Asier Illarramendi llegó al Real Madrid la temporada pasada después de haber firmado un traspaso desde la Real Sociedad de 38 millones de euros. Su gran aval eran una temporada y media a un gran nivel en la mejor Real de la década y una actuación primorosa en la Euro Sub-21 comandándo el mediocampo español hasta la victoria.
A sus 23 años, Illarra era claramente el futuro del Real Madrid en un puesto de peso, que en los últimos 25 años sólo ha tenido tres dueños fijos: Fernando Redondo, Claude Makelele y Xabi Alonso.
Pero el chico llegó a Madrid y la dimensión de su nuevo club le superó. Incluso jugando en San Sebastián, Illarra vivía en su Mutriku natal, un pequeño pueblo del que se trajo a 30 amigos para su puesta de largo en el Real Madrid. Le superó su nueva vida, sus nuevos compañeros y todo lo que abarcaba su club, y no fue capaz de demostrar su calidad ni su personalidad de la manera en la que lo había hecho en la Real Sociedad.
Ancelotti fue perdiendo confianza en el centrocampista, y nunca fue esto tan palpable como cuando días antes de la final de Lisboa decidió darle el puesto de titular a Khedira, recién recuperado tras seis meses en el dique seco, antes que a un Illarra que en los últimos partidos de Liga se había mostrado bastante inseguro.
Ahora, con la salida de Xabi y la nueva lesión de Khedira, Ancelotti no tiene más remedio que pensar en el donostiarra para llevar las riendas del mediocampo junto a Modric y Kroos.
La inclusión de James Rodríguez o Isco no parecen dar el equilibrio que tanto busca el técnico italiano en el medio, y tras el partido en Anoeta la semana pasada, ‘Carletto’ estaba decidido a darle el puesto sobrante en el medio a Khedira, a pesar de sus reticencias por renovar su contrato. Ahora que el alemán estará de baja dos meses, Illarramendi tendrá una oportunidad de oro para demostrar que ese puesto puede ser suyo, y quizás sea la última con la que cuente.




