¿Odias chocarte con los peatones que van enfrascados en las pantallas de sus móviles? ¿Te parece que la zombificación de los usuarios de smartphone está llegando a límites insoportables en las ciudades? ¿Ya te golpeas más con ellos que con los horribles bolados? Pues puede que tu urbe soñada sea Chongqing, en el suroeste de China.
Porque el ayuntamiento de esta ciudad ha decidido crear un carril solo para aquellos que vayan usando el teléfono y así no puedan tropezar con nadie. Sí, como si fuera un carril solo para bicis o taxis, pero esta vez solo para los más viciados a Android o los iPhone.
Y aunque parezca que el mundo se ha vuelto loco, parece una medida fantástica y necesaria. Y si no que se lo digan a Alexa Logueira, una joven de 15 años de Nueva York, que cayó en una alcantarilla mientras iba escribiendo un mesaje de texto. No se dio cuenta de que no había tapa y sufrió una caída de un metro y medio. Su familia decidió denunciar al ayuntamiento de la Gran Manzana, pero no logró ninguna indemnización millonaria.
Otro experimento similar
La idea de separar a los adictos a lo móviles del resto del mundo no es nueva. El programa de televisión estadounidense Mind over Masses, de la cadena National Geographic, condujo un experimento similar en las calles de Washington. Pintaron un carril para los que usaran el teléfono y otro para los que no. La idea era ver cómo reaccionaban los peatones ante esta distinción, y si iban a hacer caso de ella.
Como cuenta Yahoo Tech, las conclusiones fueron las siguientes:
Solo una minoría de ciudadanos hizo caso de la limitación. Los que no estaban utilizando su gadget paseaban en el carril contrario y los que andaban entre WhatsApp y WhatsApp iban por el otro lado. Muchos de estos últimos iban demasiados ocupados como para darse cuenta de las líneas que había pintadas en el suelo
El mayor efecto que se consiguió fue que los que utilizaban el móvil hicieron multitud de fotos a las indicaciones. Muchos ciclistas pensaron que el carril para adictos era para ellos, y se metieron a pedalear por él.
Unas conclusiones de lo más decepcionantes que hacen que dudemos de que la idea china sirva para algo. Además, si hay una ciudad en el mundo en la que podría funcionar una iniciativa así solo puede ser una: Tokio, la madre de todas las urbes tecnológicas.




