Treinta años después de haber erradicado el sarampión, Centroamérica enfrenta su peor brote desde que la región declaró la eliminación de la enfermedad: más de 31,000 casos y 32 muertes solo en Guatemala, un virus que ya cruzó todas sus fronteras y que la Organización Panamericana de la Salud calificó el 7 de agosto como riesgo “muy alto” para la salud pública continental.
La dimensión del problema en las Américas no tiene parangón en dos décadas: 47,459 casos confirmados y 44 muertes en 16 países hasta el 18 de julio de 2026, más del triple de los 15,011 registrados durante todo 2025. El brote guatemalteco es el motor de esa cifra y el origen rastreable de casi todos los contagios en los países vecinos.
Guatemala: el brote que salió de control en primavera
El pico de transmisión ocurrió entre el 19 de abril y el 9 de mayo, durante las semanas epidemiológicas 16 a 18. Desde entonces, los casos muestran una caída sostenida, pero el virus sigue circulando en los 22 departamentos del país.
Al 30 de julio, el Ministerio de Salud guatemalteco contabilizaba 31.140 contagios confirmados y 32 muertes. La cifra incluye no solo casos verificados por laboratorio —apenas el 25.3% del total— sino también confirmaciones por nexo epidemiológico y por criterio clínico, una metodología ampliada que el ministerio adoptó para capturar mejor la magnitud real del brote.
Dos de cada tres casos confirmados no tenían vacunación registrada. Ese dato, que el ministerio resume como el 67.1% sin antecedente vacunal, explica en parte por qué el brote alcanzó una escala sin precedente en la historia reciente del país.
El grupo más numeroso de infectados tiene entre 20 y 29 años, con 11,519 casos. Pero el riesgo de morir se concentra en el otro extremo: los bebés menores de un año registran una tasa de mortalidad de 4,23 por cada 100,000 lactantes, cinco veces más alta que la letalidad general del brote.
Las muertes y sus causas: un perfil que se repite
De las 32 muertes reportadas, la Comisión Nacional analizó 26 con datos completos. En 22 de esos casos —el 84,6%— la complicación principal fue la neumonía. También se registraron dos casos de encefalitis y dos de diarrea severa.
El perfil de los fallecidos revela un patrón consistente: bebés demasiado pequeños para haber recibido su primera dosis, niños con desnutrición o cardiopatías congénitas, adultos con diabetes, enfermedad renal o inmunocompromiso. Entre los casos más graves figuran dos recién nacidas hijas de madres con sarampión confirmado durante el embarazo.
Las muertes se distribuyeron en ocho departamentos: Quiché, Guatemala, Izabal, Quetzaltenango, Sololá, Retalhuleu, Huehuetenango y Jalapa.
La respuesta de Guatemala: 1.8 millones de dosis en tres meses
El 11 de mayo, en pleno pico del brote, el gobierno lanzó una campaña de contención masiva. Al 28 de julio había aplicado 1,810,769 dosis, de las cuales 78,733 correspondieron a lactantes de entre 6 y 11 meses, una franja que normalmente no recibe la vacuna hasta el año de vida pero que fue priorizada como medida de emergencia.
Otros 1,390,801 vacunados fueron personas de 7 a 49 años, incluyendo grupos de riesgo, contactos directos de casos confirmados y la población general alcanzada por la campaña de contención.
El Salvador: 53 casos importados y ninguna muerte
El Salvador no había registrado un caso de sarampión desde 1996, cuando la enfermedad fue declarada erradicada gracias a las campañas iniciadas en 1973. El regreso del virus en 2026 llegó desde afuera: los 53 casos confirmados son todos importados, 52 de ellos con antecedente de viaje a Guatemala y uno a México.
San Salvador concentra 31 de los contagios. San Miguel suma 10. Los cinco departamentos restantes —Santa Ana, La Libertad, Ahuachapán, Usulután y San Vicente— acumulan los 12 casos restantes. El Ministerio de Salud salvadoreño descartó hasta la fecha transmisión autóctona y no reporta fallecidos.
El grupo más afectado tiene entre 20 y 40 años, y el 83% de los casos no tenía vacunación registrada o su estado era desconocido.
Honduras y Belice: brechas de inmunización al descubierto
En Honduras, el último caso confirmado antes del brote actual correspondía a un bebé de seis meses en el departamento de Cortés. En total, el país suma 13 casos: siete en Cortés, tres en Islas de la Bahía, uno en Yoro y uno en Ocotepeque. Seis son importados y seis permanecen con la fuente de infección bajo investigación.
El dato más preocupante de Honduras no es el número de casos sino lo que revelan: 11 de los 12 analizados por la OPS tenían antecedente vacunal desconocido. Eso, combinado con una cobertura de primera dosis del 87% en 2025 —ocho puntos por debajo del umbral mínimo recomendado—, expone una brecha de inmunización que el brote guatemalteco podría explotar.
Belice acumula 11 casos, siete de ellos importados, todos con vínculo directo a Guatemala. Ninguno contaba con vacunación registrada. Costa Rica y Panamá reportan 5 y 9 casos respectivamente, también con trazabilidad al brote guatemalteco.
Más allá del istmo: México, Perú y Norteamérica
México es el segundo país más afectado del continente, con 12,255 casos y 17 muertes. Jalisco y la Ciudad de México lideran la transmisión local. El 91.6% de los infectados no tenía antecedente de vacunación. Esta semana, trabajadores de salud seguían vacunando puerta a puerta en San Martín de las Flores, Jalisco, según reportó Latin American Post.
Perú acumula 1,277 casos con una tendencia acelerada en las últimas semanas, concentrada en el departamento de Puno. Bolivia registra 65 casos, principalmente en menores de un año.
En Estados Unidos, los contagios llegaron a 2.260 en 44 estados y 34 brotes simultáneos. Canadá suma 1.107 casos, la mayoría de transmisión local. En ambos países, la mayoría de los infectados no estaba vacunada.
La advertencia de la OPS y el umbral que pocos países alcanzan
“Sabemos cómo detenerlo: alcanzar altas coberturas de vacunación, detectar cada caso sospechoso de manera temprana y responder con rapidez para cortar las cadenas de transmisión”, afirmó Daniel Salas, gerente del Programa de Inmunizaciones de la OPS, al emitir la tercera alerta epidemiológica del año.






