Mientras hasta hace no muchos años el sexo era un tema tabú del que no se hablaba públicamente, hoy casi no quedan barreras por vencer: tamaño, cantidad, periodicidad, todo se habla, se discute y se compara.
Detrás de estas charlas públicas sobre el sexo, algunas más superficiales, otras no tanto, aparece un tema que muchas veces no se nombra pero siempre está: la satisfacción sexual. Ya casi nadie se anima a desestimar su importancia para la vida personal, casi tanto como la satisfacción en cualquier otro ámbito, como el laboral o el económico. La satisfacción sexual, entonces, es abiertamente sinónimo de calidad de vida.
¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de satisfacción sexual? ¿De cantidad de orgasmos? ¿De cantidad de encuentros íntimos por semana, o por mes? ¿Alguien sabe qué es la satisfacción sexual?
“La satisfacción sexual es una sensación de placer. En la sexualidad, un sujeto que se siente feliz es porque tiene sensación de plenitud”, explica en conversación con Yahoo Mujer la psicoanalista Esther Any Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA por sus siglas en inglés) y autora del libro Sexo a la Carta.
¿Es medible?
La definición deja poco lugar a dudas, sin embargo, la búsqueda de la satisfacción sexual es un tema central del ser humano, sobre todo en estos tiempos de constante diálogo público sobre el sexo. ¿Hay una manera de medir la satisfacción sexual? ¿Cómo sé si estoy satisfecho con mi vida sexual? Para Krieger, hay una gran confusión entre calidad y cantidad. “El problema aparece cuando a la satisfacción sexual se la empieza a cuantificar. Hay una búsqueda de medir y de ponerle un número a todo, de digitalizar el placer”, explica.
Esto, dice la especialista, es un problema, porque precisamente al ponerle cifras y metas al sexo, el sujeto empieza a sentir una presión que anula el placer. “Si empiezo a poner objetivos a alcanzar, como cantidad de orgasmos, o de tiempo, paradójicamente la persona empieza a sentir menos placer”. Esto, asegura, termina desembocando muchas veces en disfunciones sexuales, porque la persona hace de esa presión un síntoma que termina en angustia.
¿Hay condiciones que predisponen a la satisfacción sexual?
Según un artículo publicado en la revista Psychology Today por Noam Shpancer, doctor en psicología, docente en Otterbein College y psicólogo clínico en Columbus, Ohio; las personas sanas están más satisfechas sexualmente, mientras que las personas con problemas físicos (enfermedades del corazón, diabetes) y psicológicos (depresión, ansiedad) tienen menor nivel de satisfacción.
Pero también hay factores del contexto que influyen en esto, como las buenas relaciones sociales. Por el contrario, aquellos que han sufrido abusos o trauma sexual, evidencian niveles más bajos de satisfacción, lo mismo que aquellos que sienten culpa moral por las relaciones sexuales.
Por otro lado, dice Shpancer, la satisfacción sexual va de la mano de la calidad de la relación. Aquellas personas con buena comunicación y apoyo mutuo la experimentan en mayor medida. Esto es porque en el ámbito de una relación, la asertividad sexual (la capacidad para defender su posición, establecer límites claros, aclarar lo que quiere y necesita en el sexo, lo que funciona para uno y lo que no) predice una mayor satisfacción. Además, según dicho especialista, las personas que tienen personalidades similares a la de su pareja tienden a experimentar una mayor satisfacción sexual.
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Pero más allá de estos factores, todavía puede pasar que aunque la persona se mantiene alejada de los estereotipos de rendimiento sexual, no encuentre en su compañero estable u ocasional aquello que la hace sentirse sexualmente satisfecha. Para Krieger, esto es un dilema sin respuesta. “¿Por qué una persona encuentra tensión o ganas con una persona y con otra no? Eso es un misterio, por eso es imposible ponerse a negociar con el otro la propia satisfacción sexual. O esa satisfacción se encuentra o no se encuentra”, explica.
Y esto es así, dice la especialista, porque el deseo, que es privativo del ser humano, no es domesticable. “Cuantificarlo, querer ponerle un número, una cantidad, es un intento de domesticarlo, y es imposible”, dice.
En este punto, asegura Krieger, la clave para que la persona no sienta una presión que la lleve a dudar de su satisfacción sexual, es que esta búsqueda del placer es absolutamente individual. “Hay que entender que cada sujeto desarrolla su propia satisfacción sexual, es algo absolutamente particular”, explica.




