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BCH eleva tasa a 6% ante nueva presión inflacionaria en Honduras

El Banco Central endurece su política monetaria después de que la inflación interanual alcanzara 6.2 % en agosto. Alimentos, energía, combustibles y factores externos colocan nuevamente el costo de vida en el centro de la discusión económica nacional.

Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – El Banco Central de Honduras (BCH) decidió mover una de las piezas más sensibles de la economía nacional: elevó en 25 puntos básicos la Tasa de Política Monetaria (TPM), que pasó de 5.75 % a 6.0 %, en respuesta al repunte de las presiones inflacionarias registrado durante los últimos meses.

La decisión fue adoptada por el Directorio del BCH el 18 de septiembre, después de evaluar tanto las condiciones económicas internas como un escenario internacional marcado por mayores precios del petróleo y de los alimentos, tensiones geopolíticas, medidas arancelarias y una mayor incertidumbre sobre el comportamiento de la economía mundial.

Aunque el ajuste parece pequeño en términos porcentuales, su significado económico es mayor: la autoridad monetaria está enviando una señal de cautela ante una inflación que se ha desplazado por encima del rango que el propio Banco Central considera consistente con la estabilidad de precios.

El dato que concentra la atención es contundente. La inflación interanual pasó de 4.2 % en enero a 6.2 % en agosto, mientras el rango meta establecido por el BCH se mantiene en 4.0 % ± 1 punto porcentual.

La nueva tasa, por tanto, no llega de manera aislada. Aparece en un momento en que el comportamiento de los precios vuelve a convertirse en una de las variables económicas que más directamente pueden sentirse en los hogares hondureños.

Alimentos y energía explican buena parte de la presión

La composición de la inflación permite observar con mayor precisión dónde se concentra el problema.

El BCH señaló que la inflación núcleo, que excluye alimentos y energía, descendió de 3.0 % en enero a 2.3 % en agosto, manteniéndose dentro del rango de referencia.

Sin embargo, la trayectoria cambia de manera radical cuando se observan los componentes más sensibles para la población.

La inflación correspondiente a alimentos y energía aumentó de 2.0 % en enero a 10.0 % en agosto, un salto considerable que, según el Banco Central, responde principalmente a choques externos de oferta y a factores climáticos.

Más aún: este componente explica aproximadamente 57 % de la inflación total registrada en el país.

Ese contraste permite entender por qué el debate económico no puede reducirse únicamente a la cifra general de inflación.

Cuando los mayores aumentos están concentrados en rubros esenciales, la discusión adquiere una dimensión cotidiana: alimentos, energía y combustibles forman parte de gastos que hogares, comercios, productores y empresas difícilmente pueden eliminar de sus presupuestos.

El BCH también indicó que las operaciones de mercado abierto han ayudado a absorber excedentes de liquidez y destacó que la inflación subyacente se ubicó en 3.74 % durante agosto.

La fotografía, por tanto, es compleja: mientras algunos indicadores de inflación permanecen contenidos, otros componentes están ejerciendo una presión mucho mayor sobre el nivel general de precios.

La economía sigue creciendo pese al repunte de los precios

El aumento de la TPM tampoco ocurre en un escenario de estancamiento generalizado.

El Banco Central destacó que varios indicadores de corto plazo continúan mostrando dinamismo.

El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) registró un crecimiento interanual de 4.4 % en julio, mientras el crédito bancario al sector privado aumentó 8.0 % en agosto.

La institución también reportó que las remesas alcanzaron 9,495 millones de dólares, mientras las reservas internacionales netas llegaron a 11,515.6 millones de dólares al 14 de septiembre, equivalentes a aproximadamente 6.6 meses de importaciones de bienes y servicios.

Ese conjunto de indicadores plantea uno de los desafíos más delicados para cualquier banco central: contener la inflación sin perder de vista el comportamiento de la actividad económica.

La autoridad monetaria debe vigilar simultáneamente precios, liquidez, crédito, demanda interna, condiciones internacionales y comportamiento cambiario.

Por esa razón, el aumento de la TPM debe interpretarse dentro de una estrategia más amplia de estabilidad macroeconómica, no únicamente como una reacción a un dato mensual.

Combustibles entran en el radar del BCH

El Banco Central explicó que el incremento de la tasa fue calibrado con el propósito de disminuir presiones adicionales sobre los precios provenientes de la demanda interna y, especialmente, limitar los denominados efectos de segunda vuelta asociados al incremento de los combustibles.

Estos efectos se vuelven relevantes cuando el encarecimiento de un componente comienza a trasladarse progresivamente hacia otros precios de la economía.

El BCH señaló, además, que la política monetaria y la política cambiaria están siendo coordinadas para favorecer que el tipo de cambio mantenga un ajuste moderado y ordenado, de acuerdo con los fundamentos económicos del país.

La institución no anticipó dentro del documento cuál será su siguiente movimiento ni estableció que exista una nueva subida inmediata de la TPM.

Lo que sí afirmó es que continuará observando el comportamiento de las variables económicas nacionales e internacionales para adoptar las medidas que considere necesarias con el objetivo de preservar la estabilidad macroeconómica y mantener las expectativas de inflación dentro de su rango de tolerancia.

La verdadera prueba será el comportamiento de los precios

El movimiento del Banco Central abre ahora una etapa de seguimiento.

La atención estará concentrada en determinar si el aumento de la tasa contribuye a moderar las presiones inflacionarias o si los factores externos, climáticos, energéticos y de oferta mantienen elevados los precios durante los próximos meses.

También será importante observar si la inflación de alimentos y energía comienza a ceder después de haber alcanzado 10 % en agosto, porque justamente allí se concentra buena parte del problema identificado por la autoridad monetaria.

La decisión del BCH envía una señal clara: la inflación volvió a ocupar un lugar prioritario dentro de la agenda económica del país.

Y aunque la economía conserva indicadores favorables en actividad, crédito, remesas y reservas internacionales, el verdadero desafío consiste en que esa estabilidad macroeconómica pueda coexistir con una reducción sostenida de las presiones que afectan los precios.

El 6 % se convierte así en mucho más que una cifra técnica. Es el nivel desde el cual el Banco Central intentará contener una inflación que nuevamente exige vigilancia, mientras millones de hondureños observan el indicador que realmente termina definiendo su percepción de la economía: cuánto cuesta vivir cada mes. —Redacción Laura V. QuienOpina.Com

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