Araras, ubicado en soleadas montañas del oeste de Brasil, cuenta con el que se cree es el grupo más grande de personas que sufren de una enfermedad hereditaria conocida como xeroderma pitmentosum, o «XP», que hace que sean particularmente sensibles a los rayos ultravioletas del sol y muy susceptibles a sufrir cáncer de piel.
El mal le impide a la gente reparar los daños causados por el sol.
Ese es un problema grave en Araras, una comunidad rural donde la gente se gana la vida trabajando al aire libre.
Al margen del cáncer y otros problemas cutáneos, uno de casa cinco pacientes de XP pueden sufrir de sordera, espasmos musculares, mala coordinación y de problemas de desarrollo, según el Instituto Nacional de Cáncer de EEUU.
En esta comunidad de 800 personas, más de 20 padecen de XP. Esto representa una de cada 40, una tasa muy superior a la de países como EEUU, donde uno de cada un millón sufren el mal.
Los expertos dicen que en Araras hay una incidencia tan grande del mal porque el pueblo fue fundado por unas pocas familias que tenían varios portadores de la enfermedad.
Se casaban entre ellos y el mal fue transmitido de una generación a otra.

