noviembre pasado por 476.280 dólares (39.690 dólares cada botella).

Veneno embotellado

Lejos de las subastas, donde apenas se arriesga el prestigio y unos pocos miles de dólares, la venta de bebidas falsificadas hace otras víctimas. En septiembre de 2012, 26 personas murieron envenenadas en la República Checa, luego de consumir vodka y ron que habían sido mezclados con metanol.

Expertos en el tema han alertado sobre el uso de productos de limpieza, anticongelantes y químicos usados por la industria cosmética, cuyos efectos van desde el malestar pasajero hasta fallos en los riñones y el hígado, ceguera total y en casos extremos la muerte.

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