Tras el 2-8 en Riazor, Carlo Ancelotti fue preguntado en rueda de prensa como definiría la aparición de sus tres cambios en el partido. «Illarra nos dio equilibrio. Isco puso la calidad. Chicharito nos dio mucha profundidad».
Lo que escondían las palabras del italiano era básciamente que, después de un gran trabajo por parte de los jugadores en el once inicial, los cambios dieron la puntilla, a un Deportivo que poco pudo hacer para mantener la cabeza sobre el agua.
En realidad, el partido fue el ejemplo perfecto de porque el Real Madrid necesita una profunidad de banquillo con suficiente dinamismo que ayude a los titulares a superarse partido a partido. Desde ese punto de vista, Ancelotti no puede quejarse pues –más allá de las salidas de Xabi y Di María– el club le ha confeccionado una plantilla que asusta a cualquiera.
Un once inicial plagado de estrellas debe andarse con cuidado cuando los que acechan en el banquillo son gente como Navas, Varane, Coentrao, Illarra, Isco, Khedira, Chicharito o Jesé. Nadie tiene una plaza asegurada en el equipo titular, y la calidad del banquillo le dará a Carlo la oportunidad de rotar jugadores sin que el equipo necesite el cambio.
Sin duda, el cambio para mejor de Florentino de su primera a etapa como presidente a esta es, justamente, su decisión de formar una plantilla en vez de un once y rellenar con canteranos. Hace una década aquel plan no funcionó, esta vez, este ya lleva ganados dos Copas del Rey, una Liga y una Champions.




