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Baja ejecución desnuda crisis de mando de Nasry Asfura

Tegucigalpa, Honduras | QuienOpina.Com – La baja ejecución del Presupuesto General ya dejó de ser un dato técnico para convertirse en una bomba política dentro de Casa Presidencial. El reconocimiento del ministro de Finanzas, Emilio Hércules, de que apenas se ha ejecutado el 33.4 % del presupuesto en el primer semestre coloca al Gobierno de Nasry Asfura frente a una crisis de eficiencia, mando y credibilidad que amenaza con golpear el corazón de su administración.

El problema no es solo que el porcentaje sea bajo. El verdadero golpe político está en lo que ese número revela: un Gobierno con recursos públicos aprobados, pero con una maquinaria estatal que no logra avanzar al ritmo que el país exige. En otras palabras, hay presupuesto, hay presión presidencial, hay inversión pendiente, pero los resultados todavía no aparecen con la fuerza necesaria en las calles, comunidades, carreteras, hospitales, escuelas y proyectos que la ciudadanía espera.

Hércules intentó justificar el rezago señalando que el presupuesto solo ha estado disponible durante dos meses para las instituciones del Estado, debido a que fue publicado en La Gaceta hasta abril. Sin embargo, esa explicación abre una pregunta todavía más incómoda para el Ejecutivo: si el Gobierno sabía que el país necesitaba inversión urgente, ¿por qué permitió que los primeros cuatro meses del año se convirtieran en tiempo perdido para la ejecución pública?

La respuesta golpea directamente a Casa Presidencial. Porque cuando un presupuesto llega tarde, cuando los ministros no ejecutan y cuando la inversión pública no se transforma en obras visibles, la responsabilidad política no queda flotando en el aire. Baja hasta el centro del poder. Y en este caso, el centro del poder tiene nombre: Nasry Asfura.

La administración intenta defenderse pero la realidad. El 33.4 % sigue siendo bajo, como lo admitió el propio ministro. Y cuando el propio gabinete reconoce que el ritmo es insuficiente, el discurso oficial pierde blindaje y la narrativa de eficiencia queda expuesta.

El dato se vuelve más grave porque el país no está en condiciones de esperar. Honduras enfrenta demandas urgentes en infraestructura, energía, salud, educación, seguridad, empleo, agua potable y desarrollo local. Cada lempira sin ejecutar no es solo una cifra en una tabla de Finanzas: es una carretera que no avanza, una obra que no arranca, una comunidad que sigue esperando y una promesa que empieza a desgastarse.

La presión sobre Asfura aumenta porque el Gobierno tiene sobre la mesa 48 mil millones de lempiras destinados a inversión pública, una cifra capaz de mover la economía, generar empleo y producir señales de gestión. Pero si esos fondos no se ejecutan con velocidad, transparencia y capacidad técnica, pueden convertirse en el símbolo más incómodo de esta administración: dinero disponible en el papel, pero frenado por una estructura estatal lenta, pesada y deficiente.

El argumento de la Ley de Compras del Estado también deja al Gobierno en una posición delicada. Hércules afirmó que la normativa está desfasada y que no responde a las necesidades actuales. Pero si la ley es un obstáculo, el Ejecutivo tiene la obligación política de mover las reformas necesarias. Si no las mueve, falla por inmovilidad. Si las mueve tarde, falla por reacción tardía. Si las instituciones no ejecutan, falla por falta de control. En cualquiera de los escenarios, el costo vuelve al mismo lugar: Casa Presidencial.

Este es el tipo de crisis que no necesita escándalo para crecer. Basta con que la gente vea obras detenidas, proyectos lentos y funcionarios explicando por qué no han ejecutado. En redes sociales, una sospecha puede convertirse en tendencia en cuestión de horas. Y la sospecha que hoy ronda al Gobierno es dura: Asfura presiona, pero su gabinete no responde con la fuerza que el país necesita.

La baja ejecución puede abrir una fractura interna en el poder. Porque si el Presidente exige resultados y los ministros no ejecutan, entonces hay un problema de disciplina administrativa. Si los ministros sí quieren ejecutar, pero el sistema no les permite avanzar, entonces hay un problema de conducción política. Y si el Gobierno sabía que el presupuesto llegaría tarde, pero no preparó una estrategia de choque para recuperar el tiempo perdido, entonces hay un problema de planificación nacional.

En cualquiera de esas lecturas, el golpe es severo. El Gobierno queda obligado a demostrar si tiene capacidad de mando o si está atrapado en la burocracia que prometió superar. Ya no basta con decir que se está gestionando la ejecución. Ya no basta con responsabilizar al calendario. Ya no basta con señalar una ley desfasada. El país quiere ver obras, inversión, soluciones y resultados.

La oposición encontrará en este dato una munición política de alto calibre. Pero el mayor riesgo para Asfura no está únicamente en sus adversarios. Está en la ciudadanía que empieza a medir la gestión con una pregunta simple: si el Gobierno no puede ejecutar el presupuesto, ¿cómo pretende resolver los grandes problemas nacionales?

Esa pregunta puede convertirse en crisis política si Casa Presidencial no reacciona con fuerza. Porque la ejecución presupuestaria es el músculo real del poder. Sin ejecución, el Gobierno puede tener discursos, planes, comunicados y promesas, pero no transformación visible. Y un Gobierno sin resultados visibles empieza a perder autoridad antes de perder votos.

El segundo semestre se convierte así en una prueba decisiva para Asfura. Si logra acelerar la inversión pública, ordenar a sus ministros y convertir el presupuesto en resultados, podrá contener el daño. Pero si el rezago continúa, el 33.4 % quedará como una cifra de desgaste nacional, una marca incómoda para Casa Presidencial y una señal temprana de que el poder no está logrando mover al Estado con la fuerza que Honduras demanda.

La baja ejecución ya no es un problema de Finanzas; es una crisis de mando político que puede perseguir a Casa Presidencial si el Gobierno no transforma los recursos en resultados inmediatos. —Redacción Bruce Villatoro CEO QuienOpina.Com

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