Cuando Brasil obtuvo la sede del Mundial 2014 hace ya siete años, se preveía que la inversion en todo concepto iba a ser de aproximadamente 1,100 millones de dólares.
Esa cifra se manejó de acuerdo a lo que habían invertido los demás países en los Mundiales pasados, haciéndose eco en ese momento de lo que había sucedido en Alemania un año antes, cuando los números indicaban que el gasto total rondaba los 2 mil millones.
¿Cómo era posible entonces que Brasil, sin la infraestructura que poseía (y posee) Alemania en todos los aspectos fuera de la estrictamente futbolística y con un territorio inmensamente mayor que el país europeo, iba a gastar menos?
Desde ese mismo instante se sabía que los números no eran los correctos ni estaban cerca de la realidad.
Tres años más tarde, cuando finalizó el Mundial de Sudáfrica, las cifras de inversion total excedían casi seis veces lo que preveían en Brasil. Para ese Mundial 2010 se terminaron por gastar aproximadamente 6 mil millones de dólares, o sea tres veces lo que se utilizó en Alemania.
A tres días de la finalización del Mundial en Brasil comienzan a conocerse los números de la inversion realizada. Según expertos en la materia se inviertieron (¿o gastaron?) unos 11,500 millones de dólares, diez veces más de lo que habían anunciado en 2007. De estos el 83 por ciento fueron aportados por el estado mienras que 2 mil millones fueron del sector privado.
Si bien el 33 por ciento de esa cantidad se utilizó para vías públicas, algo altamente positivo para la población local, hay otras obras que la mayoría critica con justa razón.
Por ejemplo se gastaron 653 millones en el estadio de la ciudad de Brasilia. Las ciudades que más dinero recibieron fueron Sao Paulo (2,152 millones, en los que se incluyen los 450 que costó el Arena Corinthians) y Belo Horizonte (1,170 millones).
Lo curioso del caso es que no figura Río de Janeiro entre las primeras teniendo en cuenta que en dos años se realizarán allí los Juegos Olímpicos.
En el rubro ingresos, obviamente la mayor parte la generó el turismo. Se calcula que unos 600 mil extranjeros llegaron a Brasil (la mayoría de Estados Unidos, Argentina y otros países sudamericanos), mientras que casi 3 millones de brasileños se movieron por todo el país, dejando en las arcas locales unos 3 mil millones de dólares.
Resta ahora saber cómo seran utilizadas las obras construídas, que beneficios le darán al país y cuál es el saldo final de un Mundial que hasta el momento ha sido, por lejos, el más caro de la historia.




